La violencia física contra los niños creció 9 puntos en la última década

- 28 de julio de 2017 - 00:00

Proyecto de ley propone incluir una norma clara para erradicar ese tipo de castigos a los menores de edad. Representante de Unicef apoya la medida.

Los estudios desarrollados por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) revelan que en región la violencia, especialmente la física, (castigo corporal) es una vivencia casi universal para los niños, tanto en sus hogares como en otros ámbitos de la vida cotidiana.

En Ecuador la problemática afecta al 18% del grupo etario, de acuerdo con el informe del Consejo Nacional de Igualdad Intergeneracional (2016).

La violencia de padres a hijos se incrementó en 9 puntos porcentuales en 10 años: pasó de 35% a 44%.  

El mismo documento revela que el 30% de quienes tienen entre cinco y 17 años están expuestos a castigos violentos (golpes o insultos) en sus centros educativos. 

Esa realidad motivó a la exasambleísta Marisol Peñafiel a presentar el año pasado el ‘Proyecto de Ley Orgánica para una Niñez y Adolescencia Libre de Castigo Físico, Tratos y Penas Degradantes’, que aún espera el segundo debate y la aprobación del Poder Legislativo.

El propósito de la normativa es brindar el marco legal para cambiar los comportamientos adultos sobre los infantes.

“Es importante que Ecuador dé ese paso para prohibir el castigo corporal. La violencia disminuyó  en los países con esta legislación. En Suecia -que fue uno de los primeros- las bofetadas, que eran constantes,  se redujo a 20%”, precisó Rossana Viteri, directora de Plan Internacional Ecuador.

El artículo 6 del proyecto establece que todos los niños y adolescentes tienen derecho a una vida libre de violencia, haciendo énfasis en el rol del Estado para implementar políticas y programas basados en evidencias para abordar los factores causales de la violencia contra los niños y adolescentes.

“Queremos cambiar la cultura, pues la creencia que ‘la letra con sangre entra’ no debe ser el modelo de educar, pues los golpes se pueden convertir en la muerte de seres indefensos”, indicó Peñafiel.

Para ella, la idea no es tener leyes castigadoras, sino concienciar a la sociedad de la necesidad de un cambio personal que se traslade en diálogo a todo nivel.

El artículo 9 de la iniciativa prohíbe que las personas a cargo de menores de edad apliquen normas de disciplina -dentro de la justicia indígena- contrarias al principio de interés superior bajo la justificación que son propios de su cultura.

Investigación

El estudio Patrones de violencia hacia las niñas -desarrollado entre Plan y la Universidad San Francisco- muestra que solo el 25% de las familias indígenas y mestizas dan un buen trato a los niños y niñas.

Para Grant Leaity, representante de Unicef en Ecuador, la disciplina violenta con la que reprenden los padres, no siempre es una decisión sobre la que se reflexiona. “A veces es resultado del enfado y la frustración que los padres no saben cómo manejar, por lo que es importante que desde el Estado se promuevan formas no violentas de disciplina y educación para no continuar con esta mala práctica de generación en generación”.

Por esa razón respalda la creación de una legislación que reafirme la posición del Estado a la no tolerancia de la violencia.

Ecuador se comprometió ante el Comité de los Derechos de los Niños de Ginebra a incluir una legislación que condene el maltrato físico. “Las leyes no cambian las conductas de la noche a la mañana, pero sí marcan un comienzo, porque envían un mensaje claro: esta práctica no es tolerada en el país como cultura de prevención”.

Viteri propone crear escuelas para padres. “Sabemos que nadie se forma para ser padre, que es un duro trabajo el educar, por ello debe existir más orientación para ayudar a los progenitores en esta tarea”. (I).

Familia y escuela no brindan seguridad a niños

 El estudio Niñez y Adolescencia desde la Intergeneracionalidad, presentado en 2016 por el Observatorio Social Unicef, Save the Children señaló que “precisamente en los entornos (casa y escuela) en donde los menores de edad deben sentirse más seguros, son los lugares donde más violencia pueden sufrir”. Esto -según la especialista Rossana Viteri- se debe a un comportamiento socialmente aceptado que “normaliza las agresiones” como arma fundamental para la formación. “Muchos están convencidos de que una forma de educar a los hijos es a través de la violencia, porque es un patrón cultural que se ha extendido”.

El 44% de los niños están expuestos, desde la primera infancia, a castigos violentos en sus hogares, con graves secuelas para su crecimiento. Así lo evidenció un estudio científico de la Universidad de Harvard (EE.UU.). Este concluyó que el estrés tóxico generado

por la continua exposición a la violencia puede producir daño acumulativo en la salud física y mental del niño.

“En esa circunstancia el organismo genera mucho cortisol que dificulta el correcto desarrollo de circuitos cerebrales y causa graves problemas de motricidad”.

Por ello, la psicóloga educativa Elizabeth Montenegro sugiere que los padres tomen un respiro antes de reprender a sus hijos; y si ellos ya saben hablar, primero los deben escuchar y luego actuar con serenidad.

“Es en el hogar donde se fomenta el cambio cultural de formación”.  (I).

 Datos

En 2015, el servicio de protección especial del Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES) atendió 17.317 casos de vulneración de derechos; más de la mitad fue por maltrato infantil.

Según datos de desapariciones, el 60%

de casos corresponde a adolescentes y

más de la mitad está relacionado con la violencia en el hogar.

Grant Leaity, representante de Unicef, señala que las víctimas de violencia guardan silencio por temor o vergüenza, mientras otras creen que los castigos físicos son correctos.

El 19% de los padres y cuidadores que fueron maltratados en el pasado repiten la práctica y golpean a los menores de edad. Asimismo, el 44% de los progenitores que presenciaron violencia de pareja la replican ante sus hijos. (I).

 

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