Desde la antigüedad, de preferencia, el parto es atendido por mujeres

Una aproximación a la historia de las parteras de la ciudad de Cuenca

- 10 de mayo de 2015 - 00:00
El antiguo hospital San Vicente de Paúl en Cuenca, fue inaugurado en diciembre de 1872. En este lugar laboró la señora Manuela Mogrovejo como partera, durante las 2 últimas décadas del siglo XIX. Foto: Cortesía

Desde la antigüedad, de preferencia, el parto es atendido por mujeres

Para ilustrar lo dicho en el título de este artículo tenemos el testimonio vivo de la partera ‘oficial’ de San Bartolomé de Aroxcapa, parroquia perteneciente al cantón Sígsig de la provincia del Azuay.

Refiere Doña Bersabé, una anciana mestiza nativa de San  Bartolomé, que siendo ella una adolecente de 14 años, por curiosidad, observó en el hospital de Sígsig, todo el proceso del parto de una tía, hermana de su madre; habiendo sido notada por el médico “doctorcito Corral”, le “nació la afición”. El mismo profesional la tomó como ayudante de los partos del hospital, una vez aprendidos los rudimentos más elementales de la técnica —sobre todo la asepsia, el transcurso del parto, la ligadura del cordón y la reanimación del recién nacido—, y, ante la ausencia de un facultativo y por las necesidades mismas de su comunidad, se dedicó a atender los partos.

A la pregunta de cuántos partos ha atendido refirió que ya perdió la cuenta, pero dice que toditos los del centro de San Bartolomé y que numerosas parturientas del campo fueron atendidas. Con énfasis decía: “toditos nacieron en mis manos”, y que haciendo una aproximación superaban el millar, “fulanito que es doctor o menganito el ingeniero y que viven en Cuenca nacieron en mis manos” y añadía que “malagradecidos son”; “yo nunca cobraba y solamente esperaba la buena voluntad de las gentes, a veces, de noche me llamaban, iba lejos del centro, dondequiera atendía, me obsequiaban una gallinita, un chanchito, o algún dinerito daban”. “Doña Bersabé —preguntamos— ¿algún niño o alguna madre se murió?”. “No, cuando alguien se complicaba rápido mandaba al hospital, que yo recuerde nadie murió en mis manos, toditos están vivos”.

Su esposo, pobre como ella, que vivía en su compañía en una paupérrima choza, asentía a las palabras de doña Bersabé, una anciana nonagenaria, cuyas artríticas manos ya no estaban capacitadas para seguir en su loable tarea, a los pocos meses de esta entrevista doña Bersabé murió en la indigencia y el olvido.

Las parteras de Cuenca y del hospital San Vicente de Paúl

Hemos podido colegir que en la memoria y en la historia escrita de la primera partera que se habla en la ciudad es doña Manuela Mogrovejo, tía de un médico, el doctor José Mogrovejo. En 1897, la Facultad de Medicina de la Universidad de Cuenca crea la cátedra de Obstetricia, la primera especialidad de la Facultad, la profesora fue doña Manuela Mogrovejo. Por falta de alumnas, la escuela tuvo que cerrarse 2 años después.

Doña Manuela, en las 2 últimas décadas del siglo XIX es nombrada por la Junta de Beneficencia partera del Hospital San Vicente de Paúl, atendiendo además en sus hogares a las parturientas de la élite que no iban al hospital general. A la muerte de ella, acaecida en enero de 1905, doña Rosario Cisneros es igualmente nombrada Profesora Instructora de los alumnos de la Facultad de Medicina de la Universidad y partera del Hospital. El 9 de abril de 1913, doña Rosario presenta ante la Junta de Beneficencia una petición de alza de salarios, pues percibía escasos 15 sucres mensuales. Recién a los 6 meses de su solicitud la Junta accede a su petición, concediéndole un alza de 15 sucres mensuales, dinero que se obtendrá de “fondos extraordinarios” de la Junta.

