Álex Martin: “El ITER dará una energía sostenible”

- 20 de noviembre de 2019 - 00:00
Álex Martin. Jefe de ingeniería de la cámara vacía del ITER.
Foto: Álvaro Pérez / El Telégrafo

Varios componentes de este reactor experimental se elaboran en los 35 países que aportan en la investigación.

Seis años más se estima que tardará la puesta en marcha de la primera fase del reactor experimental termonuclear internacional (ITER), que pretende generar fuentes de energía a gran escala y libre de emisiones de carbono.

El ITER está asentado en Francia. Su construcción se inició en 2006 con el respaldo de 35 países, que desarrollan indistintamente componentes del gran Tokamak (aparato para obtener la fusión de partículas de plasma que genera energía a gran escala).

El español Álex Martin, jefe de ingeniería de la cámara de vacío del ITER, visitó Ecuador para ser parte del IV Congreso Internacional de Sostenibilidad Energética. Ahí conversó con diario EL TELÉGRAFO.

El especialista indicó que para 2025 se espera que entre en funcionamiento la primera fase o corazón del ITER. La cifra aproximada de la inversión hasta el momento es de $ 25.000 millones.

¿Cuál es la magnitud del ITER?
El ITER está diseñado para producir 500 megavoltios (MV). Aunque no transforma toda la energía que produce en electricidad, es el primer proyecto de fusión que produce energía de ganancia neta, ya que el Tokamak de ITER tiene un volumen de plasma diez veces superior al dispositivo en funcionamiento más grande actualmente. Es una herramienta única.

¿Cómo funciona el Tokamak?
Es una máquina especial diseñada para aprovechar la energía de fusión que se absorbe dentro suyo en forma de calor, adherido a las paredes de la vasija. La central de fusión utiliza este calor para producir vapor y después electricidad mediante turbinas y generadores. En un dispositivo Tokamak se utilizan campos magnéticos muy potentes para confinar y controlar el plasma.

¿Cómo se obtendrá la energía?
La investigación de fusión se encuentra a las puertas de conseguir “plasma en combustión”. Aquí el calor de la reacción de fusión está confinado dentro del plasma, de manera que se pueda prolongar la reacción durante un plazo amplio. Los científicos confían en que los plasmas de ITER no solo producirán mucha más energía de fusión sino que se mantendrán estables durante períodos más largos.

¿Cómo aporta cada país?
Los países construyen partes de la máquina en sus territorios, muy poco es entrega de dinero. Las partes más grandes se las hace en Francia, donde está toda la infraestructura.

¿Es una inversión a largo plazo?
Sí, pero también a corto plazo porque desarrollamos una tecnología innovadora que tendrá aplicación en diferentes campos. Ahora mismo trabajamos en la tecnología de los imanes superconductores que, refrigerados a muy baja temperatura, generan campos magnéticos intensos.

¿Se podrá replicar la tecnología del ITER en otros países?
La idea precisamente es replicarla en otros lados y para eso colaboran los países. El objetivo es que el Tokamak que estamos generando se comparta entre todos los países miembros, incluso en la construcción algunos componentes son subunidades, que se hacen en al menos dos países para que ambos tengan el conocimiento de cómo fabricarlas. Así, cada nación sea capaz de construir una central industrial.

¿Podría darse algo similar en América Latina?
El proyecto tiene vocación universal y aunque ya hay la repartición económica del mismo en los países, muchos pueden entrar como colaboradores, como ocurre con Australia. Sé también que Brasil habría mostrado algún interés en el ITER. Hay fórmulas para lograr ser un país colaborador.

¿La meta es la energía limpia?
El objetivo es desechar a medio plazo centrales de fusión que utilizan combustibles fósiles. Eso debería ser una prioridad a nivel del planeta. (I)

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