El cambio de escuela se lo evalúa en familia

- 09 de abril de 2018 - 00:00

Una transición rápida y con el menor impacto es la principal misión de los padres, maestros y psicólogos. Hay que propiciar espacios de comunicación donde el estudiante pueda expresar libremente cómo se siente.

Bruno tiene 9 años, está por cursar el quinto curso de educación básica, pero por diversos motivos se ha visto obligado a continuar sus estudios primarios en otro plantel educativo. Dayana -su madre- muestra preocupación sobre la adaptación de su pequeño a su nueva escuela, pues en su establecimiento de procedencia tenía muchos amigos y ahora le tocará iniciar de cero y adaptarse a un nuevo ambiente y normas.

La psicóloga educativa Melissa Cuje explica que cuando un niño se ve obligado a cambiar su lugar de estudios, eso puede causarle serios inconvenientes emocionales y académicos que deben ser atendidos tanto en casa como en las aulas. “Es importante que todas las partes colaboren, es un trabajo tripartito entre docentes, el Departamento de Consejería Estudiantil (DECE) y padres que los niños logren esta transición rápidamente”.

Cuje menciona que entre los problemas que puede conllevar este cambio repentino están la depresión, la introversión, bajas calificaciones y cambios de conducta, como agresividad o falta de comunicación. Por eso, la orientadora recomienda a los padres mantener charlas honestas con sus hijos, en los que les explique -en caso de tener edad suficiente para entender- los motivos del cambio y que no se trata de alguna forma de castigo. “Hay que intentar convencer a los hijos que esta es una oportunidad de hacer nuevas amistades e intentar ponderar los aspectos positivos del nuevo lugar”.

Ana Jurado, orientadora de la Unidad Educativa Cristóbal Colón de Guayaquil, coincide en que minimizar el impacto de la experiencia debe ser un trabajo conjunto. “Hay que tener charlas con el niño donde pueda decir con libertad cómo se está sintiendo, qué le gusta, qué le está molestando, en qué está teniendo especial dificultad y, a partir de esto, trabajar con quien corresponda para mejorar la situación”.

Jurado asegura que el DECE debe iniciar el proceso de adaptación incluso antes de que comiencen las clases. “Es recomendable que los niños y jóvenes conozcan con antelación la institución, a sus futuros maestros, inspectores, su salón de clases, los reglamentos, así se sienten parte de la decisión del cambio de plantel y no como una decisión arbitraria tomada sin tener en cuenta su opinión. Muchos colegios realizan integraciones previas al inicio del año lectivo, justamente para que los niños nuevos no tengan que pasar por todo el impacto de golpe en un primer día de clases”.

Además, explica que el proceso es diferente, dependiendo de la edad del estudiante. “En los niños pequeños suele ser más fácil la adaptación, ya que ellos aprenden y se integran mediante el juego; los adolescentes, en cambio, crean lazos y se ajustan al grupo, dependiendo de los intereses en común que tengan con sus compañeros, a partir de esto surge la afinidad y construyen lazos que llevan a la aceptación”.

Las orientadoras manifiestan que cada niño y adolescente es un mundo y que cada cual se adapta a su ritmo. “Hay niños que en cuestión de unas pocas semanas ya se encuentran a gusto en el nuevo colegio, hay otros a los que les puede tomar unos cuantos meses; incluso hay casos en los que puede transcurrir todo el año y no terminan de adaptarse”.

Las psicólogas coinciden en la formulación de actividades donde se incluya ayuda especialmente a los niños, pero que en los adolescentes es mejor que ellos busquen por su cuenta el mejor espacio para adaptarse. “Muchas veces los niños pueden mostrar poco interés o incluso pueden aislar a los nuevos, es por eso que los maestros deben diseñar actividades en las que los estudiantes puedan darse cuenta de sus intereses en común, que a la larga son los lazos que logran amistades sólidas y duraderas”.

Cuje finaliza advirtiendo que no hay que descuidar los   aspectos externos que llevaron al cambio de colegio. “Puede que, por ejemplo, los padres se hayan divorciado y que eso haya causado el cambio. Se debe evaluar cómo le está afectando al niño y si aquello incide en su integración. El seguimiento debe ser constante”. (I)  

Sugerencias
Es importante que en el proceso de transición intervengan todas las partes involucradas: los padres, los orientadores y los maestros. La comunicación entre las tres partes es imprescindible para manejar las dificultades durante la integración.

Conocer la nueva institución, a sus compañeros, autoridades y maestros, previamente al inicio del año lectivo, puede ayudar a que el estudiante nuevo no se sienta tan abrumado y que la experiencia del primer día y su integración en general sea más llevadera. Los colegios y padres deben organizar actividades para ayudar en este objetivo.

Los niños en edad escolar tienden a adaptarse con mayor facilidad y rapidez. En el caso de los colegiales, el proceso puede tomar más tiempo, pues es recomendable permitir que el adolescente busque por su cuenta y a su ritmo el espacio donde se sienta más cómodo.

Los padres deben conversar mucho con sus hijos para conocer cómo les va en el nuevo plantel. Se recomienda hacer preguntas abiertas, como: ¿qué hiciste en el colegio?, ¿qué cosas nuevas aprendiste hoy?, en vez de preguntas cerradas como: ¿cómo te fue en el colegio?, ¿te caen bien tus compañeros? (I)

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