En 1915 doña Rosario muere y es reemplazada por doña Teresa Ramírez, quien además de atender algunos partos en el hospital acudía al auxilio de la clase pobre de la ciudad o fuera de ella, puesto que en el campo no confiaban en absoluto que el bello sexo fuera atendido por un varón durante el parto.

Existe además el testimonio oral sobre la comadrona doña Petita Yosa, quien asistió los partos entre la gente pobre de la ciudad. Cuentan que atendía además a las mujeres de “vida libre”; probablemente con alguna herida en las manos, durante un tacto vaginal, sin conocerse aún los guantes de hule, parece que se contagió de sífilis, desapareciendo en la posteridad de la vida pública y de la atención de los partos.

El primer especialista en Obstetricia, el doctor David Días

Para el año 1912, llega a Cuenca el primer médico especializado en Francia en la rama de la Obstetricia y la Ginecología, el doctor David Díaz.

El doctor Díaz, favorecido por la política del Gobierno Liberal Radical de Eloy Alfaro de preparar a médicos y más profesionales en el exterior, viaja para formarse. Primero va a Lima y luego a Burdeos y París. En agosto de 1912 retorna especializado, junto con él retornan el doctor Emiliano Crespo, especializado en Cirugía y Nicanor Merchán, especializado en Alemania en Laboratorio y Bacteriología. El 13 de diciembre de 1912 la Junta de Beneficencia de Cuenca, presidida por José Peralta, nombra como médicos del hospital a los doctores David Díaz, Emiliano Crespo, Antonio Ortega y Manuel Antonio Coello. El Doctor Díaz de inmediato solicita a la Junta de Beneficencia se le entregue una mesa de obstetricia e instrumental que se hallaba embodegado. A instancias del Dr. Díaz, el hospital crea una sala de partos en donde él debe atender de manera gratuita a las parturientas de la institución. Díaz trabajó en el hospital hasta muy entrada la década de 1940 y fue además profesor de la especialidad.

No existen datos que indiquen si hubo controversia o enfrentamiento con las parteras del hospital y la ciudad y el doctor, quien se manejó con cautela e inteligencia al respecto. Con el avance de la ciencia y el continuo perfeccionamiento de la Obstetricia y la presencia de nuevos especialistas, las parteras, sin perder completamente el trabajo y la confianza de la gente, sobre todo en las áreas donde no hay cobertura médica, dejan progresivamente de atender a las parturientas, aunque no de manera total. Sobre todo en el área rural, la partera no ha perdido vigencia, su oficio permanece todavía vivo, especialmente en zonas donde el profesional de la medicina no llega. (O)

Las mujeres poseedoras del ‘notorio saber’

El parto es un acto biológico y fisiológico normal y por el que atraviesan todos los mamíferos, incluidos los humanos, y debe desarrollarse aparentemente sin problemas. Desde la antigüedad, el parto ha sido atendido de preferencia por una mujer, a la que se le denominó partera o comadrona, quien era una persona con conocimientos empíricos, que sin tener estudios ni titulación asistía a la parturienta. Actualmente, el alumbra-miento se ha instrumentalizado y ha pasado de ser un hecho natural a contar con una alta profesionalización; los especialistas que lo atienden se denominan obstetras o tocólogos. La ciencia de los partos se denomina Obstetricia.

En Cuenca, mucho antes de la llegada de los primeros obstetras, concretamente en la segunda mitad del siglo XIX e inicios del siglo XX, la atención del parto se realizaba por intermedio de las parteras, quienes llegaban, si no a la perfección de su arte, a una gran habilidad, ganándose la confianza de la futura madre, su entorno familiar y de la sociedad misma. No solo atendían el parto, seguían el embarazo, ‘componían’ a la mujer de ciertos proble-mas del embarazo e incluso hacían el seguimiento posparto para evitar los “entuertos y el pasmo” (nombres comunes de complicaciones). Algunas comadro-nas llegaron a “dominar su especialidad”. A estas personas poseedoras de saberes no científicos basados en la experiencia, la antropología las denomina ahora como “profesionales de notorio saber”.

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