Los 100 participantes formaron parte del Censo

La comunidad aviaria del país ya tiene sus observadores

- 05 de enero de 2015 - 00:00

Los 100 participantes formaron parte del Censo

Un centenar de amantes de la naturaleza destinaron el primer fin de semana del año al conteo de aves de Quito. La cita fue a las 16:00 del sábado 3 de enero, en el Auditorio del Parque arqueológico Rumipamba, lugar al que llevaron sus cámaras y equipos para pasar la noche. Allí se llevó a cabo un taller de inducción que inauguró el conteo para el cual se habían inscrito 97 personas de diversas edades.

Aunque la observación inició a las 20:00, en distintos puntos del distrito, las charlas a cargo de Juan Manuel Carrión, director de la Fundación Zoológica del Ecuador, y Diego Cisneros, Ornitólogo de la Universidad San Francisco de Quito (USFQ), empezaron con casi 4 horas de antelación.

La iniciativa de este conteo la tomó la decena de integrantes del Círculo de Observadores de aves de Quito (COAQ), entre quienes están Sandra Espinoza, Jorge Bedoya y Daniel Arias. Este último explicó que, contrariamente a una creencia generalizada entre los capitalinos, la variedad de especies aviarias que pueblan la ciudad sobrepasa a los “mirlos, gorriones y tórtolas”, aves de fácil reconocimiento dada su abundancia y características disímiles.

“Solo el Jardín botánico alberga a unas 30 especies”, enfatizó Arias mientras mostraba fotografías de algunos ejemplares como el águila pescadora, un ave migrante de Norteamérica; o, el quinde herrero; el colibrí pico de espada; el viracchuro de los valles aledaños; el halcón pecho amarrillo, proveniente del Parque nacional Cuyabeno, en la Amazonía; la tangara que se distingue por los colores amarillo y azul que lleva en su plumaje; y, el búho o cuscungo.

Por su parte, el director del zoológico enclavado en Guayllabamba —otro de los lugares de observación—, Juan Manuel Carrión, recordó que en 1789 el padre Juan de Velasco ya mencionó a estas especies animales desde los mitos que relataba en sus textos de historia. Algunos nombres de estos animales vienen de la lengua kichwa, lo que hace notar que varios grupos humanos se dedicaron a nombrarlos desde hace siglos.

Durante su alocución, Arias, quien incentivó a los presentes a “apropiarse del patrimonio natural a través de la observación y conteo de pájaros”, citó un par de versos del poeta Jorge Carrera Andrade, quien hace casi un siglo también admiró a estas especies y escribió en el poema Microgramas: «El colibrí, / aguja tornasol, / pespuntes de luz rosada / dá en el tallo temblón / con la hebra de azúcar / que saca de la flor» (sic).

Los objetivos de este grupo de observadores y especialistas tienen que ver con la ausencia de un conteo minucioso de aves pese a que son más fáciles de observar y registrar que otros animales como los reptiles, de los cuales, a veces, solo se hallan restos que dan cuenta de su existencia sin avistarlos. Eso le ocurrió a Diego Cisneros, ornitólogo de la USFQ, quien luego de una búsqueda que duró más de un año, encontró la piel de un reptil sin llegar a ver a uno vivo.

El vuelo, el color y el canto de los pájaros es un atractivo que también los destaca frente a otros seres. Pese a estos atributos, se suele creer que todas las aves son pájaros, explicó Arias. Pero pájaros solo son los paseriformes, a los cuales distingue, además de una característica física (tres dedos dirigidos hacia delante y uno hacia atrás para poder asirse con facilidad a las ramas), la capacidad de cantar que no tienen todas las aves.

El conteo es, entonces, una forma de contemplar a las aves con fines científicos, para hacer una base de datos que registre la situación (ambiental y geográfica) de estos animales. Además, es un deporte por las actividades que involucra (movilización, uso de equipo en particular), y, tiene un valor lúdico que integra a menores de edad y personas con habilidades especiales.

Los resultados se obtendrán luego de un desconteo, pasada la noche del domingo, a las 20:00, hora en la que los contadores voluntarios terminaron su trabajo inicial. Esta información se hará pública durante la tarde de hoy y servirá para registrar las poblaciones aviarias que contienen 9 puntos específicos del Distrito entre los que están, además de los citados: el Parque Metropolitano; el gran reservorio de Cumbayá; la Reserva Geobotánica Pululahua; el Cañón del río Chiche; y, de forma sorprendente, pese al ruido, la acumulación de agua junto al Aeropuerto Mariscal Sucre, en Tababela.

Quito, gran nido de aves

Entre el 15% y 20% de los turistas que llegan a Quito visitan la ciudad por turismo científico, especialmente a observar aves, orquídeas y osos de anteojos. Este Distrito Metropolitano está ubicado entre los ramales de las Cordilleras oriental y occidental, enclave que alberga gran variedad de ecosistemas (Bioma) como el bosque tropical al noroccidente, el bosque seco hacia Guayllabamba, bosque andino y páramo hacia ambas cordilleras.

El territorio del Distrito abarca 424.062 hectáreas, de las cuales el 35% corresponde a áreas naturales conservadas. Entre estas se hallan 27 bosques, 240 quebradas y parques metropolitanos que acogen a más de 450 especies de aves entre residentes y migratorias. Los rangos altitudinales van desde los 500 hasta los 4 950 metros, los cuales da lugar a una biodiversidad poco conocida.

Quito por sus características ecológicas, climáticas y de biodiversidad forma parte del Bioma (varios ecosistemas) de los Andes del Norte y del hot spot (punto caliente) de Biodiversidad de los Andes Tropicales.

 

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