Ciudadanía

Cuenca, una ciudad poco amigable con los no videntes

- 18 de septiembre de 2016 - 00:00
Incluso, algunos parques como el de Chaguarchimbana no les permite caminar libremente a las personas con discapacidad visual, por su estructura levantada con piedra.
Fotos: Fernando Machado/El Telégrafo

El transporte, las calles, los semáforos no están concebidos para ellos. Existe una ordenanza, pero no se pone en práctica.

“Las ciudades en el mundo fueron diseñadas para quienes pueden ver, de eso no hay duda”, a esa conclusión llega Alcívar Vega, un no vidente que esquiva, a diario, los obstáculos que encuentra a su paso.

Esta afirmación no está lejos de la realidad, al menos en Cuenca, donde estas personas tienen más problemas que facilidades para su movilización.

El transporte público (buses) es el primer obstáculo para la mayoría de ellos. Cuando lo utilizan, muchos están acostumbrados a escuchar el anuncio de cada parada. “Con eso nosotros nos dirigimos y sabemos dónde quedarnos”, dice Vega, que también es líder de la Unidad Educativa Sonva.

El presidente de la Cámara de Transporte, Wilmer Bravo, señala que el 98% de los audios en el transporte está en funcionamiento. “Quizás este momento algunos vehículos no están georreferenciados por las obras del tranvía y donde necesariamente se tiene que hacer cambios en las rutas”, indica.

Según Vega, existe una ordenanza que les ayuda y les permite movilizarse en la ciudad, pero no se cumple.

“En ella se indica que el transporte público debe brindar todas las facilidades para que se puedan trasladar de un lugar a otro”. Agrega que muchas veces los conductores, en lugar de anunciar las paradas, prefieren poner la música en alto volumen, pero también hay casos, en los cuales este sistema no funciona. Al no tener este dispositivo, los no videntes tienen que  preguntar a otras personas en qué lugar de la ciudad están.

Otro de los problemas que deben enfrentar son  las parrillas para depositar la basura, la mayoría de las cuales no son retráctiles y están colocadas en las paredes o muros de las casas.

“Cada día llegamos con golpes en la cabeza, o en los hombros”, indica de su parte René Morocho, un joven que tiene apenas el 25% de visión. Él perdió la vista hace 4 años, luego de una sufrir una caída en el sector denominado “antenas de Turi” mientras practicaba ciclismo de montaña. Cada vez que cruzan la calle, viven un verdadero “vía crucis”.

Hace 4 años funcionaban unos pitos en los semáforos, pero ahora han desaparecido.

En ese entonces, los dueños de viviendas en el centro histórico de Cuenca se quejaban de que por las noches estos artefactos hacían ruido, por lo que se procedió a quitarlos. Sin embargo, nadie tomó en cuenta su utilidad para las personas con esta discapacidad.

“Vamos a ver qué pasó con estos dispositivos, pero si es necesario y si eso ayuda a estas personas, los pondremos en funcionamiento de nuevo”, dijo Manolo Cárdenas, funcionario de la Empresa de Movilidad (EMOV). Pero no todo está perdido, como los no videntes aseguran. Las calles por donde pasará el tranvía, ahora disponen de una baldosa podotáctil, la cual ayuda a guiar a las personas con discapacidad visual.

Algo similar funciona desde la administración municipal anterior en la avenida Remigio Crespo Toral, donde la baldosa permite que estas personas se movilicen. En el aeropuerto de Cuenca, las puertas tienen sensores y se abren automáticamente. Algo parecido sucede en el Mall del Río, donde también existe este tipo de ayudas para los no videntes.

“En el edificio de la alcaldía un ascensor, cuyos números están en braille, ya funciona”, dijo Rafael Auquilla, un no vidente que camina con frecuencia por las calles de la urbe.

En la provincia del Azuay viven aproximadamente 8 mil personas con esta discapacidad, la mayor parte está concentrada en Cuenca. (I)

Hugo Trujillo se moviliza todos los días por la ciudad de Cuenca con su bastón. Según él, existen muchos obstáculos en las calles que le impiden caminar con seguridad.

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