Las piñas de Milagro... ahora llegan de Naranjito y sus poblaciones aledañas

- 31 de agosto de 2016 - 00:00
Foto: Silvia Murillo / Diario El Telégrafo

Los agricultores de la zona, desde el 2000, le apostaron a la producción de plantas ornamentales, tabaco, cacao.

Dos monumentos: una piña rodeada por una pileta en el parque Central, frente a la iglesia San Francisco de Asís (centro de la ciudad), y otra al ingreso a Milagro por la Universidad Estatal, son los íconos que le recuerdan a quienes visitan este cantón que llegaron a la ‘tierra de las piñas’.

Si a esto se suma la frase: “No lleves piñas a Milagro”, por ahí saldrán unos cuantos que querrán cambiar la connotación y la relacionarán con la mujer.

Como el caso de Daniel Torres, quien a sus 68 años recién cumplidos, esboza una sonora carcajada al decir: “Mujeres tampoco van a traer a Milagro porque aquí tenemos para exportación”.

El nombre nació en Banco de Arena, un recinto que pertenece a Milagro y que hace 50 años, según su relato, era uno de los mayores productores de la fruta. “Mis abuelos y mi finado padre eran agricultores. El primer producto que se daba en esta ciudad era la piña. Yo la sembraba en los terrenos de mi papá. Lamentablemente ya no somos productores y me duele decirlo”.

Con nostalgia recuerda su niñez, cuando se internaba en los piñales a recoger la fruta. “En esa época hablar de 1.000 hectáreas de siembra era poco. La piña era la base para sobrevivir. Ahora cuando voy (a Banco de Arena) y no veo esas matas, la papaya natural, ese verde, me da mucha pena. Ahora todo es moderno, puro químico, y lamentablemente  —sin ofender porque todos tenemos derecho a vivir—, ahora todo es la horticultura”.

El hombre, de tez blanca y profundos ojos verdes, explica que el sabor característico de la piña que se cultivaba en la zona no se asemeja a ninguna otra y eso se debía a que “antes todo era natural, no se usaban químicos, y la cosecha demoraba entre 20 y 24 meses. Ahora en un año o 10 meses ya hay piña”.

Lo que dice Torres no dista de la realidad, pues en el recinto San Francisco de Guaví, de la parroquia Roberto Astudillo, Washington Sánchez Arana (34), obtiene la cosecha en cerca de 10 meses.

El agricultor dice que lleva 5 años dedicado a esta labor y que la fruta que él produce es natural, pero el tiempo en que la cosecha dice lo contrario.

Para Torres hablar de la piña y todo lo que encierra es una etapa arraigada en su vida. “La que nosotros exportábamos era la que llamaban ‘de vapor’. Cuando era natural medía un jeme o una cuarta, y era con caldo (jugo), eso hace 50 años”.

Dice que la familia que tiene en Alemania y España le requieren la fruta y él se las manda en tajadas, “porque no se compara (el sabor), con las que hay allá”.

A Alemania es poca la cantidad de piña que llega desde Ecuador, por lo que no es un socio comercial grande de exportación como sí lo es Chile (33%), son Reino Unido (10%) y Estados Unidos (10%).

La producción

Los datos que maneja el Ministerio de Agricultura, Ganadería, Acuacultura y Pesca (Magap), indican que en Guayas existen 1.500 hectáreas dedicadas a la producción de piña, que están concentradas en Naranjito (600 hectáreas), El Empalme (500 ha) y que en Milagro quizás haya 80.

Ricardo Rodríguez Barcia (60), bibliotecario municipal, afirma que Milagro era incluso el mayor productor del país desde el tiempo de la Colonia.

En ese sentido, Juan Grunauer, director provincial del Magap, aclara que “Milagro hace muchos años  dejó de ser la capital de piña del país” y resalta que cuando lo era, la fruta se la consumía a escala nacional, pero la que se exporta actualmente es la variedad MD2, y proviene de las provincias de Los Ríos y Santo Domingo de los Tsáchilas.

Hasta hace algunos años, esta población fue considerada como el primer productor de la fruta, la cual se expendía para el consumo nacional.

Pero los verdes piñales, que daban la bienvenida a esta ciudad —que el 17 de septiembre próximo conmemora 103 años de cantonización—, fueron cambiados por sembríos de tabaco, productos de ciclo corto y por la horticultura.

La historia plasmada en los amarillentos y vetustos libros que guarda celosamente dan cuenta de que los turistas extranjeros que llegaban al puerto de Guayaquil, hace 2 siglos, poco conocían del origen de esta fruta que degustaban en los muelles y en su largo viaje de retorno a casa. Sin embargo, destacaban su exquisito sabor.

Él considera que la frase “No lleves piñas a Milagro”, data de  hace más de un siglo y aunque en esta población —donde reina además el cultivo de caña de azúcar— ya no se produce la fruta, el dicho sí se mantiene vigente.

