La universidad pública del país cautiva a estudiantes extranjeros

- 22 de mayo de 2017 - 00:00

Una alumna de Finlandia y otra griega relatan sus experiencias y procesos de adaptación en dos centros superiores del puerto principal.

La Universidad de Guayaquil recibió 454  estudiantes de diversas nacionalidades para el período lectivo 2017 y 2018. Por su cercanía al país, Colombia y Venezuela concentran el mayor número de alumnos. 

La coreana Nahyun Kin, de 22 años, y  el estadounidense Kevin Pinoargote, de 19 años, son dos de ellos. En 2016 la alma mater tuvo 580 alumnos originarios de otros territorios. La griega Clara Sarianidis pertenece a ese grupo. 

La Escuela Politécnica Superior del Litoral (Espol), en cambio, este año tiene 11 estudiantes foráneos, dos de ellos asiáticos.

Una de ellas es la china Xinyi Wang, quien estudia la carrera de Auditoría y Control de Gestión.

La joven ingresó tras rendir el examen Ser Bachiller.

Xinyi, quien llegó cuando tenía 11 años, destacó al centro como uno de los mejores. “Lo más gratificante de todo es que la educación es gratuita y de calidad”.

 La Espol también incluye en su población a la filipina Viia Karjalainen, quien arribó al país en 2014.

Las historias de ellos son diferentes: algunos llegaron con sus padres durante la infancia, otros en la adolescencia, y otro grupo siendo ya mayor de edad, pero todos decidieron apostar por la educación pública del Ecuador.

Entre las carreras más demandadas en la Universidad Estatal están Arquitectura, Medicina, Odontología, Psicología, Derecho y Hotelería y Turismo.

Asimismo, en la Espol las profesiones preferidas son Electrónica y Automatización, Ingeniería Industrial y Diseño Gráfico. (I)   

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Viaa Karjalainen, de 24 años, estudia turismo    

"Me quedé impresionada por las extensas áreas de la Espol"   

Viia Karjalainen, de 24 años, cambió sus planes de ser veterinaria por estudiar la carrera de Turismo en una universidad de Ecuador, a miles de kilómetros de su país (el trayecto entre ambos dura un día).

Ella nació en Finlandia y hace tres años llegó a Guayaquil. Aquí cursa el cuarto semestre de la carrera citada en la Escuela Superior Politécnica del Litoral (Espol).

Cuando Viia terminó el colegio en su país decidió conocer Sudamérica. Tenía 19 años y durante 1 recorrió Argentina, Chile, Brasil y otras naciones. Finalmente regresó a Finlandia, pero para armar maletas y retornar a  América del Sur. Esta vez conoció a Ecuador, donde se convenció de que sería el país donde se prepararía para ser profesional. “Escuché que en Ecuador la educación era gratuita. Averigüé y me dijeron que, aunque fuera extranjera, si hacía todos los trámites podía ingresar”.

Y así ocurrió. Viia envió los documentos desde Finlandia, a la Senescyt, y siguió los pasos para postular. “Apliqué a cinco universidades y puse a la Espol como primera opción. Me dijeron que era la mejor universidad y eso me hizo aplicar allí”.

En agosto de 2014 rindió el examen del Enes, en el que obtuvo 867 puntos, los que le sirvieron para su ingreso a la Espol.

“El primer día me quedé impresionada  por lo grande que es el campus. Tiene un lago y mucho bosque. En mi país  las universidades son más pequeñas por el número de habitantes”. Hay 5 millones de finlandeses.

El idioma español no fue un obstáculo para adaptarse a las clases y al ritmo de sus compañeros, ya que lo aprendió en los viajes que realizó por carretera y gracias a  las amistades que conoció en cada lugar que pisó.  Viia habla finés, su idioma natal, pero también sueco e inglés.

“Siempre había sido mi sueño aprender español. Lo había escuchado en la televisión y me sonaba bonito”. Ahora lo habla de forma fluida con sus compañeros de clases.

