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‘Corazón biótico’ salva vidas en Sudamérica

El Heartmate III impulsa la sangre como una turbina (hasta 10 litros por minuto) y se implanta a pacientes con insuficiencia cardíaca terminal.
28 de febrero de 2018 00:00

Andrés Hernández tiene 18 años y se puede decir que lleva una vida normal, salvo porque carga en los bolsillos una parte de su ‘corazón’, después de que le implantaran una pequeña turbina cuando estimaban que solo le quedaba un año de vida y era inviable un trasplante.

“Fue mi oportunidad de vivir”, dijo este colombiano, de 18 años, cuyo órgano comenzó a dilatarse tras sufrir una infección a los seis meses de edad, lo que disminuía su capacidad de bombear sangre y se traducía en fatiga hasta para comer, lo que se agudizó y lo puso al borde de la muerte cuando cumplió 15.

Tuvo 15 hospitalizaciones en seis meses hasta que apareció un dispositivo de asistencia ventricular, cuya última generación, el Heartmate III, llegó a Suramérica.

Ya que el riesgo de morir de Andrés “era muy alto” e inviable un trasplante, “pues por su tamaño y peso (42 kilos cuando lo normal era 52) no había un órgano adecuado, se optó por este ‘corazón artificial’”, afirmó el médico cirujano Antonio Figueredo, de la Fundación Cardiovascular de Colombia, pionera de estos procedimientos.

El ‘corazón’ al que se refiere Figueredo impulsa la sangre como una turbina (hasta 10 litros por minuto) y solo se implanta a pacientes con insuficiencia cardíaca terminal, una condición que los pone en riesgo de muerte e impide realizar actividades básicas: caminar, vestirse o bañarse, por la permanente sensación de agotamiento.

El aparato consiste en una bomba que se implanta debajo del corazón y se conecta al ventrículo izquierdo y a la aorta, arteria que lleva la sangre oxigenada al cuerpo.

La bomba, hecha de titanio y que pesa 400 gramos, es impulsada por un rotor eléctrico que permite un flujo sanguíneo similar al de un corazón sano y está conectada con un cable que sale por el abdomen del paciente, a un controlador externo y a baterías recargables, que Andrés suele llevar en los bolsillos del pantalón.

La maestra rural colombiana Cielo González, de 57 años, y el arquitecto venezolano Sergio Díaz, de 36, también están entre los primeros pacientes de Suramérica con este implante.

Díaz, quien desarrollo una falla cardiaca en la adultez, fue el primero de la región en recibir el Heartmate III.

Esta nueva generación muestra un pulso artificial y es “magnético-levitado”, lo que “permite que la sangre pase con suavidad a través de la bomba”, explicó el médico Leonardo Salazar, director del Programa de Corazón Artificial de la Fundación Cardiovascular de Colombia.

Según la fundación, Díaz “tuvo una miocarditis causada por el virus de Coxsackie, que hace tres años le dañó el corazón”.

El cardiólogo que lo trató en Venezuela llegó a la conclusión de que la única posibilidad de vivir era un trasplante (pero en su país tenía dificultades) o una asistencia ventricular.

Salazar destaca que este aparato, que ha sido aplicado a 20.000 personas, es fundamental para los que no pueden recibir un trasplante “por edad, peso, deterioro físico y falta de cultura de donación de órganos”. (I)  

La dieta vegetariana previene enfermedades
Las comidas mediterránea y ovolactovegetariana son igual de eficaces para prevenir afecciones cardiovasculares e ictus, según una investigación.

A pesar de que numerosos estudios previos han demostrado lo beneficiosas que son ambas dietas para el corazón, este es el primer trabajo en el que se compararon los efectos de los dos patrones en las mismas personas.

“El mensaje que se deriva de nuestro estudio es que la dieta mediterránea baja en calorías reduce el riesgo cardiovascular al mismo nivel que las dietas ovolactovegetarianas bajas en calorías”, explicó el autor Francesco Sofi, de la Universidad de Florencia (Italia).

“La población cuenta con más de una opción para seguir una dieta cardiosaludable”, añadió Sofi.

El estudio incluyó a 107 participantes con sobrepeso, de entre 18 y 75 años, que fueron asignados  para seguir por tres meses una dieta vegetariana baja en calorías o una mediterránea con pocas calorías.

Al acabar este período inicial, los participantes cambiaron su alimentación por la otra dieta.  Ambos grupos perdieron la misma cantidad de grasa.

Pero la vegetariana fue más efectiva para reducir el colesterol “malo” y  la mediterránea, los triglicéridos. (I)