La Asociación de Productores de Piña del Ecuador (Asopiña), coincide con los datos del Magap en que las provincias productoras de la fruta ahora son Los Ríos y Santo Domingo de los Tsáchilas.

Grunauer explica que estas 2 provincias producen para exportar y que el primer socio comercial es Chile.

La plaza

Un sitio estratégico para encontrar la fruta es la ‘plaza de las piñas’, ubicada en la avenida Jaime Roldós. Allí convergen todos los días 30 comerciantes que ofertan su producto a los interesados que generalmente son de Cuenca, Loja, Ambato y  Machala, entre otras ciudades.

Uno de ellos es Rommel Carvajal (55), dedicado al comercio de la fruta hace más de 2  décadas. “Ahora en Milagro y sus alrededores ya no hay esta fruta como hace unos 40 años. La mejor del mundo era la de Banco de Arena”.

Al inicio, Carvajal se muestra desconfiado, mira a sus compañeros, quienes lo observan desde sus puestos y con la mirada lo interrogan. Al abordarlo inicia con una especie de ‘cátedra’ explicando los tipos de piña que ahí se vende.

“Aquí va a encontrar la grande, pareja, barba, rebarba, bola, coco y coquillo, y las que salen con enfermedad se llaman: picadas”. Él se refiere a la variedad en tamaño.

“Milagro siempre fue productor de piña, pero ya no se siembra. Ahora la fruta viene de más arriba de Naranjito”.

El hombre coincide con Torres en que lo que caracteriza a la piña que se producía en Milagro era la “jugosidad”, porque “las otras son medio fofas”.

Los días más propicios para la venta, según él, son los lunes, jueves y a veces los viernes, en que llegan camiones de la Sierra a llevarse la fruta.

Aún así, dice que el mercado se está llenando de este producto y que se echa a perder, “se abomba”, debido a la restricción que hay en Huaquillas, El Oro, para su ingreso.

El vendedor habla también de una competencia desleal, pues los que a veces compran no se van sino que se quedan haciendo reventa.

Los precios

Sobre los costos de la fruta, Carvajal hace su analogía: “Es como la marea que sube y baja. Cuando hay más demanda el productor le echa madurador que es perjudicial para la salud”.

Señalando la fruta y echando un vistazo alrededor dice que la compra generalmente se hace por docena, pero a veces sus ‘colegas’ la venden por carrada. “Hay que saber comprar porque a veces las venden mezcladas”.

Una vez que ha detallado la realidad en este pequeño mercado, donde también se comercializan melón, sandía, papaya, verde, aguacate y otros productos, aclara que los vendedores que “son conscientes” piden por una piña grande $ 1,50. Sin embargo, no deja de señalar a aquellos que quieren sacar más provecho y las venden en $ 2 y hasta $ 2,50. “El precio varía según el porte”.

Carvajal nació en el sector de Malecón y Vargas Torres, donde quedaba la antigua ‘plaza de las piñas’. Creció en ese ambiente y poco a poco se fue empapando de todo lo relacionado con el negocio. Sin embargo, un poco avergonzado, revela que hizo un pare de algunos años, pues el dinero producto de la venta de la fruta se lo gastaba en licor.

Luego de someterse a un proceso de rehabilitación siguió el consejo de un amigo que le recomendó que comprara y vendiera piña. Lo hizo y no le ha ido mal. “Al día me gano entre $ 25 y $ 30, y hasta más cuando la producción es buena”.

Otro de los problemas que él visualiza es que cuando comienza a subir la demanda, “el productor se aloca y le echa madurador a la fruta, que no influye mucho cuando ya está hecha —o sea— bien abierto el ojo; esa es casi natural. A muchas partes de la Sierra la llevan cuando aún está verde o ya pintona, sobre todo a Loja”.

Pedro Morán, un extécnico del Magap y nativo de la zona, hace una reflexión: “Milagro era la tierra dulce, pero ahora solo tenemos el dulce de la caña, ya no de la piña”.

El hombre, conocedor de la realidad del agricultor guayasense, precisa que la crisis, la modernidad y hasta los insectos han hecho que el productor deje la piña a un lado y se dedique a la siembra de tabaco, cacao, y a la horticultura.

“Los suelos empezaron a ser apetecibles para los insectos, los hongos y todo eso; entonces (los agricultores) sacaron la piña y se metieron al banano, al cacao, a la caña”.

Dice que los extensos piñales migraron hacia los recintos San Francisco, Primavera, El Rosario, en Naranjito, y a Betania, El Batán y San Pedro, en Bucay. También a Quevedo.

Sobre la frase: “No lleves piñas a Milagro”, con nostalgia menciona: “Éramos piñeros, pero ya no tenemos piñas”. (I)

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