Salud

Toda patología tendría una emoción oculta

- 22 de mayo de 2016 - 00:00
Foto: Internet

Especialistas explican cómo el miedo, la tristeza o la ira afectan al organismo.

La adaptación biológica es una de las fuentes de supervivencia que no solo experimentan los animales, sino también los seres humanos. Una analogía que bien podría hacerse entre alguien con sobrepeso y un camello. Mientras el animal acumula grasa en la joroba para reservar energía y agua que le permitan resistir entornos áridos, la persona con obesidad genera excesiva grasa corporal como protección hacia los demás a causa de algún trauma psicológico.

Este análisis lo hace el doctor Salomon Sellam, diplomado en psicosomática clínica humanista, en una de sus memorias sobre la obesidad desde el punto de vista de la bioneuroemoción.

“La grasa podría considerarse como un elemento comodín que el cuerpo -obediente como marinero a las órdenes del patrón, el inconsciente- la sitúa estratégicamente con distintas intenciones, tantas como obesos”.

Su metodología parte de una  premisa que señala que en la naturaleza todo está codificado, como el ADN en el organismo.

Es una tesis que surge de la biodescodificación, o bioneuroemoción, como actualmente la llaman, originaria de la Nueva Medicina Germánica (1981) inventada por el oncólogo Ryke Geerd Hamer, médico que desarrolló cáncer a la próstata pocos meses después del fallecimiento de su hijo Dirk.

Él consideró que su tumor estaba relacionado a su pérdida e inició una investigación a cientos de pacientes con un tumor en el cerebro. Su hallazgo contempló testimonios similares, llenos de tensión antes de que todos padecieran cáncer.

Su trabajo le permitió crear 5 leyes que establecen a la enfermedad no como el resultado de un estrés o trauma genérico, sino de un shock agudo, inesperado, dramático y vivido con un sentimiento de soledad. A esto lo llamó el Síndrome de Dirk Hamer (DHS), en honor a su hijo.

¿Qué es la biodescodificación?

Después de 20 años de indagar y  aplicar terapia a más de 31 mil pacientes, su teoría fue considerada una amenaza por profesionales de la medicina ortodoxa, atravesando juicios, persecuciones y hasta el cese de su práctica médica.

Pero no hubo demanda ni desacreditación que opacara sus  teorías, pues esta metodología sigue siendo la base de nuevos estudios y terapias.
Christian Fléche, psicobioterapeuta, estudió directamente con el doctor Hamer y basándose en sus propuestas teóricas, como la PNL, Hipnosis Ericksoniana y Marc Fletcher (Proyecto Sentido y Ciclos biológicos memorizados), diseñó y propuso la descodificación biológica de las enfermedades, término que hoy acuña.

De acuerdo a la biodescodificación las células del cuerpo contienen información que proviene de la herencia de la persona, de lo que sabe, siente y vive. Cada célula está codificada con dicha información, la cual activa su funcionamiento y provoca que sus tejidos y sistemas se comporten diferente. En este caso, el tratamiento consiste en activar nuevos códigos en las células para que recobren un comportamiento armónico.

El psicólogo español, Enric Corbera, reconocido por expandir los conceptos de la bioneuroemoción, asegura que el método se encarga de cambiar la conciencia de las personas. “El principal problema no está afuera, sino en nuestra propia mente, y nuestro entorno es el principal recurso que nos ayudará a entender cuál es nuestro estado interior”, reseña en su portal web.

Bioneuroemoción en Ecuador

Marcela Pazmiño, coach en la  rama, cree en la lógica detrás de esta metodología: “el neuro habla del pensamiento, y la emoción es el combustible generado con ese pensamiento,  almacenado en la parte biológica”.

Sostiene que cuando se ocultan emociones como el miedo, la tristeza, la ira y la repulsión, el cuerpo “te pasa factura”.

Si se presentan problemas en los riñones esto se asocia con la falta de liquidez, porque lo relaciona al órgano, el cual automáticamente “se protege con una piedra para que no se vaya el líquido. Hay una lógica en la biología que se activa con el pensamiento”, asegura.

La doctora Carmen Barrera comparte los conocimientos de Pazmiño porque afirma que la biodescodificación se basa en un diccionario de enfermedades que revela el significado de sus síntomas. En este sentido asegura que el miedo a la muerte suele terminar en una enfermedad respiratoria, como la neumonía o la bronquitis. “La tos, por ejemplo, es un miedo frontal que ha activado centros del tallo de la supervivencia”.

