El Día Internacional del Migrante, otro día de hipocresía

Cada 18 de diciembre recordamos el Día Internacional del Migrante.
18 de diciembre de 2020 08:00

Cada 18 de diciembre recordamos el Día Internacional del Migrante, es un año repetido, porque no se ven avances en esta temática, al contrario, este 2020 ha sido cruel, inhumano, desalentador para millones de migrantes en el mundo.

A nivel internacional, el cierre de fronteras sin ninguna vergüenza violentando derechos humanos bajo el pretexto de la seguridad fue el orden del día, las voces que reclamaron fueron pocas y no tienen el eco de una marea humana que se haga sentir, siguieron los naufragios, leyes que criminalizan la movilidad de personas, esclavos musulmanes en China, esclavos asiáticos en Medio Oriente, la paradoja ecuatoriana; cientos de miles de venezolanos que ingresan a Ecuador, decenas de miles de ecuatorianos que se escapan de la pobreza con rumbo hacia los Estados Unidos.

Ahogados, muertos, desaparecidos, secuestrados en México, al igual que en otros países y continentes, pero esto no es nuevo, fue igual el año anterior, y el previo a ese y hace cinco años igual, el problema es que, con el Día Mundial del Migrante, ¡no cambia nada! La verdad amigos es que el sufrimiento de los migrantes sigue siendo profundo, doloroso, delirante.

Las remesas siguen siendo el salvavidas de millones de personas en países pobres que miran en ese dinero un alivio frente al fracaso gubernamental y falta de oportunidades.

Este 2020 fue brutal, la pandemia no tuvo distinción y nos sentenció a todos por igual aparentemente, pero los pobres sufren más, los migrantes pueden dar testimonio de aquello; mientras el mundo se recluía en sus casas en cuarentena, los trabajadores esenciales brillaban por la importancia de su labor, especialmente en la medicina, y de pronto, los que hacían la limpieza, los que recogían las frutas y vegetales en los campos, los que trabajaban en las fábricas de alimentos, los mal pagados, los explotados, los migrantes se convertían en esenciales; a regañadientes e hipócritamente les decían gracias, porque mientras en los países ricos, los gobiernos ayudaban con generosos cheques de ayuda, a los migrantes sin papeles, que sin empacho les cobran impuestos, no les dieron nada, ni esperanza, les dieron más trabajo, más riesgo, más covid, más muerte.

En Ecuador, país del cual soy originario, tampoco les importó mucho los migrantes, mi país se jacta de tener políticas públicas de puertas abiertas y defiende la ciudadanía universal, pero hace algunos días aprobaron una reforma a la ley de migrantes en una muestra inefable de desprecio a los migrantes venezolanos, xenofobia pura y a las cosas hay que llamarlas por su nombre, buscando un chivo expiatorio por la alta delincuencia, que es fruto de un país en crisis social y económica y de la decadencia política de sus líderes, ellos quienes se congratulan de ser un país amigo de los extranjeros, ahora los van a deportar en un dos por tres, con leyes anacrónicas y retrógradas, como por ejemplo: en una de las “razones” para la deportación de extranjeros está que “ellos” los migrantes” serán deportables o sea descartables; si la autoridad considera que “ellos “ponen en riesgo la tranquilidad, y paz ciudadana, o alteran el orden público”.

Así como lo leen, como inmigrante eres bueno para ser explotado, pero no puedes ejercer tu derecho a la resistencia ni reclamar tus derechos humanos fundamentales porque te pueden deportar, este mal chiste se cuenta solo y así como el Ecuador, muchos países están más despistados que otros. (O)

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