La primera eyaculación es una luz de alerta

- 21 de mayo de 2018 - 00:00

Los cambios que se dan en la pubertad de las niñas son mayormente tratados que los que se dan en los niños. en ocasiones se deja que ellos aprendan por cuenta propia acerca de su crecimiento.

Que una niña comente a sus padres que ya tuvo su primera menstruación, más que asombro les causa alegría y tal vez un poco de nostalgia porque su hija ya es una señorita. Incluso, este acontecimiento a muy pocos padres los coge de sorpresa, pues suelen estar pendientes del crecimiento de la niña.

Pero qué tan común es que un niño diga abiertamente: “ya tuve mi primera eyaculación”.

Lo cierto es que la menarquia, la primera menstruación, se ha robado el protagonismo en temas de educación sexual, sobre todo puertas adentro del hogar. La semenarquia, como se denomina a la primera eyaculación, es un tema que se ha quedado en el olvido.

Al preguntar a varios hombres sobre este asunto, muchos concuerdan en que nunca lo hablaron con sus padres y si lo hacían, era exclusivamente con su papá. Lo más común es que lo conversen con sus amigos, o simplemente que lo averigüen por su cuenta.

La primera eyaculación es uno de los acontecimientos que vivirá el niño durante la pubertad. En ellos, este paso de niño a adulto se da entre los 9 y los 14 años de edad. En esta etapa de transición se desarrollan sus caracteres sexuales y su capacidad reproductiva. Según la endocrinóloga Katty Játiva, el primer cambio que ocurre es el crecimiento testicular.

A partir de que los testículos empiezan a crecer, estos tienen dos funciones, una es producir hormonas, especialmente la testosterona y la otra es producir espermatozoides, lo que da paso a su capacidad reproductiva.

Por lo general, la primera eyaculación llega entre los 12 y 14 años de edad. Esta es espontánea e involuntaria. Aunque no es exacta, en un año el menor podría ya ser fértil.

Las erecciones también son frecuentes. Pueden ocurrir varias veces en el día. De igual forma, se presentan de forma involuntaria o motivada por la masturbación.

Como padres no deben alarmarse ante esta realidad, pues son cambios fisiológicos y normales. Debe causar preocupación si estos no suceden. El problema es que la sociedad suele estar más pendiente de si la niña menstrúa o no, de que si el niño tiene o no su primera eyaculación.

Otro tema tabú es el de la masturbación. Debe saber que el niño que está en la pubertad también empieza a sentir placer. Se considera que el 90% de ellos se masturba. Algunos especialistas dicen que lo hacen mínimo tres veces a la semana. Játiva explica que se trata de una práctica frecuente y normal. 

La masturbación, al igual que la semenarquia, es un tema que está ausente en las conversaciones entre padres e hijos. El problema es que al verlo aún como algo prohibido y no como algo natural, el joven lo hace rápido, para que nadie lo descubra, en un ambiente poco cómodo. Según Játiva, esto puede crear los antecedentes para que luego sufra de eyaculación precoz.

Según la psicóloga clínica María de los Ángeles Núñez, especializada en sexualidad, se habla tan poco de estos temas que incluso existen adultos desinformados al respecto. Recomienda que en primer lugar los padres nutran bien sus conocimientos sobre la pubertad en los niños para que sean una guía adecuada.

Pero para llegar al tema de la semenarquia con los hijos, se les debe empezar a dar una apropiada educación sexual desde que son pequeños. Nuñez considera que a los cuatro años, por ejemplo, cabe explicarles, con un lenguaje acorde con la edad, sobre qué son las relaciones sexuales, y cuál es la diferencia con “hacer el amor”. Desde entonces, poco a poco se debe hablar de cómo su cuerpo irá creciendo.

La psicóloga aconseja que se empiece a tratar el tema de la eyaculación desde los 11 años.

Es igual de importante que se converse con los términos correctos, que el niño sepa cómo se llama cada parte de su órgano genital, para que después conozca qué cambios este tendrá. No olvide responder todas sus inquietudes respecto a su cuerpo y a la sexualidad.

“Tener curiosidad sexual no es malo, lo que es nocivo es encontrar una respuesta en el lugar inadecuado con la persona que no corresponde”, dice Núñez.

Tome en cuenta que si no se informa a los chicos sobre estos acontecimientos en la pubertad ellos podrían pensar que están haciendo algo mal o que se están haciendo algún daño. No los deje en el desconocimiento.

Pero lo fundamental de los cambios es que adquieren la capacidad reproductiva, de ahí la importancia de una buena educación sexual para que no hayan embarazos no deseados o contagio de alguna enfermedad.

“La semenarquia es una luz de alerta de que los padres tienen que hablar con el menor sobre las relaciones sexuales porque su hijo ya está produciendo espermatozoides”, aclara Játiva.

Aunque por lo general se deja que la madre hable con la niña y el padre con el niño sobre sexualidad, es recomendable que ambos puedan conversar con sus hijos, sin importar cuál sea su sexo. Si no existe esa confianza, acuda a un especialista para que controle el desarrollo de su hijo.

Además considere que los niños bien informados serán solidarios con otros niños. Como cuando una mujer se mancha la ropa con sangre menstrual y algún compañero le presta su chompa para cubrirse, lo mismo debe suceder con los niños cuando tienen erecciones espontáneas o eyaculaciones sorpresivas. Así no habrá espacio para burlas y podrán manejar correctamente la situación . sd

Tome nota

Si su hijo tiene entre nueve y 14 años, debe estar pendiente si se da el crecimiento de los testículos, esta es la primera característica que indica que la pubertad inició. La sensibilidad de estas glándulas sexuales se suma a la serie de cambios.

Los padres son los primeros responsables de informar a su hijo sobre la alteración que vivirá su cuerpo durante la pubertad. Algunos de estos son: crecimiento de los testículos y el pene, aparición de vello en el pubis y las axilas, sus músculos crecerán, su estatura aumentará, la voz se les hará más gruesa y el vello facial también se hará presente.

Asimismo, los tutores deben conversarles que con esta maduración biológica, si ellos empiezan a tener encuentros sexuales de cercanía y estimulación de sus genitales, o relaciones carnales con coito, pueden embarazar a la pareja o adquirir una enfermedad de transmisión sexual.

Es de gran ayuda que el padre cuente a su hijo su experiencia durante su pubertad, así el niño podría estar preparado. Si los progenitores no tienen la confianza para hablar de estos temas, deben acudir donde un especialista que, primero, examinará los genitales del menor y lo guiará en este proceso. (I)

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