Asociación de pescadores improvisa con piscinas de larvas de camarón

- 25 de junio de 2018 - 00:00
Las piscinas son atendidas por ocho personas que trabajan en tres turnos.
Foto: Miguel Castro / EL TELÉGRAFO

Los habitantes del barrio San Rafael, comuna Palmar, se dedican parte del año a filetear corvina de roca que comercializan al mercado nacional. El resto de meses están orientados a la crianza de nauplio.

Para la asociación Pueblo  Montubio, de la comuna Palmar, provincia de Santa Elena, las cosas no van bien.

Las ventas de corvina de roca fileteada han disminuido; el pescado está en los meses de ausencia.

La falta de trabajo está alejando a los asociados, mencionó Luis Medardo Piguave, 55 años de edad, quien durante siete años ha sido parte del grupo de comuneros.

El filetear pescados y venderlos a diferentes provincias del país era la actividad que reunía a unas 30 familias en el barrio San Rafael y que hasta el mes de julio próximo estará paralizada casi al 100%. La actividad laboral empieza en las noches consiguiendo las corvinas a los pescadores de la comuna.

El producto se almacenaba en el frigorífico que hay.

La recolección de los mariscos en este sector se ha realizado por las noches, jornadas tradicionales del trabajador peninsular; una vez cumplida la captura se preparaba todo para el destajo de 08:00 a 18:00. 

Al principio se pagó por cada libra del marisco entre $ 0,15 y $ 0,20, lo que permitió vender el producto procesado (congelado y enfundado) en $ 0.90 cada 453,592 gramos.

Con el tiempo los costos de la recepción del producto aumentó y los precios de comercialización también: a $ 2.50, manifestó Piguave.

El hombre criticó que en los siete años de la Asociación nunca recibieron ayuda de parte del Estado o alguna otra entidad y debido a esto debieron endeudarse para beneficio de todos los comuneros.

La deuda por la adquisición de los frigoríficos no ha terminado.

Piguave refiere que la baja en la captura se debe a que las embarcaciones grandes toman los peces de todos los tamaños, perjudicando no solo nuestra actividad sino el ecosistema de la zona.

Los pescadores que se aventuran a buscar el pez lo venden por gavetas que pueden costar desde $ 30 hasta $ 90 y almacenar hasta 120 ejemplares pequeños.

Piguave cree que debido a la competencia desleal de las flotas pesqueras que recorren la zona (barcos más grandes) los artesanos se quedan sin trabajo, eso también causa daño al ecosistema. 

El representante de la asociación, quien no pierde la esperanza de activar este negocio todo el año, pide a las empresas marisqueras emplear con mayor responsabilidad las capturas de ejemplares muy pequeños.      

La asociación puede procesar hasta 10 toneladas de filete de pescados, capacidad total de almacenamiento de las instalaciones que se adquirieron con un crédito a la Corporación Financiera Nacional (CFN).

Para Carmen Noemí faltan pocas semanas para volver a la actividad.

En julio los peces junto a los pedidos vuelven, mencionó la comunera.

La mujer explicó que la comercialización se da cada 15 o 20 días y que por esa razón las mesas de hierro que tiene la asociación pasan llenas.

Otro grupo se dedica a la cocina para preparar la comida del grupo, agregó.

Las peticiones del producto mientras tanto seguirán llegando de los clientes de sitios como Loja, Santo Domingo, Cuenca, Guayaquil, Ambato, Naranjal, etc.

Mientras una parte de la comunidad espera la reactivación del destajo de la corvina sigue impulsando el funcionamiento de nueve criaderos de larva de camarón.

Las estructuras construidas con caña y plásticos son atendidas por ocho trabajadores compartidos en tres turnos.

Ellos se encargan de la alimentación de la siembra de los 20 millones de nauplios que se convertirán en promedio en unos 15 millones de larvas del crustáceo, dijo Ausberto Quimí  Quimí.

El experto tiene experiencia con piscinas en el sector de Monteverde y junto a sus sobrinos son la columna del emprendimiento.

La remuneración de los trabajadores es un salario básico y un adicional al final de la venta de las larvas.

Quimí, quien lleva casi una década en este negocio, explicó que actualmente y debido a la competencia cada millón de larvas puede llegar a tener un costo en el mercado de $ 1.300. (I) 

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