2021: De holas y adioses

La historia del saludo es tan antigua como la humanidad. El beso –se dice- es un invento occidental.
03 de enero de 2021 07:00

La vida está llena de holas y adioses. La finitud de la existencia humana ha puesto límites necesarios y a veces incomprensibles. La gente saluda y se despide: saluda con el alba o en cualquier momento del día; se despide por un rato, para luego o para siempre. A continuación la historia del saludo y algunas reflexiones.

La historia del saludo es tan antigua como la humanidad. El beso –se dice- es un invento occidental. Esta forma tan común de saludo o de expresión de afecto no existía en las lenguas célticas. Homero, por ejemplo, prácticamente la desconocía. Sin embargo, parece ser que los animales tienen expresiones análogas al beso. ¿Será que el hombre aprendió esta costumbre de los pájaros que usan el pico para acariciarse o de los caracoles y algunos insectos con sus antenas?

Manos y manes

-¿Cómo estás?–. –Bien gracias. ¿Y usted?– es el ritual cotidiano que invariablemente se repite. Junto a estas palabras hay gestos: un estrechón de manos, una mano levantada, un beso –o “mucha” en criollo– en la mejilla o un abrazo, dependiendo del grado de afinidad o confianza. Y ahora, en los tiempos de la pandemia del coronavirus, un suave golpe de codos, muñecas o de pies… basta.

Estos saludos han evolucionado con el pasar del tiempo. El estrechón de manos de hoy, por ejemplo, es un “despojo” del rito de imposición de manos, símbolo de fidelidad, de otrora, que todavía se recuerda en las ceremonias matrimoniales. Y así el “enlace” quedaba sellado: ¡por las manos! Por algo será, me pregunto, que el novio “pide la mano” a los padres de la novia con el objeto de lograr su consentimiento.

¡Todo pasa por las manos y por los “manes”! ¿Se acuerdan del besamanos gentil que se usaba en Europa la vieja? Ahora ese saludo consta en la historia de la humanidad; digo mal, de la urbanidad. De todas maneras, las manos tienen algo que ver con nuestro destino. Así piensan las gitanas que nos adivinan la suerte. Es que todo pasa por las manos, y de “mano en mano” los precios suben a los cielos. Porque la vida es cuestión de suerte, a veces, como el torero que se juega la vida en el “tercio”, en el “mano a mano” del siglo. Y la viuda sigue cantando el “Olé” más trágico. Las manos y el destino están, de algún modo, unidos. Existe una especie de sinergia. Sí, porque la vida es un juego: drama, comedia, tragicomedia, y en ocasiones, comienza en un acto solemne y termina… Dios sabe cómo.

–Juegos de manos, juegos de villanos–, decía mi abuelita, con toda razón. Y no se equivocaba. Por las manos, por un simple lavado de manos, Pilatos eludió responsabilidades. Y el “man” salvó su pellejo.

Estrechadores

Pero, ¡ay de aquellos que estrechan la mano de una persona con demasiada fuerza! Esos saludos, ciertamente, no son “educados”: molestan y generan reacciones contrarias. Lo mismo sucede con los saludadores que, tímidamente, solo dan la punta de los dedos. Tal costumbre es también chocante y reprensible. Y no se diga en el caso de estrechar una mano “sudada”. La “sudada” no agrada a nadie; por lo tanto, se recomienda saludar “a secas”. Y punto.

Abrazo y beso

El saludo con abrazo y beso juntos parece que ha sido “patentado” por las mujeres, aquí en Occidente, según los expertos, tal vez, me imagino, intentado emular la costumbre rusa del saludo del oso siberiano, que incluye abrazo y beso…entre hombres.

El saludo mujeril es entonces afectuoso, cargado de afecto y efectos: afectivo, en tanto estimula la sístole y diástole del órgano del sentimiento –el corazón– (¿siento y miento?), y efectivo, en cuanto provoca reacciones hormonales secundarias y terciarias, pues casi siempre esos saludos desembocan… en la billetera.

El saludo con abrazo y beso juntos parece que ha sido “patentado” por las mujeres, aquí en Occidente, según los expertos, tal vez, me imagino, intentado emular la costumbre rusa del saludo del oso siberiano, que incluye abrazo y beso…entre hombres.

Por eso, si quiere abrazar, abrace; si quiere besar, bese. Le recomendamos, eso sí, ser prudente y educado: no estreche demasiado ni dé demasiados palmoteos en la espalda, no vaya a suceder que el abrazado se incomode. Recuerde que el abrazo, según Carreño, es una forma de demostrar confianza, alegría o dolor (claro, cuando se trata de un pésame, no causando dolor a nuestro amigo o amiga).

Los adioses

Y ya que hablamos de “holas” también la vida está llena de “adioses”, como dijimos al principio. “Partir es morir un poco”, dijo el poeta. Las despedidas son casi siempre tristes, aunque algunos sostienen que ciertas despedidas pueden ser…alegres, cuando termina una relación tóxica o cuando no hay alternativas.

Los adioses, según los griegos, son parte del Eros, porque la otra cara del amor no es el odio o la indiferencia, sino el temor y el miedo. Sí, porque el Eros y el Tánatos –el dolor y la muerte- van casi siempre juntos.

Pero al inicio del año no cabe estar tristes. Hay que estar preparados para lo mejor y afrontar las dificultades –que no faltan- con resiliencia, según los expertos. Es decir, sin dejarse vencer por los problemas y desarrollar nuestras capacidades de resistencia.

En tiempos de pandemia

Los holas y los adioses están al día en los tiempos de pandemia. Mantener la distancia social es saludable; por lo tanto, evitar saludos cercanos –abrazos y besos- hasta que ordene el COE, es positivo. También es necesario colocarse la mascarilla en todo momento, y lavarse las manos. Y evitar las aglomeraciones. Los científicos han demostrado que el contagio es real cuando las personas no respetan las normas de bioseguridad en locales cerrados. ¡Porque el virus está en todas partes! Y es nuestra responsabilidad evitar los contagios.

Todos los seres humanos tenemos hambre de caricias. La pandemia pasará con el tiempo, y no por obra de las vacunas sino de la disciplina personal, familiar y social. Y de la solidaridad siempre responsable y militante.

Todos los seres humanos tenemos hambre de caricias. La pandemia pasará con el tiempo, y no por obra de las vacunas sino de la disciplina personal, familiar y social. Y de la solidaridad siempre responsable y militante. (O)



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