La cestería navideña, un oficio tradicional que pierde vigencia

- 19 de diciembre de 2019 - 00:00
Rosa Sacaquirín habitualmente teje cestos en su vivienda, ubicada en los alrededores de la plaza San Joaquín.
Foto: Diario El Tiempo

La parroquia San Joaquín conserva talleres de artesanos que se dedican a esta actividad, pero son escasos los portales de las casas que aún exhiben la gran variedad de objetos y adornos que se elaboran con fibra vegetal.

Aida Morocho y su esposo Ariolfo Montaleza se mantienen en este oficio desde hace 40 años. Recuerdan que diciembre era “temporada alta para la venta”, sobre todo de los cestos que eran adquiridos para empacar las tradicionales canastas navideñas.

Sin embargo, el uso del cartón y del plástico por parte de los consumidores, así como los bajos ingresos que los artesanos perciben por sus trabajos han provocado que esta actividad vaya en descenso.

Rosa Sacaquirín, de 80 años, es otra de las artesanas que se dedican al tejido con la duda (fibra vegetal), sabiduría que heredó de sus padres Eloísa Arias y Manuel Jesús Sacaquirín.

“Antes se comenzaba a tejer los canastos para la Navidad desde mayo, pero con las fundas plásticas y el cartón nuestro trabajo se fue para abajo”, se lamenta Rosa Sacaquirín.

Ella teje casi todo el día en su vivienda ubicada en los alrededores de la plaza central de San Joaquín, de la capital azuaya.

Sus manos, unas tijeras y un cuchillo son las únicas herramientas con las que prepara la materia prima.

Si bien confeccionar una canasta le toma al menos dos horas, debido a su experiencia, el proceso que conlleva, por lo general, es largo y laborioso.

La duda llega desde el cantón Pallatanga, provincia de Chimborazo. Los artesanos la adquieren a un costo que oscila entre los $ 15 y $ 18 la mula (carga), que suma unos 60 canutos. Las cargas o mulas con las fibras, que llegan verdes, son puestas de manera inmediata a secar durante dos o tres días al sol.

Cada rama de fibra vegetal tiene el grosor de un palo de escoba, lo cortan y obtienen las hebras, que se clasifican en duda tiesa y duda lisa, esta última puede ser teñida mediante otro proceso.

Se inicia entonces la etapa del tejido, mediante distintas técnicas, según el tipo de objeto a confeccionarse.

En San José de Barabón, María Angelita Morocho, de 60 años, teje día a día con la fibra de duda, un oficio que ha sido transmitido en su familia por generaciones.

“Ahora tejemos con la duda, pero antes utilizábamos el suro que venía de Portete, lo traen, pero muy poco porque ya no hay”, comentó doña María, para quien tejer esta clase de fibra requiere de mucha práctica y laboriosa dedicación.

Los talleres de los artesanos se los encuentran al recorrer las orillas del río Yanuncay, en el sector de San Joaquín. Se los identifica porque en la parte exterior tienden la duda que utilizan para elaborar sus tradicionales tejidos de fibra. (I)  

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