882 casos de acoso y abuso registró el Ministerio de educación en los últimos 3 años

La buena relación familiar ayuda a prevenir el abuso sexual infantil

- 30 de octubre de 2017 - 00:00
Ilustración: Bena

Expertos indican que los progenitores deben ser personas de total confianza para sus hijos. Unicef inició una campaña para concienciar sobre este rol.

Las cifras oficiales alarman. En Ecuador, desde 2014 hasta 2017 se han registrado 882 casos de acoso o abuso sexual en alumnos de primaria y secundaria. De ellos, 321 corresponden a personas externas al sistema educativo (familiares, vecinos, conocidos), y 561 a individuos relacionados con algún establecimiento.

En el segundo caso, las denuncias registradas fueron direccionadas a profesores, personal administrativo o de limpieza, autoridades y compañeros de institución.

La psicóloga clínica Daniela Vicuña sostiene que el abuso sexual a niños y adolescentes se puede prevenir a través de una buena relación entre padres e hijos.

Dicho vínculo permitirá que el niño nunca calle frente a situaciones que le desagradan o que no están bien, como que alguien le toque sus partes íntimas (trasero, vagina, busto o pene) o la boca.

La confianza que el menor tenga con su papá o su mamá será clave para detectar posibles agresiones. Vicuña destaca una regla básica para los adultos: siempre hay que creer lo que los niños cuentan. “Nunca he visto a un pequeño que mienta sobre abuso sexual”.

Con esto concuerda Ludmila Palazzo, especialista de protección del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) en Ecuador. Ella informó que la organización a la que pertenece promueve una campaña para que los adultos sean conscientes sobre la importancia de ser  una persona de confianza para los menores. “Debemos serlo para que ellos hablen sobre lo que les está pasando, indica la experta de Unicef.

En el caso de que no exista el vínculo de confianza, los niños expresan, a través de sus acciones lo que no son capaces de contar, sostiene la psicóloga.  

Indicios de abuso sexual

La pediatra Carla Montalvo enlista una serie de comportamientos o síntomas que los padres de familia no deben pasar por alto.

Si de un día para el otro un niño de 3 años se niega a saludar a algún pariente, o si un menor de 5 años llora cuando le toca ir a la escuela no lo vea como un simple berrinche o un comportamiento aislado. “El pequeño con sus acciones quizá esté alertando sobre la pesadilla que está viviendo”, sostiene Montalvo.

Los menores que pasan por este tipo de abuso suelen dramatizar  escenas sexuales con sus juguetes. También, a pesar de que ya son capaces de controlar esfínteres, vuelven a mojar sus camas.

Vicuña comenta que, cuando los niños son pequeños, las madres tienen mayor facilidad para descubrir moretones o señales en su cuerpo durante los baños.

Si el progenitor encuentra alguna marca  debe indagar las razones por las que el menor tiene la piel lastimada. “Si dice que se cayó hay que preguntar en qué lugar, con quién estaba, a qué estaba jugando cuando eso pasó, quién le ayudó. Estas respuestas darán la alerta”, indica la experta.

En el caso de los adolescentes, los especialistas recomiendan revisar su ropa para saber si está rasgada o manchada.

Asimismo, los cambios de ánimo alertan. Los chicos afectados se  vuelven callados o agresivos. Por ello también hay que poner atención a sus redes sociales, porque pueden publicar contenidos depresivos o violentos.

La pediatra agrega que pueden experimentar cefaleas (dolores de cabeza) o dolores abdominales que no corresponden a causa orgánica.

No hay que revictimizarlos

Los padres o docentes que detecten casos de abuso sexual infantil deben tomar las medidas necesarias para proteger inmediatamente al niño, en lo físico, psicológico y emocional.

El primer paso es que los padres accedan a un profesional de la salud (médico o psicólogo). Luego se debe denunciar el hecho. En el sistema académico, el rector debe informar a la Justicia y seguir el procedimiento establecido por el Ministerio de Educación.

Vicuña resalta que es fundamental no victimizar a los menores, es decir, que el niño dé una sola versión de lo ocurrido. La psicóloga explica que no se debe cuestionar la versión y que nadie (profesores, padres o personal policial) debe juzgarla.

Debido a las graves secuelas psicológicas que deja un abuso, es necesario un tratamiento continuo. Este procedimiento puede durar años, indica Vicuña. Incluso, se puede volver a terapia cuando la víctima llegó a la adolescencia. Los cambios propios de esa etapa en su cuerpo lo pueden desestabilizar.

Según la psicóloga, no solo los niños requieren tratamiento. Los progenitores también necesitan ayuda  para superar el sentimiento de culpa. (I)   

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