Escuchar con el oído del alma

08 de junio de 2014 00:00

Hay citas a ciegas. Los periodistas acostumbramos a hacer este tipo de citas. Entonces nuestro oficio nos pone a transitar por la vida con los sentidos alertas. Preguntar, ver, dudar, escuchar, interpretar, percibir… no son suficientes. Hay que sentir... Hay que hacer sentir.

Nuestra séptima cita fue a ciegas, entre ‘sordos’, solitarias, solitarios, ‘amarguras’ y cafés, entre fanáticos y cantos de ballenas; cábalas y signos del zodíaco; políticas y banalidades. Es que no hay periodismo posible al margen de los otros seres humanos. Somos tan diversos. Por tanto nuestras responsabilidades como periodistas se multiplican porque la multiplicidad del mundo así lo exige. “Somos periodistas de la contemporaneidad”, nos recordaba como un necio el gran Ryszard Kapuscinski.

Somos los habitantes de la Comunicación. Así nos llama Omar Rincón. Y sí la habitamos. Sabemos que la vida no es tan simple, lineal y homogénea dentro de las prácticas y saberes simbólicos. Él mismo nos dice: “La Comunicación es un lugar de la complejidad, la inestabilidad, la fuga y el encuentro”.

Nos cuenta Clarissa Pinkola Estés que los antiguos anatomistas decían que el nervio auditivo se dividía en 3 o más caminos en el interior del cerebro. De ello deducían que el oído podía escuchar a tres niveles distintos. Un camino estaba destinado a las conversaciones mundanas. El segundo era para obtener erudición y apreciar el arte. Y el tercero permitía que el alma oyera consejos que pudieran servirle de guía para adquirir sabiduría durante su permanencia en la Tierra.

Hay que escuchar por tanto con el oído del alma.

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