Punto de vista

Exotismo letal

- 21 de junio de 2016 - 12:08

Los árboles, seres fundamentales en nuestro común sistema de vida, constituyen uno de los temas ambientales más relevantes y, al mismo tiempo, de los más escurridizos y frágiles en cuanto a acciones de protección, tanto públicas como sociales y personales.

En zonas urbanas y en centros poblados rurales del país, los árboles que nos brindan su belleza y cumplen múltiples funciones ambientales pertenecen a variedad de especies, a menudo exóticas. Si bien, como prescribe la técnica en la materia, es ideal que las especies sean nativas, estos otros árboles no son entes indeseables, extirpables, desechables, como lamentablemente parecen ser tratados por las entidades ambientales. Así, funcionarios del Ministerio del Ambiente extienden permisos de tala de ejemplares no comerciales que han crecido en jardines, calles, riberas de ríos y similares, aplicando el criterio, por demás parcial y simplista, de que al ser especies exóticas son talables per se y no merecen ser protegidas. Además, perciben y ejercen su tarea en el ámbito de la tala en tanto ven como ajena e improcedente la protección.

Desde el sentido común y la empatía con los árboles, resulta evidente que no solo exóticos y nativos son semejantes en cuanto a aporte paisajístico y funcional, sino que su crecimiento ha supuesto ‘costos’: tiempo -como bien sabemos irrecuperable cuando se pierde-, agua, nutrientes y demás, en una relación en general recíproca, pues su presencia a la vez aporta a la fluidez de los ciclos naturales del aire, el agua, el suelo, la fauna, etc.

Sin embargo, eliminar árboles sin más, a veces centenarios, a nombre de la ejecución de obras o simplemente porque estorban a alguien, se justifica o banaliza bajo ese letal argumento de que se trata de especies exóticas. Verdaderas masacres forestales se han cometido por parte de las instancias locales, cuya competencia es justamente la de proteger su existencia en los territorios, es decir los GAD, sin que haya reacción, sanción y peor aún reparación ante tales atentados.

Las políticas, los procedimientos y la comprensión de las instancias llamadas a actuar en este ámbito requieren un ajuste para integrar a cabalidad la función de protección que les compete. Urge cambiar el enfoque inercial predominante centrado en la autorización de tala y, eventualmente, la reforestación, por uno integral, que contemple la protección de los árboles existentes, en particular cuando se trata de especies exóticas, condición que les ha condenado a una eliminación indiscriminada. (O)

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