Africanas seropositivas se refugian en Francia para superar exclusión

- 04 de diciembre de 2017 - 00:00
Una mujer africana y su hijo permanecen en la asociación Sol en Si, donde trabajadores sociales y psicólogos ayudan a madres seropositivas.
Foto: AFP

Las emigrantes encontraron en la asociación Sol en Si en Bobigny, suburbio de París, un espacio para aprender a vivir con el virus y proyectar su futuro. Doscientas familias afectadas acceden a servicios para sus hijos.

Para ellas, el VIH es más que un virus, es la muerte social. Contagiadas por un cónyuge polígamo o violadas por traficantes de personas las africanas seropositivas que hallaron refugio en Francia luchan por progresar pese a la triple pena de la enfermedad, el rechazo y la precariedad.

“Cuando me dijeron que tenía sida, me quise tirar por la ventana. Los enfermeros me retuvieron”. Catherine (nombre modificado) recuerda ese día de 2013 y el hospital en los suburbios de París al que fue por granos que le salieron en el rostro.

“Cuando tienes esa enfermedad todos te dan la espalda, incluso tus hijos. Para nosotros, el sida es la prostitución. Se dice que viene de las mujeres cuando en realidad son los hombres polígamos que nos contagian”, afirma esta maliense, de 43 años, que “huyó de la guerra”.

Sola y con dos niños a cargo encontró refugio, “un oído” y “esperanza” en la asociación Sol en Si en Bobigny, suburbio de París, que acoge a 200 familias afectadas por el virus y ofrece una guardería para 14 bebés.

Desde hace 20 años trabajadores sociales y psicólogos ayudan a estas madres, la mayoría sin pareja, a “proyectarse hacia el futuro”.  Reciben tratamiento psicológico y social, ayuda material, comida, pañales y leche, y dinero para financiar sus permisos de residencia.

En el local no hay afiches, ni folletos que sugieran que allí se acoge a personas seropositivas. “Existe un tabú enorme. El tema del secreto es central. Tenemos a mujeres que cortan relación con su familia y esconden su condición a su esposo e hijos”, explica Florence Buttin, psicóloga de la asociación.

Ela, mujer de 34 años, explica que decidió no decir nada. Esta madre, que en su casa esconde el cuchillo que utiliza para cocinar por miedo a contagiar a su familia, acude al centro varias veces a la semana “para compartir este peso”.

Mostrar que la vida continúa

En la planta baja, el salón está lleno de mujeres jóvenes y niños. Las “veteranas” se sienten como en casa, conversan, ríen, se calientan con una sopa y se ocupan de los bebés de las “nuevas”.

Entre ellas, Fatu, de 36 años, madre de gemelos de pocos meses. Llegó de Costa de Marfil por mar, pasando antes por Libia, un viaje “duro”, que realizó embarazada de varios meses. 

“Desde hace poco vemos llegar a migrantes que realizaron viajes complicados. Cruzaron países solas, fueron violadas en los barcos, encarceladas. Otras recibieron ‘ayuda’ de hombres a cambio de papeles. Están destrozadas”, denuncia la psicóloga.

A esto se suma la precariedad en la que viven estas mujeres, señala Hortense Ngaleu, trabajadora social.

“Pero tratamos de solucionar un problema detrás de otro. La atención médica, los papeles, la vivienda. Avanzamos lentamente. Ver a las más antiguas con buena salud y empleo ayuda a las nuevas”, cuenta Edith Dimfa, que trabaja como asistente social  hace 17 años.

Catherine comenzó a limpiar casas hace poco. Pero sueña con “regresar a Malí y crear una asociación para informar a las mujeres”. Quiere “demostrar que se puede tener hijos y que la vida continúa”.

El negocio en Nigeria

Blessing quiso creer. Al ver un anuncio en Facebook que prometía curarla del sida, hizo clic y estuvo a punto de caer en una estafa.

Fue hace unos meses. Esta nigeriana, de 30 años, creó un falso perfil en la red y contactó al curandero conectado a la tecnología.

Por $ 232 se le propuso una poción elaborada con plantas que erradicaría “100%” la enfermedad. La joven dudó y pidió entrevistarse con él. Antes de enfrentarse a una respuesta: él le enviaría su número de cuenta bancaria.

“Solo habló de dinero, entonces abandoné. Pero estaba dispuesta a probar”, dice.

Gracias a su tratamiento antirretroviral gratuito en Nigeria, Blessing terminó sus estudios de sociología en Abuja, se siente más o menos “cómoda” y hace “sus cosas”. Lo más insoportable para ella es la certeza de no encontrar un compañero. “Estaba desesperada. Todas las relaciones que quise tener resultaron complicadas”.

Más allá de las trampas de internet, la desesperación y la estigmatización que afectan a los seropositivos los convierte en presas perfectas para los “milagreros”.

No hay un mes sin que un pastor anuncie haber “salvado” a un fiel. En Lagos, los enfermos acuden desde todo el continente a las iglesias evangélicas, que son imponentes como centros comerciales, atraídos por las promesas de predicadores.

La PrEP se abre camino como tratamiento 

”Es mágico. Cada vez que me tomo una pastilla, pienso en quienes no tuvieron esa suerte”, afirma François, que sigue la PrEP, un tratamiento preventivo contra el virus del sida.

“Todavía no tenemos una vacuna, pero la PrEP es un nuevo método eficaz de prevención que se añade al preservativo”, explica el especialista Jean-Michel Molina.

“Su beneficio individual ya está establecido, hay que determinar si puede haber un beneficio colectivo, con una bajada del número de nuevos casos”.

El principio de la PrEp (profilaxis preexposición) es simple: la persona seronegativa toma un medicamento destinado a los seropositivos, el truvada, que combina dos antirretrovirales.

EE.UU. fue el primero en autorizar este tratamiento preventivo en 2012. Le siguió Francia en 2015 -con aplicación en 2016-, y después Sudáfrica, Canadá, Kenia, Brasil, Tailandia, Australia, Bélgica, Escocia, entre otros.

La PrEP se dirige principalmente a los grupos de “riesgo” y está recomendada especialmente por la Organización Mundial de la Salud (OMS) a los hombres homosexuales y las personas prostituidas. (I) et

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