El sendero del conocimiento ancestral se promociona entre los turistas

- 08 de octubre de 2018 - 00:00
Ante la atenta mirada de los visitantes, la guía nativa del lugar explica los pormenores de la ruta. Los viajeros toman fotografías y anotan lo que ellos consideran lo más importante de la travesía.
Foto: Elizabeth Maggi

En Pulinguí, ubicado a 20 minutos de la Sultana de los Andes, Leslie y su familia fueron recibidas con un baile por un grupo de niñas cuyas edades oscilan entre los 12 y 16 años. Todo apunta a un recorrido lleno de sorpresas.

En una caminata de 30 minutos, Leslie Parra, de 17 años, pudo conocer sobre tres aspectos que rigen a las comunidades de la parroquia San Juan del cantón Riobamba: la música, las plantas de curación y la gastronomía.

Al llegar hasta Pulinguí, ubicada a 20 minutos de la Sultana de los Andes, Leslie y su familia fueron recibidas con un baile por un grupo de niñas cuyas edades oscilan entre los 12 y 16 años.

Sus anacos negros con colores dorados en el filo combinaban con las cintas que colgaban de sus sombreros. La música sonaba a todo volumen y los movimientos sincronizados daban cuenta de las horas de repaso de ellas.

Este acto, que estuvo lleno de emoción y agradecimiento por parte de las bailarinas y los visitantes, es el primer encuentro de un recorrido que permite al turista conocer las costumbres y tradiciones del pueblo indígena.

Un grupo de mujeres de dos comunidades (Pulinguí y La Moya) se propuso conformar el sendero del conocimiento ancestral, que se busca impulsar entre los turistas para que sus obras sean apreciadas por quienes llegan hasta el paraje.

Nuestro baile complementa la experiencia que los visitantes tendrán; queremos que vean nuestra vida, que la sientan y que sepan que nosotros aprovechamos los recursos de la naturaleza de forma responsable para generar trabajo”, indicó Paula Lema, una de las bailarinas.

La música acompaña al visitante hasta ingresar a la comunidad La Moya, sitio en el cual lo espera otro grupo de mujeres vestidas con su traje de gala (una blusa con apliques lujosos y hermosos ornamentos además de collares y pulseras que resaltan los colores rojo y verde).

En este lugar se desarrolla el siguiente escenario, y para ello toma la posta Tránsito Aguaña, una mujer de 40 años, a quien le daba “terror” hablar en público y que gracias al empuje que le proporcionó su esposo pudo abrirse a la gente y dar explicaciones con un léxico atrayente.

Con voz firme se presenta ante el público con su nombre y durante los próximos 25 minutos explica sobre el beneficio de las plantas en la salud de las personas y cómo su pueblo, conformado por 72 familias, las usan como medicina ancestral.

Para demostrarlo arranca de raíz una planta de ortiga negra y la sacude entre sus manos indicando que al tocarla la piel se “hinchará”, aunque a ella no le causa ninguna reacción debido a su constante manejo.

El mismo ejemplo aplica al tomar el eucalipto, la manzanilla, el matico, hierbas que están a lo largo del sendero, unas protegidas con mallas y otras de libre acceso para el caminante.

“Nosotros utilizamos esta planta para el dolor de huesos: la calentamos entre las manos y nos la aplicamos; solo así se curaban nuestros ancestros porque no se accedía con facilidad a un médico”, señaló Tránsito.

Esta mujer, que por años ha preparado brebajes en base a hortalizas, legumbres y raíces, resalta que si una persona encuentra una ortiga blanca eso es de “buena suerte”.

-En el recorrido los turistas pueden ir acompañados por dos alpacas (madre e hijo), la más pequeña, de cuatro meses de edad, se llama Martín. (foto)

“Casi no se las puede hallar, crecen con dificultad, pero si uno las encuentra debe de forma inmediata hacerlas infusión porque son excelentes para la circulación de la sangre y las várices”.

En el transcurso del sendero, esta guía nativa, con gran emoción, presenta a los visitantes un árbol de tres metros de altura con ramas de mediano grosor y hojas amarillas.

A este macizo se le conoce como “bálsamo” porque alivia las heridas “del alma” y aminora el estrés con tan solo abrazarlo. Al escuchar dicha explicación varios de los presentes acuden hasta él con los brazos abiertos.

“Todos buscamos llegar hasta estos lugares por la tranquilidad que brindan y la corteza del árbol es muy suave, no lastima al acercarse a su tronco; creo que por eso es tan agradable”, manifestó Leslie Parra.

Las amigas alpacas

Durante el recorrido, los turistas pueden ir acompañados por dos alpacas (madre e hijo); la más pequeña, llamada Martín, tiene cuatro meses de edad.

“A la gente le gusta estar con ellas porque su lana es suave, y como están acostumbradas a estar rodeadas de personas son muy mansas, además de cariñosas”, mencionó María Julia Miñarcaja, otra de las guías, quien a partir de ese punto continúa con el recorrido.

Durante el recorrido los visitantes pueden adquirir conocimientos ancestrales. Los guías explican con mucho detalle cada creencia popular. (foto)

Esta joven, de 20 años, que habla español, quichua y un poco de inglés, es la encargada de la gastronomía del lugar, la misma que será degustada por los asistentes.

Los ingredientes del almuerzo que disfrutan los visitantes son cultivados por las mismas mujeres de la zona en sus propias parcelas, en las cuales siembran y cosechan legumbre y hortalizas orgánicas.

Sus productos estrellas son la quinua y la máchica de cebada.

“Esto finaliza el sendero del conocimiento; son cosas que nosotros sabemos porque han sido trasmitidas de generación en generación y los visitantes pueden convivir con ellas, adicionalmente pueden comer habas tiernas, mellocos, tostado, todo preparado con cariño”, resaltó.

“Las personas que llegan hasta aquí disfrutarán de lo que es vivir de la naturaleza”, acotó Miñarcaja. (I)

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