Una cachorra visita pediatría cada semana

La sabuesa de 11 meses, Ágatha, es la compañía inesperada, cada miércoles de los niños del hospital San Francisco del IESS, norte de Quito.
17 de enero de 2020 00:00

Cada miércoles, desde las 15:00, la cotidianidad del hospital San Francisco de Quito del IESS, norte de la ciudad, cambia radicalmente. A esa hora llega al piso de pediatría, Ágatha, la perrita de 11 meses que visita las habitaciones de los niños internos. Juega con ellos, los entretiene y hasta recibe el alimento de manos de los pacientes.

Aunque los perros no pueden contagiar nada a los humanos, porque son especies diferentes, hay bacterias que sí se pueden transmitir. Por eso, la sabuesa no sale de casa sin tomar un baño con champú de clorixidina, que es un antiséptico bactericida que previene las enfermedades dermatológicas. Además tiene las vacunas al día y la desparasitación la cumple cada tres meses.

Ágatha es la sensación apenas llega a pediatría. Como los funcionarios de apoyo del IESS, lleva un chaleco rojo y una identificación con su foto y nombre. En la misma está impresa la señal de su colmillo como firma.

El miércoles 15 de enero de 2020, los estudiantes y los profesionales tratantes aprovecharon para fotografiarse con la cachorra. A la par, su adiestradora y voluntaria del servicio, Verónica Pardo, acude a la estación de enfermería para saber qué pacientes y habitaciones pueden recibir la canterapia.

Los beneficiarios de la visita son aquellos niños que presentan dolencias que no requieren cuidados extremos, como fracturas, infección de vías urinarias o aquellos que están próximos a recibir el alta, así como aquellos con depresión.

Según la pediatra Tatiana Barragán, muchos infantes pueden presentar defensas bajas debido a la patología que padecen o por la exigencia del uso de oxígeno. Con el número de habitación en mano inicia el recorrido. Por el calor reinante en el ambiente, varios de los hospitalizados están dormidos.

Ágatha aguarda unos minutos, se muestra algo ansiosa pero nuevamente acude a la habitación. Esta vez tiene más suerte y los encuentra despiertos. Apenas le ven, los pacientes centran su atención en la visita. Antes del contacto se les administra gel desinfectante en las manos por cualquier contratiempo.

Enseguida se extiende sobre la cama una pequeña manta con dibujos infantiles que sirve para que Ágatha tome contacto cercano con el paciente. Se acuesta sobre ella e inicia la canterapia

El primero en emocionarse es Thiago, un pequeño de casi 3 años de edad que está interno por neumonía. Apenas mira al animal sus ojos revelan emoción por la singular visita, mientras su madre le alienta a acariciar al can.

Al principio está receloso, pero gracias a la insistencia de su progenitora accede a tocarlo y hasta le estira la oreja del can, que por su adiestramiento es mansa, no babea y menos ladra.

Es tan dócil que prácticamente los menores podrían sentarse encima. Para romper totalmente el hielo, Verónica le da un juguete con la comida para que se lo entregue la cachorra. Así lo hacen y el contacto es total.

Maribel, la madre, se siente feliz por las sonrisas que el animal logra arrancar en su hijo. Juntos olvidan por instantes que están en el hospital y se abrazan. “Estoy muy agradecida con este tipo de visitas porque nos alegran la vida y nos reconfortan en estos momentos de dolencias físicas”.

Antes de ir a la otra cama la rutina de la desinfección con el gel en las manos del infante se repite. En la misma habitación está Josepth, un pequeño de 9 meses, quien apenas puede pararse; mas al ver a la cachorra incluso quiere dar pasos mientras una amplia sonrisa se dibuja en su cara y los brazos los estira.

Esa emoción la transmite a su padre Fernando, con quien lleva 7 días en el hospital, también por neumonía. El infante sonríe una y otra vez, incluso con la ayuda de Verónica prácticamente se sienta sobre Ágatha y le topa con sus diminutas manos.

Su padre no para de la emoción. “Nunca pensé que este tipo de cosas había en el hospital es realmente reconfortante para los pequeños”.

Beneficios de la canterapia

La pediatra Tatiana Barragán afirma que la visita de Ágatha ayuda en el estado anímico de los pacientes y también de quienes les atienden.

Estudios científicos afirman que el contacto de los niños con los canes les eleva las defensas porque segregan más endorfinas y eso ayuda a una pronta recuperación.

La psicóloga Éricka Bustamante indica que gracias a la canterapia a los niños se les puede tomar los signos vitales con facilidad y apartan el temor a los médicos.

Ágatha
Su reemplazo es Lilú
Ágatha también descansa y cuando lo necesita llega en su lugar Lilú, que cumple las mismas funciones en la visita a los pacientes pediátricos.

Adiestramiento de por vida
La preparación de Ágatha inició cuando tenía 2 meses y se extenderá durante toda su vida. El IESS espera que el servicio de canterapia también esté disponible en otros hospitales. (I)

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