Los canes ya no saben cómo es tener vida de perros

La cercanía con sus dueños les permite gozar de muchos beneficios, desde disponer de peluqueros hasta médicos de cabecera.
14 de agosto de 2016 00:00

Desde que el hombre mandó al espacio a la perrita callejera Laika y esta se fundió con las estrellas en un viaje sin retorno, hasta el bienaventurado Arthur, un can cuya suerte cambió drásticamente luego de recorrer 430 millas (692 km) por la selva ecuatoriana acompañando a un competidor que le cayó bien, lo que llaman vida de perros ha quedado seriamente bajo sospecha.

Pues sí, el llamado mejor amigo del hombre ha hecho uso cabal de esa condición y ya no es solo un allegado cariñoso que hace gracias y cuida la casa, sino un miembro más de la familia.

Ejemplo de este cambio de estatus perruno es Atila, un pastor alemán para el que su dueño, Roger Ramón, no escatima ningún gasto: tiene comida importada, lo llevan al veterinario regularmente, en su casa de Samborondón tiene un espacio reservado para él; cuando se va de viaje, igualmente, lo hace en condiciones ventajosas y, como si esto fuera poco, el día que deje de ladrar y mover la cola, tiene separado un lugar en un cementerio de mascotas. Lo dicho: tal como si fuera un miembro más de la familia.

Ramón, un agricultor bananero de Machala, considera que su animal merece todos los cuidados necesarios para que lleve una vida acorde a su condición “familiar”.

“Me preocupo por él, no solo por el cariño que le tengo, sino porque puedo darle lo que necesita. Hay familias que quieren a sus animales pero no pueden, por ejemplo, hacerles cortar el pelo, desparasitarlos y cubrirles otras necesidades. Esto también es un asunto de solvencia económica”.

Una cuestión afectiva

Lo dicho por Ramón tiene sus peros. Y quien los pone es la doctora veterinaria Jessenia Fernández, dueña del cementerio de mascotas Campo Feliz (km 16 vía a Daule) —el único que hay en Guayaquil—, para quien las atenciones a una mascota no dependen de la situación económica, sino de los sentimientos hacia ella.

“Nosotros hemos ido a ver mascotas hasta la Isla Trinitaria, al fondo, de donde dicen que uno entra con ropa y sale desnudo. Asimismo, hemos visto mascotas tiradas en la basura en ciudadelas como Urdesa. Entonces, es una cuestión afectiva más que material”.

Los costos de sus servicios tienen que ver, sobre todo, con el peso del animal: a mayor peso, mayor costo, tanto para la tumba como para las cremaciones.

“Nosotros ofrecemos a los clientes 3 tipos de servicio: cementerio, cremación individual y cremación colectiva. El precio del cementerio oscila, según el peso del animal, de     $ 450 a $ 650, y se firma un contrato por 4 años; la cremación individual va de $ 120 a    $ 250 y la colectiva, $ 70”, afirma Fernández, quien tuvo la idea de instalar un cementerio luego de sufrir la pérdida de Keiko, una perrita que le obsequió su esposo y que la acompañó por varios años.

Habría que deducir que, en general, los gastos que generan las atenciones de las mascotas dependen de las posibilidades de sus dueños.

A ponerlos guapetones

Pet Wash, ubicado en la Garzota, al norte de la ciudad, es uno de los lugares en donde los perros van a embellecerse.

Mauricio Jiménez, uno de los que atiende en el sitio, precisa cuáles son los costos.

“El servicio que damos incluye corte de pelo, arreglo de uñas y limpieza de orejas. Si el perro es de raza pequeña o mediana, cuesta $ 12, pero si es de raza grande, $ 15”.

Según Jiménez, los champús y jabones que utilizan son extranjeros, lo cual le da “exclusividad” a Pet Wash.

Hay que señalar que, como en casi todo servicio, los costos de hacer atender a una mascota están sujetos al sector o lugar adonde los lleven. No es lo mismo hacerlo en un local de la ciudadela Kennedy que en el suburbio oeste.

Evelin Villegas, exreina de Engabao, vive desde hace 3 años con su pareja y no ha tenido hijos; en su reemplazo, literalmente, está Poppy, un husky siberiano próximo a cumplir 5 meses con el que comparte sus días en lo alto de una terraza desde donde el mar es una sana tentación.

Villegas gasta, en promedio, mensualmente, $ 27 en comida y en vitaminas $ 10. En atención médica gastó, en los primeros 4 meses, un aproximado de $ 100. “El gasto grande es cuando se enferman”, comenta Evelin.

Especialistas para todo

Eso, la salud, es quizás una de las mayores preocupaciones de quienes tienen perros, pues, al igual que una persona, las dolencias no le son ajenas.

Según la doctora Fernández, hay cardiólogos, radiólogos, dentistas y traumatólogos especializados en perros. Uno de ellos es José Jaramillo, especialista en Traumatología.

En su consultorio no hay tarifa fija en cuanto a consultas, pero la mínima, una revisión básica, cuesta $ 40.

“Las afecciones más comunes son fracturas en las extremidades inferiores y superiores. Dependiendo del caso, por ejemplo, la fractura de un hueso largo de perro puede costar de $ 250 a $ 300 y las de un gato, $ 200.”

El especialista aclara que sus tratamientos son quirúrgicos, lo cual implica puesta de placas o de clavos. Otra de las afecciones más comunes son las enfermedades transmitidas por garrapatas. En ese caso, el tratamiento —que demora de 3 a 4 semanas— puede costar hasta $ 300, con medicinas importadas.

En hoteles 5 estrellas

En cuanto al tema de los hoteles o alojamientos para perros o mascotas, el servicio, al menos en Guayaquil, no cuenta con mucha demanda. Hace un año, por ejemplo, cerró Dog Spa, uno de los más solicitados. Las razones de su cierre se desconocen, pero se sabía que en el lugar muchas familias dejaban encargadas a sus mascotas cuando viajaban y no podían llevarlas.

El Hotel Oro Verde, uno de los más importantes de la ciudad y considerado como de 5 estrellas, tiene un espacio reservado y acondicionado para las mascotas, pero fuera del hotel, en el parqueadero.

Nadia Alvarado, quien labora allí, asegura que cuentan con espacio propicio para los animales, generalmente perros. El alojamiento de estos no tiene costo adicional para sus dueños, quienes, asimismo, se encargan de su cuidado y alimentación. El sitio es solo para que pernocten.

“Sí ha habido casos en que algunas personas que tienen alguna discapacidad, por ejemplo, no ven, y necesitan de un perro que los guíe. A ellos sí se les permite estar dentro del hotel, pero con la autorización de la gerencia, es decir, son casos especiales”. (I)

Hoy en día, los perros, tal como cualquier persona, tienen especialistas que se encargan de su salud. Hay dentistas, cardiólogos, traumatólogos, radiólogos, entre otras especialidades médicas.
Foto: cortesía de Evelin Villegas
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