La donación de órganos creció en nueve años

- 17 de marzo de 2019 - 00:00

El tiempo de espera de quienes necesitan un nuevo órgano o tejido disminuyó. Sin embargo, ese lapso siempre depende de la cantidad de donantes válidos que exista en el país. En el 2018 hubo 133 donantes, cifra superior a 2009 que fue de 18. El incremento responde a la ley nacional que establece la donación voluntaria.

Una semana antes de cumplir  19 años, Carlos Miranda sufrió un accidente de tránsito. Aunque llegó al hospital, no sobrevivió al traumatismo craneoencefálico que le provocó el impacto.

En la casa de salud, los médicos le informaron a Julio, su padre, que el adolescente era un potencial donante. Conversaron con él y Julio dio luz verde para que los galenos iniciaran un operativo: calificarlo como donante a través de exámenes clínicos que descarten alguna enfermedad infecciosa.

Con el visto bueno, el equipo médico envió muestras de la sangre de Carlos a todos los hospitales acreditados para hacer un trasplante en el país (ver infografía).

En Ecuador, según datos del Instituto Nacional de Donación y Trasplante de Órganos, Tejidos y Células (Indot), hubo 133 donantes en 2018 mientras que en 2009 apenas fueron 18.

Julio es mecánico, después de un mes de su pérdida familiar volvió al hospital. Quería contactarse con las personas que recibieron un órgano (pulmones, hígado y riñones) o tejido (córneas) de su hijo. No lo logró. La ley, aprobada en 2011, dicta confidencialidad y establece que todos los ecuatorianos son donantes, a menos que manifiesten lo contrario en el Registro Civil.

Para que los órganos de un donante sean compatibles con quien espera recibirlos es necesario que ambos tengan el mismo tipo de sangre. Además, el peso y el volumen de los órganos deben ser similares, explicó José Bermúdez, coordinador general de trasplantes del Hospital Carlos Andrade Marín, de Quito (HCAM).

En esa casa de salud, perteneciente al Seguro Social, se realizaron, entre 2014 y 2018,  413 trasplantes (renales, hepáticos, de córnea y, por primera vez, en el país, se practicó una cirugía de pulmones). La beneficiaria es  Karina Cuascota. La mujer de 31 años vivía con bronquitis constrictiva, una insuficiencia respiratoria crónica severa en fase terminal.

En agosto de 2018 una llamada telefónica le dio la esperanza de seguir con vida.

Su médico le informó que en el HCAM había un donante compatible con ella. Karina se trasladó de inmediato a esa casa de salud y durante 12 horas un equipo médico, liderado por el cirujano Hugo Guamán, realizó el explante de los pulmones del donante cadavérico y los implantó en el tórax de Karina.

Tres años tardó el hospital del Seguro en acreditarse ante el Indot para realizar este tipo de operaciones. Además del personal capacitado, fue necesaria la adquisición de insumos, fármacos y equipo médico. Todas las personas que reciben un trasplante necesitan administrarse inmunosupresores por el resto de su vida.

La entrega periódica de estas medicinas está garantizada en los hospitales públicos que realizan estas cirugías de alta complejidad.

La operación que le practicaron a Karina, desde que ingresó al hospital hasta que recibió el alta, representó un costo de $ 45.000. Ese valor en otros países supera los $ 200.000.

Mauricio Heredia, director del Indot, expresó que ese gasto es una inversión para el Estado. Da un ejemplo:  quienes están a la espera de recibir un nuevo riñón deben someterse, tres veces a la semana, a un tratamiento llamado diálisis y hemodiálisis (extracción artificial de toxinas y el exceso de agua de la sangre. Este procedimiento más los fármacos representan un gasto importante que se puede suplir con el trasplante. Cada hemodiálisis cuesta $ 300.

El médico Oswaldo Alcocer, líder del programa de nefrología del hospital Eugenio Espejo, detalló que en ese centro de salud se realizan, al año, 9.000 sesiones de hemodiálisis. El galeno agregó que la supervivencia del injerto de riñón es del 94,7% a los cinco años. Es decir que en ese período, de 100 riñones trasplantados, cinco fueron rechazados por el organismo del paciente.

Un trasplante de riñón bordea los $ 17.000, indicó el médico Manuel Gunuña, líder del mismo programa en el HCAM. Uno de sus pacientes es Mauricio Zúñiga, de 30 años. En 2013 le diagnosticaron insuficiencia renal crónica terminal. Durante dos años se trató con fármacos y después se sometió a diálisis. Quiso optar por el trasplante con donante vivo, pero ninguno de sus padres tiene su tipo de sangre.

En octubre de 2015 ingresó a la Lista de Espera Única Nacional y, finalmente, en enero de este año se concretó su operación. 

A escala nacional, la  insuficiencia renal es la cuarta causa de mortalidad. Se calcula que cerca de 10.000 personas están en tratamiento de hemodiálisis y diálisis peritoneal.

En la actualidad, de las 797 personas que están a la espera de un trasplante, 501 necesitan un riñón.

Zúñiga esperó dos años y medio para su cirugía. El titular del Indot, Mauricio Heredia, dijo que existen casos prioritarios en los que se logra concretar una de estas operaciones en un lapso de tres días. Todo depende de los donantes.

El proceso de asignación de un órgano implica pasos que incluyen una llamada a dos o tres posibles receptores de la lista de espera.

Gabriela Álvaro esperó un mes y medio para recibir un nuevo riñón. La joven, de 26 años, entró directamente a diálisis y fue internada en Manta, pero por la complejidad de su estado se trasladó a Quito. Su operación se dio en el hospital Eugenio Espejo.

Seguido de la demanda de  riñones están las córneas (ver gráfico). El chef Jorge Aguilar recibió su segundo trasplante de este tejido en 2018, en el HCAM. El primero fue en 2015 en una clínica privada. Pagó $ 9.000 por ese procedimiento médico. Sin embargo la visión actual en ese ojo es de apenas del 10%.

Jorge dice que la cirugía que le practicaron en el hospital del Seguro fue un éxito. Él recuperó el 85% de su visión.

Todos los galenos coinciden en que es necesario que existan más donantes. Ellos salvan vidas. (I)

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