91.511 extranjeros pasarán la Navidad en Ecuador

- 23 de diciembre de 2018 - 00:00
Por el parque del río Tomebamba, en Cuenca, está la española Laura Rodríguez junto a su hijo Samuel y su esposo, el colombiano Fabián Vásquez.
Foto: EL TELÉGRAFO

El territorio nacional es considerado como el mejor país en el que una persona que llega del exterior puede vivir. Así lo determinó la encuesta del grupo InterNations y se evidencia en las experiencias de cuatro familias de Colombia, Argentina, Venezuela y Afganistán. Ellas se han adaptado a las costumbres nacionales, como la celebración del nacimiento del Niño Dios.

En los últimos años, el territorio nacional se ha convertido en el hogar de cerca de 91.511 extranjeros procedentes de los seis continentes del mundo.

La comunidad más grande es la colombiana, que empezó a migrar desde 1990 a causa del conflicto armado. El 98% de todos los refugiados que viven en Ecuador son de esa nacionalidad, según la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur).

Fabián Vásquez es “rolo”. Así se los conoce a los bogotanos, dice. El joven comerciante no llegó escapando del conflicto. Lo hizo por su espíritu aventurero. En 2013 conoció,  en Cuenca, a la española Laura Rodríguez. Ella arribó  a Ecuador en septiembre de 2012 para vincularse como docente en la Universidad de Portoviejo. Ahí dictó clases de Arte y Multimedia.

Después de seis meses se trasladó a la capital azuaya para desempeñar las mismas funciones que realiza hasta la actualidad. Ninguno tenía planificado radicarse en el territorio nacional. Sin embargo, esta será la quinta Navidad que pasen en el país.

Las tradiciones colombianas son similares a las ecuatorianas: la gente se reúne para cenar. El ajiaco (un tipo de sopa) no falta en la Noche Buena bogotana, cuenta Fabián mientras Laura, originaria de Extremadura, agrega que el cocido (un mix de carnes) prima en una mesa española en estas fechas. 

Ambos tienen cédula nacional.  La Cancillería  informó que en los últimos cinco años 1.527 colombianos y 1.052 españoles pidieron  ser ecuatorianos. Ellos representan el 72% de todas las solicitudes concedidas.

Esta será una Navidad diferente para ellos. Su  hijo de cuatro años, nacido en Cuenca, logró que por primera vez decoren su casa acorde a esta fiesta religiosa. Laura es inventiva y hábil con las manos.  Con su hijo elaboraron varios adornos.

La creatividad también es una cualidad en la argentina Nere Dell Olio. La artesana de 30 años llegó a Quito como mochilera en 2012. Trabajó en un bar de La Mariscal y ahí conoció a su actual esposo, el quiteño Sebastián Salvador.

De derecha a izquierda, los argentinos Lautaro, Abigail, Nere Dell Olio, Sandra (mamá de Nere), Sebastián Salvador (esposo de Nere) y su hijo Sacha.    

En su casa, en el norte de la urbe, hay una figura de un árbol de Navidad hecho con ramas y adornado con material reciclado. Nere lo hizo con la ayuda de Sacha, su hijo de tres años nacido aquí.

En la actualidad, la mamá y los dos hermanos de Nere viven en Quito. La capital concentra el 75% de la migración extranjera del país, según el último censo poblacional del Instituto Nacional de Estadística y Censos.

La familia de Nere se quedará por dos años, tiempo establecido en su visa. Mientras toman mate (una infusión de yerba del mismo nombre) recuerdan que en Buenos Aires, su ciudad natal, la Navidad llega en época de verano, por ello optan por comida fría como pionono (maza rellena de carne) o matambre de pollo con ensalada.

A diferencia de Quito, en donde la “fiesta” termina a las 02:00, en la ciudad porteña los bares abren hasta las 08:00 del siguiente día. Eso es algo que extrañan Laura y sus hermanos.

En el restaurante Mono Costeño trabajan los venezolanos Byran y Juan García con Roberto Pinto; él tiene dos trabajos y envía dinero a su país cada 15 días.

En esta fecha, el denominador común entre ecuatorianos, colombianos, españoles, argentinos y venezolanos  es  la reunión familiar y la entrega de regalos a la medianoche. En Argentina, a esa hora, se da una fiesta de juegos artificiales. Las familias salen de sus casas y “Papá Noel aprovecha que todos disfrutan de la pirotecnia para dejar los regalos en el árbol”, cuenta la mamá de Nere.

Esto también pasa en Valencia, Venezuela, relatan Roberto Pinto y los hermanos Juan y Byran García. Los tres trabajan en el Mono Costeño, un restaurante de comida nacional, en el norte de Quito.

Mientras preparan la comida de sus comensales, recuerdan que a la medianoche los regalos aparecen “como por arte de magia en el pesebre”. La creencia es que el Niño Jesús los deja. 

Desde enero hasta septiembre de 2018, 708.935 venezolanos ingresaron al país  y de ellos el 18% radica aquí. Para estas fiestas la mamá de Roberto, al igual que sus hermanos, estarán en Quito. Será la primera Navidad que él festejará en familia desde que llegó a Ecuador, en 2015.

Sadia Neromad (centro) cuenta con cédula nacional, mientras que su hermana, Weda (derecha), quien llegó hace tres años, tiene calidad de refugiada.    

Sadia Neromad no celebra la Navidad. Su religión, la musulmana, no se lo permite. Ella llegó desde Afganistán  hace nueve años. Lo hizo junto a su esposo. Tres de sus cuatro hijos nacieron aquí. En su casa hay un gorro de Papá Noel. Es de uno de sus hijos, quien lo usó en el  programa de Navidad de su escuela. La mujer, que usa hiyab (un velo), cuenta que no tiene reparos en compartir las celebraciones nacionales, pero resalta que ellos tienen sus propias fiestas. (I) 

Lectura estimada:
Contiene: palabras
Visitas:
Enlace corto: