Manabí canta chigualos en Navidad y Año Nuevo

17 de diciembre de 2017 - 00:00
El montaje de un pesebre en el barrio Córdova en la parte alta de Manta se realiza entre vecinos, siempre por las noches para aprovechar la frescura del ambiente.

Chigualar, de chigualo, significa cantar. Y es cantar en verso al Niño Jesús. Todo empieza en diciembre. Se trata de una costumbre que nació en la zona rural de Manabí y luego se extendió a ciertos lugares de la urbanidad de la provincia. Todo gira alrededor de los pesebres y arreglos navideños que en Manabí se acondicionan en los exteriores de las viviendas. De preferencia están en los portales o en espacios abiertos donde se pueden agrupar los chigualeros (asistentes a las novenas de Navidad).

 En la zona norte de la provincia, desde Tosagua, pasando por Chone, Bolívar y Junín, dirigiéndose hacia Flavio Alfaro, El Carmen, Jama, Sucre y Pedernales, por el centro Rocafuerte, Portoviejo, Santa Ana, Olmedo y hacia el sur por Montecristi, Jaramijó, Manta, Jipijapa y Puerto Daniel López, se escuchan las coplas de chigualos desde antes de Navidad y hasta febrero, cuando culmina con las fiestas de Las Candelarias, que es el preludio del inicio de la temporada de lluvias.

 En Manta, en pleno barrio Córdova, en la Calle 17 y Avenida 7, desde el 9 de diciembre empezaron los vecinos del lugar el armado del pesebre. Lo hacen por las noches, el ambiente es fresco y los amigos son más participativos a esa hora, comenta Ángela Chica, líder de la iniciativa del pesebre. Aunque empezó hace 20 años, doña Ángela

-como la conocen los moradores- afirma que en la actualidad los nacimientos son más pintorescos. Con la ayuda de su esposo Roberto Morales, de sus hijos, nueras, nietos y vecinos se hace fácil el montaje. Es rápido, una casa montuvia a escala de caña guadúa y madera con techo de cade (hojas de palma de tagua) es el sitio donde se escenifica el pesebre. Luces LED controladas por un dispositivo electrónico le da el toque de modernidad.

 Una vez todo listo empiezan los rezos de la novena. Roberto sabe que después de 40 minutos se vienen los chigualos, los juegos de ronda y otras actividades que le ponen el color y el sabor a la Navidad manabita. La tradición se mantiene en el barrio Córdova de Manta, gracias a la ayuda de jóvenes interesados en que estas costumbres no desaparezcan. Pero, ¿de dónde proviene el chigualo?

 Según el historiador manabita Domingo Nevaldo, no se sabe el significado de la palabra chigualo, sin embargo la  tradición llegó con los españoles a Manabí. Hasta 1950,  el 75% de la población vivía en las zonas rurales de la provincia, por ello el chigualo se convirtió en una costumbre de los habitantes de la ruralidad. “La Navidad -afirma Nevaldo- en los campos era diferente que en  la zona urbana”. Los chigualos son los villancicos manabitas. Se trata de cuartetos de métrica corta que se improvisaban de acuerdo con la ocasión. Por ejemplo: “Niñito bonito, carita rosada a quien no te quiere cantar le arrojamos agua, qué alegría siente mi corazón de saber que viene el Niñito Dios, cómo está Niñito, ¿cómo está usted, qué tal ha pasado desde que se fue?”.

 A ritmo de chigualo avanzan las novenas, a lo largo de Manabí, aunque con mayor énfasis en los cantones norteños de la provincia. “Para matizar la fiesta, los juegos de ronda le dieron el valor agregado a esta fiesta montuvia”, afirma Raimundo Zambrano, uno de los referentes de la tradición oral de Manabí.

Son cantos en forma de versos, algo muy parecido al amorfino, pero esta vez dirigidos al Niño Dios, por ello, a juicio de Zambrano, lo que empezó como una tradición del montuvio se ha convertido en toda una fiesta popular. “Es la Navidad al puro estilo manaba”.

Una de las características que destaca Zambrano es que la fiesta del chigualo no es una fiesta consumista, quienes acompañan a los rezos de las novenas y luego participan lo hacen porque sienten esa esencia de lo manabita. “Después de 1951, cuando empieza la migración de la gente del campo a la zona urbana, entonces los chigualos también migran”, afirma Nevaldo. Los campesinos empiezan a salir a las ciudades más grandes de Manabí, Manta y Portoviejo.

El historiador indica que los montuvios llegaron a las periferias de ambas ciudades, lo hicieron con sus familias; también arribaron  con sus tradiciones, entre ellas los chigualos. Desde entonces, el chigualo se urbaniza y sigue su tradición, ahora con mucho sustento con los temas culturales y de la ancestralidad. Ahora los siguen cantando y contagiando a sus vecinos. (I)

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