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Colta guarda los restos de la antigua Riobamba

- 25 de junio de 2018 - 00:00
Fotos: Roberto Chávez / SD

A través de los años se han recolectado pinturas, huesos y edificaciones que formaron parte de la capital de Chimborazo y ahora están en dos museos de este cantón.

El cantón Colta conocido como la “Cuna de la nacionalidad ecuatoriana” guarda entre sus hermosos paisajes y sus calles estrechas de piedra, la historia de la antigua ciudad de Riobamba, su destrucción y los vestigios que ahora forman parte del turismo de la zona.

Paredes incompletas que forman un cerramiento, pisos de ladrillos cuadrados, pilares de antiguas iglesias, pinturas al óleo, documentos históricos, canales de agua que se observan entre el césped y las flores, son algunas de las cosas que aún persisten de las decenas de edificaciones que se perdieron en el terremoto de 1797.

Los lugareños conocen todos los detalles  de la historia, pues la han repetido constantemente a quienes visitan el cantón. “Se dice que Riobamba en esa época tenía grandes perspectivas de crecer, había abundancia en agricultura y ganadería, se asentaron familias aristocráticas, apuntaban a un buen progreso económico”, señala Martha Cuello, habitante de esta localidad.

El libro “Chimborazo y su Gente” menciona que en ese tiempo se conocía a la comarca como la “Villa de San Pedro de Riobamba”, ya que aún no era considerada una ciudad. Sin embargo en 1623 se le dio el calificativo de ser una zona “muy noble y muy leal”.

“Posterior a 1745, Pedro Vicente Maldonado solicita a España que se le asigne el título de Ciudad, argumentando que la Villa era mejor que muchas que tenía España, contaba con todos los servicios públicos, religiosos y políticos, era privilegiada, incluso funcionaba el convento de las Madres Conceptas”, manifiesta Carlos Puente guía del lugar.

La Villa estaba entre las tres más grandes del país debido a su crecimiento en la geografía urbana colonial. Tenía 21 parroquias principales, el comercio era poderoso y dinámico, la abundancia de ganado lanar hizo que se establecieran fábricas de ropa, paños, tapices y bordados.

Adicionalmente, la ubicación de Riobamba era importante para los vendedores y compradores, ya que podían movilizarse al norte hacia Quito y Pasto y al sur a Cuenca, Piura y Lima.

En el cantón Colta, aún siguen intactas construcciones de piedra de lo que era la ciudad de Riobamba, en su nacimiento. Los turistas visitan esta zona.

Decorados internos de las viviendas
Según un estudio realizado por el Cabildo de Colta, las casas en el área urbana eran adornadas con variados objetos, entre ellos; espejos, cristalería fina, vajillas de plata y ornamentos que llegaban desde otros países como China y Japón.

“Las técnicas de construcción de las casas señoriales eran las mejores que se conocían en la época, los propietarios se esforzaban por demostrar su buena posición económica”, indica el documento.

Mientras que en el área rural el adobe, el bahareque y el tapial eran los materiales para la edificación de viviendas. Los techos se elaboraban sobre la base de paja, lo que marcaba la diferencia entre los hacendados y los trabajadores indígenas.

El devastador terremoto
El 4 de febrero de 1797, cerca de las 07:00, un terremoto sacudió a la Villa. Las personas corrieron despavoridas, grietas de grandes proporciones abrieron los pisos y el cerro Culca, se desprendió de forma súbita y cubrió  tres barrios.

Según un informe del Instituto Geofísico de la Escuela Politécnica Nacional, “el terremoto fue uno de los más grandes del continente”. Otros manuscritos lo catalogan como “el temblor más formidable que se haya experimentado desde el descubrimiento de América hasta aquel día”.

Producto del movimiento telúrico 30.000 personas perdieron la vida entre ellos, autoridades como el Alcalde. “Solo 12 monjas del monasterio se salvaron, las otras murieron aplastadas y aunque el cura de Riobamba, Joaquín Lagraña se salvó, miles murieron pues en ese momento estaban en misa”, señala el libro del “Terremoto al Luterano”.

El escrito alude a los ríos que pasaban por medio de la Villa, los mismos que crecieron y arrastraron varios escombros por las calles de la destruida población.

“El terreno se convirtió en una ciénega y de la laguna de Colta descendieron torrentes sobre el campo inundando todo a su paso”, se relata.

Posteriormente la escena fue desgarradora, los cadáveres estaban por diferentes lugares, mientras otros se quedaron bajo toneladas de tierra. Los 400 habitantes que sobrevivieron buscaron la manera de seguir con sus vidas dejando atrás a la Villa y buscando un lugar más seguro para vivir con sus familias.

Vestigios y osamentas
En 2015, mientras el ayuntamiento colteño realizaba trabajos de alcantarillado encontró osamentas que se presumía habrían pertenecido a una religiosa ya que fue hallada en el sitio en el cual funcionaba el monasterio y entre sus costillas se halló un medallón.

A través de los años se han recolectado varios objetos, pinturas, huesos y edificaciones que formaron parte de la antigua ciudad de Riobamba y que en la actualidad están en dos museos ubicados en el centro de Colta.

Los hallazgos son parte del patrimonio histórico de la ciudad y se conservan para que los turistas puedan conocer más sobre la historia del Ecuador.

“Nos gusta llegar a Colta pues es como viajar en el tiempo, se mira a los montes y uno piensa lo terrible que fue ese evento que mató a miles de personas”, remarca Lorena Oleas turista riobambeña. (I)

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