Educación inaugura el primer TiNi comunitario

- 15 de agosto de 2018 - 00:00
Un huerto con plantas medicinales y también un rincón de lectura y otro de pintura componen el parque ecológico que es parte de las TiNi.
Foto: César Muñoz / Agencia Andes

Richard Sellán, de 4 años, Carolina Velasco, de 3, y Fiorella Iturralde, de 5, escarbaron tierra con pequeñas palas de juguete para colocarla en una de las plantitas medicinales y luego regarla.  Otros cuatro menores hacían lo mismo en el huerto del parque ecológico de la urbanización Torres del Salado, ubicado en la vía a la Costa.

Se trata de un proyecto de participación estudiantil de la unidad educativa bilingüe Santiago Mayor, que permitió la transformación de un terreno baldío y plagado de mosquitos.

Fue un trabajo conjunto de alumnos, padres y moradores de la urbanización.

Ayer fue la inauguración por parte del Ministerio de Educación del primer espacio comunitario “Tierra de niñas, niños y jóvenes para el buen vivir”, denominado TiNi.

El ministro de Educación, Fander Falconí, explicó que el  éxito del programa radica en que no es obligatorio sino voluntario y que además refleja la dedicación de docentes y estudiantes.

Recordó que en el país se crearon 10.000 espacios.

“Hay jardines verticales, pequeños huertos de un metro cuadrado y bosques con 2.5 hectáreas”.

El parque tiene una extensión de 19.600 metros.

La rectora del plantel, Isabel Pérez, dijo que desde 2017 trabajan en el arreglo del lugar. También hay un rincón de lectura, otro de pintura y un mural.

“El lugar sirve para el aprendizaje de los alumnos”. En ese marco adelantó que en cada periodo escolar trabajarán 500 metros. 

Rafael Coello, vocal del Comité de Torres del Salado, explicó que en la primera etapa  fueron transformados 1.400 metros para áreas verdes.

Para la segunda se prevé tener un diseño para sembrar más árboles que den sombra y una ciclovía.

María Belén Palacios, madre de uno de los estudiantes,  aportó con una planta medicinal. “Me parece una buena idea para implementarla en otras urbanizaciones”.

Los padres de familia también donaron pallets y llantas recicladas que fueron convertidas en maceteros, tachos de basura y camineras.

Gabriela Santamaría, del segundo año de bachillerato, aseguró que este lugar les permite conectarse con el medio ambiente. (I)  

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