El cambio climático, un tema de urgencia que atañe a todos

01 de mayo de 2013 00:00

1-5-13-sociedad-cambio-climaticoLos científicos ya lo demostraron: el cambio climático estropea todas las regiones del mundo, manifestándose en los desarreglos cotidianos de las estaciones que convierten a las temperaturas extremas en una norma. Si no se plantean soluciones, se prevé un aumento hasta 5°C para el fin de nuestro siglo, según un informe coordinado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma) y la Fundación Europea por  el Clima.

Como consecuencia de las actividades humanas y de los gases como el dióxido de carbono y el metano, el efecto invernadero se amplifica y provoca un calentamiento preocupante en el planeta. Industrialización, contaminación y deforestación son las principales causas del aumento del CO2 en la atmósfera.

La Agencia Francesa de Prensa demostró que cada minuto desaparecen 10 hectáreas de bosques alrededor del orbe. Como consecuencia, la deforestación genera entre el 15% y el 20% de los gases de efecto invernadero del mundo.

El clima corre peligro de deteriorarse a través de sequías, inundaciones, alternancia de temperaturas altas y extremadamente frías, catástrofes naturales -huracanes, tifones- y crecida de las masas de agua. De acuerdo con las previsiones, si no se implementan medidas de prevención y mitigación ambientales, el planeta se degradará considerablemente.

Estudios de la Alianza Geográfica de Puerto Rico indican que el nivel del mar sufrió un aumento de 10 a 20 cm  en el siglo pasado. Y se considera que seguirá incrementándose en proporciones mayores.

Una parte del agua se perderá en calidad y cantidad, puesto que la parte no potable aumentará paralelamente a la subida de su demanda por las altas temperaturas, y su cantidad bajará frente a la disminución del nivel freático debido a la evaporación y a la escasez de las fuentes tradicionales, como los glaciares.

El sociólogo Pablo Ortiz, de la Universidad Andina Simón Bolivar, explicó que en los Andes tropicales de Sudamérica aquellos se han reducido en una cuarta parte en los últimos 30 años, lo que afecta a regiones que dependen de ellos, tal como Quito con el Cotopaxi y el Antisana. Para 2025, el Informe Stern (un estudio sobre el impacto del cambio climático y el calentamiento global sobre la economía mundial) pronostica un aumento del número de personas con dificultades para  acceder al agua  en un 70%.  

Por su parte, la fauna y la flora padecerán una difícil adaptación al cambio climático. Especies amenazadas por el cambio de vegetación de sus reservas naturales -incluso- podrían desaparecer si no resisten la transformación. Incapaz de adaptarse al cambio climático, el oso polar se podría extinguir. Los peces, afectados por la escasez de recursos habituales en  los océanos, verán alterado su crecimiento.     

Asimismo, los seres humanos resultarán perjudicados, ya que, por el desplazamiento de los mosquitos hasta zonas más altas, su salud podría verse trastornada por varias enfermedades potencialmente mortales, como el cólera, el dengue, la fiebre amarilla y la malaria en los trópicos. A eso se sumarían las deshidrataciones, así como las perturbaciones respiratorias y cardiovasculares. Los efectos son tanto más drásticos en los países en vías de desarrollo que tienen latitudes bajas, reducidos niveles de salud, un rápido crecimiento demográfico y que dependen de la agricultura.

Es necesario actuar inmediatamente para frenar los efectos globales del cambio climático y evitar que sean irremediables. Si las temperaturas se incrementan más de 2°C en este siglo, llegaremos a un “punto de no retorno”, alertó un informe de Greenpeace de 2013. Solo con un grado más que antes, las consecuencias son relativamente débiles pero significativas.

Hay que sobrepasar las inacciones e ineficacias de los gobiernos que pese a  firmar tratados y protocolos no siempre les dan aplicación en la práctica. La Agenda 21, plan de acción que 170 países acordaron en la Cumbre de la Tierra en 1992, fue asumido por algunos y dejado de lado por otros que fueron poco propensos a cuestionar su modelo económico. De la misma manera, la firma, en 1997, por 184 Estados del Protocolo de Kioto, que tenía por objetivo reducir las emisiones de 6 de efecto invernadero, no tuvo los resultados esperados.  

El tema de los grados de responsabilidades es fundamental, ya que no se puede requerir acciones iguales por parte de cada Estado. El sociólogo Anthony Giddens presentó que el 70% de las emisiones acumuladas de gases invernadero es producido por 6 países.

¿Qué hacer para tratar de frenar una amenaza creada por la acción del ser humano? La Alianza Geográfica de Puerto Rico recomienda gestos cotidianos que pueden servir de obstáculos al cambio climático y a sus componentes. Así, el consorcio insiste en la necesidad de reducir el consumo de energía eléctrica, limitar el consumo de agua, reciclar los envases, adquirir productos sin empaque y caminar o utilizar transportes públicos. Unos objetivos que deben adaptarse a las características de cada país. En Ecuador, el sector del transporte es la primera fuente de incremento de contaminación.

La cooperación mundial y la institucionalización de la lucha son esenciales en lo que puede fomentar una legislación eficiente, cuyo respeto sea óptimo. Sin embargo, es imprescindible incluir a todos los actores de gobierno -central, regionales y locales-, organizaciones de sociedad civil, comunidades rurales y urbanas y pueblos indígenas para  una participación más legítima e inteligente.

Pablo Ortiz  destacó el rol que les corresponde a las comunidades indígenas, que son las más afectadas por el cambio climático, las más vulnerables en término de reacción, y, al mismo tiempo, las más aptas para combatirlo por las tradiciones y las técnicas que hacen su riqueza. El 25% de las emisiones de CO2 de los dos últimos siglos proviene de los cambios en el uso de la tierra, explicó Anthony Giddens.

América del Sur no coordinó posicionamientos comunes en las negociaciones globales sobre el cambio climático, explicó Pablo Ortiz. Últimamente, Ecuador presentó dos iniciativas para enfrentar el tema. Una se concentró en la baja demanda de consumo de hidrocarburos y en una transición energética con una tasa sobre las transacciones petroleras, un ecoimpuesto denominado Daly-Correa, a través de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). La otra fue la del mecanismo Emisiones Netas Evitadas (ENE) que contempla compensar a los países por no llevar a cabo actividades que aumenten la emanación de CO2.   

A nivel global, es imprescindible crear una toma de conciencia sobre los efectos nefastos del cambio climático. Sobre todo hay que  evitar soluciones falsas que benefician a algunos en detrimento de otros, o que son contraproducentes.

En la Declaración de Anchorange de 2009, las organizaciones indígenas criticaron los “remedios” que giran alrededor de la energía nuclear, las técnicas de geoingenieria, las represas hidroeléctricas masivas, los agrocombustibles, el carbón limpio, y sus mecanismos de mercado.    

Los desplazamientos ambientales no son una solución sino un síntoma de la amplitud de los estragos presentes y futuros que socavan a las cultura y economía tradicionales. “No podemos vivir veinte años de indiferencia adicionales”, advirtió la rectora de la Agencia Internacional de la Energía en declaraciones al diario Libération.

El Informe Stern alerta que, si permanecemos insensibles, el calentamiento global -dramático para el planeta y los seres vivos-, costará a los países el 20% de su Producto Interno Bruto.

Contenido externo patrocinado