Una vez que el paciente conoce su diagnóstico, la terapia de descodificación consiste en hacer una transacción simbólica, en este caso redactar en un papel el sentimiento, traer la vivencia nuevamente, “transar con la muerte” como si se la aceptara sin temor, y romper lo escrito, un simbolismo que se grabará en el inconsciente.

El terapista Freddy Castro concuerda con sus colegas la tesis de que el estrés primero afecta la psique, pasa al cerebro y después al órgano. Pero aclara que lo que se investiga es la vida de la persona y el conflicto para luego descubrir los patrones.

Todo lo que ocurre en el momento de la concepción hasta los 3 años de edad es incluso de interés, un estudio atribuido al proyecto sentido. Se trata de la información inconsciente recibida de los padres, que permanece en la vida de la persona hasta que se hace conciencia de ello para liberarla.

Metodologías simultáneas

José Torres, certificado en el campo de la Programación Neurolingüística, piensa que la clave para disipar las enfermedades y problemas emocionales es tomar el control de la vida. Él sugiere que “si algo no funciona, debe de intentarse otra cosa”.

Una de las técnicas que trabaja junto a sus pacientes es expresar en voz alta la depresión, el dolor o la frustración en tono sexi y sensual. Una inflexión  que, por supuesto, ha provocado risas entre sus clientes pero que garantiza la disipación del enojo y el estrés. “Uno siente un masaje mental que armoniza todo el cuerpo; es responder de manera diferente, estresarse, pero de manera sexi”.

Sandra Mercado, naturista y especialista en biomagnetismo  (terapia con imanes), dice que ya es posible comprobar que las emociones son causantes de un sinnúmero de enfermedades porque están conectadas a cada órgano.

“Cuando hay una distorsión emocional es como si los imanes  golpearan la polaridad y al querer pegarlos no es posible y van a estar desalineados: uno arriba del otro”, explica.

Si el paciente tiene mucha tristeza o preocupación trata el punto emocional de acuerdo al órgano afectado y en este caso es el pulmón. Al colocar  los imanes en el cuerpo se genera una frecuencia de energías. La razón es que existe un código patógeno que tiene una correspondencia a nivel del cerebro, teoría registrada por el doctor Isaac Goiz Durán, inventor del Par Biomagnético (BMP).

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Punto de vista

Saúl Pérez
Especialista Transgeneracional
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Resonancias en el árbol genealógico

Desde el punto de vista de la bioneuroemoción, todas las enfermedades tienen una causa emocional. En el caso de una persona que padece cáncer asegura que esta ha vivido una experiencia altamente traumática, que no ha tenido la posibilidad de expresarse como realmente se sentía, ya sea por las reglas sociales o porque no ha visto una solución a su problema.

Cada una de estas enfermedades tienen su generalidad y singularidad. Por ejemplo, la generalidad del asma es un conflicto de amenaza en el territorio; la singularidad podría ser un niño que vive en un ambiente de peleas continuas entre sus padres.

Yo no diagnostico la enfermedad, sino el conflicto emocional causante. A veces no es un solo conflicto vivido, sino que hay una resonancia en su árbol genealógico, y esto también se trabaja.

Una consulta reciente fue un carcinoma in situ en el cuello del útero. Este caso estaba en fase de solución de un conflicto: no haber sido la elegida por su pareja. Realizamos un ejercicio de PNL para revivir la situación y acceder a la emoción no expresada.

Vemos el árbol genealógico y nos encontramos con la misma problemática en su madre y su abuela. Ambas fueron abandonadas por sus maridos. A continuación le pido a mi paciente que haga unos actos simbólicos, los cuales ayudan a desprogramar la información de su árbol genealógico. Dependiendo del conflicto y la historia del árbol, yo los personalizo.

Podría ser escribir una carta, posteriormente quemarla y enterrar esas cenizas con una semilla de alguna planta en concreto. También puede ser lanzarlas en el mar. Lo más importante nunca es el acto simbólico, sino el sentido que se le da a este.  

La conclusión al caso de la señora con cáncer uterino fue que no la iban a operar porque se habían equivocado y que su cuerpo solo estaba deshaciendo el carcinoma.  (O)