Ella es la única extranjera del continente europeo de su grupo. “Aquí hay profesores de otras nacionalidades, como de Venezuela y también hay chicos de intercambio”.

Cuando llegó a Ecuador, recuerda, hizo voluntariado para cuidar perros en los balnearios Las Tunas y Ayampe, en Manabí.

Viia reconoce que  extraña a sus padres y a su hermano, pero a la vez asegura que está convencida de que fue la mejor decisión que tomó luego  de salir del colegio.

“En Finlandia no logré el puntaje necesario para entrar a la universidad a estudiar veterinaria.  Allá tienes que estudiar dos o tres veces para ingresar. Es muy competitivo. Luego decidí conocer América del Sur y tomarme 2 años sabáticos“.

Ahora sus planes están en Ecuador. Viia piensa, después de terminar la carrera, cursar una maestría. “El turismo de Ecuador tiene mucho potencial. Es un país pequeño que tiene de todo en las diferentes regiones”.  (I)

Clara Sarianidis, de 21 años, cursa arquitectura  

"No creo que por ser gratis la educación sea mala, como otros manifiestan"      

Clara Sariniadis Parrales, de 21 años, nació en Grecia, pero toda su vida tuvo una estrecha relación con Ecuador. Su madre es de aquí.

Cuando tenía dos años, la joven de ojos de color miel visitó por primera vez Guayaquil y Manabí.

En mayo de 2012 volvió a la tierra de su madre, y desde entonces permanece en el puerto principal. “Nos mudamos por la crisis económica que vive  Europa. Como el país ya no tenía dinero, a mi mamá no le pagaban lo mismo o se retrasaban, mientras que en el trabajo de mi papi empezaron a despedir a mucha gente”.

Clara tomó el viaje a Ecuador como una oportunidad, aunque eso significó dejar a sus amigos y a la familia por parte de su padre. “Al principio sí me deprimí, mucho, más cuando perdí a mi papá en un país al que recién llegaba. Eso fue lo más duro que me tocó vivir”.

Los dos primeros años vivió en Ambato. Allá cursó el bachillerato en el colegio Atenas y luego pasó a La Inmaculada.

“Cuando llegué estuve la mitad del año escuchando a  mis compañeros para aprender español”. Clara habla griego.

Al finalizar la secundaria, la joven rindió el examen de la Senescyt y su puntaje le permitió obtener un cupo en la Universidad de Guayaquil, donde cursa  el cuarto semestre de arquitectura.

“Obtuve 813 puntos en la prueba y eso  permitió que me exoneraran del curso de nivelación y entrar a primer semestre. Postulé para universidades de Quito, Guayaquil, Riobamba y Ambato”.

La asignación de la universidad volvió a ser un nuevo desafío para Clara, debido a que tenía que trasladarse de Ambato a Guayaquil y separarse de su mamá.

Cuando llegó a Ecuador -asegura- quería que la pusieran en un colegio público, “porque creo que no es necesario pagar por algo que puedes obtener, no creo que por ser gratis la educación sea mala, como otros creen. Por eso no me importó venir a vivir a Guayaquil. No podía darme el lujo de desaprovechar la oportunidad de estudiar”.

Clara explica que en Grecia la educación es pública y que no hay casi privada. “La educación es buena, no hay diferencias. El colegio donde estudiaba era uno de los mejores y era público; y tenía beneficios que el sector privado acá no tiene”.

Para Clara la educación en la U. de Guayaquil es buena. “Me gusta la parte de la infraestructura de la facultad en la que estudio. Hay árboles y estamos cerca de un estero, siempre hace falta estar más contacto con la naturaleza”.

También reconoce que la exigencia de los profesores le ayudará a convertirse en una mejor profesional. “Mi sueño es tener mi propia empresa y aplicar todos los conocimientos que aprendí”. (I)   

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