Cuenca disfruta de sus pesebres

- 22 de diciembre de 2018 - 00:00

La creatividad y devoción de Carmen Jerez las heredó de sus padres. Hace 35 años, que contrajo matrimonio, inició la transformación del nacimiento “de uno pequeño a otros cada vez más grandes”. Clara Vallejo hizo uno de 16 m2.

Hogares cuencanos conservan los conocimientos heredados de sus padres y abuelos. En los pesebres no solo se refleja la religiosidad, sino también el apego a las tradiciones con fiestas populares, juegos, vestimenta de pueblos originarios y distintas formas de vida.

En torno a la escena del nacimiento del Niño Jesús, familias cuencanas recrean una infinidad de escenarios a gran escala que, además de la religiosidad, son el claro reflejo del diario vivir y las tradiciones locales, incluso extranjeras.

La costumbre dio un giro cuando el típico pesebre se convirtió en una construcción llena de creatividad y fe.

Una de las familias que conserva esta tradición es Vallejo-Picón, cuya mentora, Laura Elena Picón, falleció hace dos meses a los 100 años de edad.

Su partida dejó una huella imborrable y un conocimiento que sus hijos replican con pesebres de gran tamaño.

Clara Vallejo, la hija que vivía con ella, levantó un pesebre de 16 metros cuadrados, con varios elementos que su madre utilizó más de 50 años, los cuales supo preservar.

En la sala de la casa de Vallejo, el nacimiento tiene unas 20 escenas en miniatura de plazas, calles,     puentes, juegos, y fiestas populares.

Explicó que representa la unión del hombre rural y la ciudad, partiendo desde el campo hasta llegar, incluso, a plazas europeas con sus calles y edificaciones.

Con similares características, aunque únicamente incluyendo de Europa los viñedos, la sala de la familia Jimbo-Jerez fue decorada por doña Carmen Jerez. (I) 

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