Cada año, los reyes del inframundo bailan en Píllaro durante seis días

- 06 de enero de 2019 - 00:00
El color rojo, así como los bastones y látigos predominan entre los diabólicos danzantes de Píllaro.
Foto: Roberto Chávez / El Telégrafo

Demonios, fantasmas, calaveras y mensajeros de la muerte, entre otros folclóricos personajes, forman parte de las coloridas y bulliciosas comparsas que del 1 al 6 de enero recorren las principales calles de este cantón de Tungurahua.

Serenidad, orden y silencio. Estas tres palabras definen a la perfección el ambiente en las calles del cantón tungurahuense de Píllaro, la mayor parte del año. No obstante, del 1 al 6 de enero las apacibles avenidas se trastornan por completo.

En estas fechas mientras la población del resto del país descansa de los festejos de Navidad y Año Nuevo, en esta localidad, agrícola por excelencia, se celebra una colorida y bulliciosa fiesta.

Se trata de la Diablada Pillareña, festejo que fusiona costumbres locales, historia y tradiciones cristianas. Desde hace décadas, las alegres y enérgicas danzas, los folclóricos atuendos, caretas de personajes infernales y la música, son los principales atractivos para 50.000 personas del país y el extranjero.

En las 24 provincias, es la única fiesta en su clase. Quienes de ella participan esperan con ansias todo un año a fin de mostrar a los visitantes un espectáculo de excelencia”, dijo el alcalde de Píllaro Patricio Sarabia.

Origen

Pese a que existen varias versiones sobre los inicios de la Diablada, la más mentada por adultos mayores y cronistas del cantón hace referencia a un conflicto entre grupos de jóvenes de dos barrios.

“Se dice que los adolescentes de la parroquia Marcos Espinel enamoraban a las muchachas del barrio Tunguipamba, ambas localidades de Píllaro. Esto desató los celos de hermanos y padres de las chicas de esta última comunidad, por lo cual decidieron ahuyentar a los intrépidos enamoradizos disfrazándose de personajes demoníacos”, dijo el profesor Luis Lara, historiador pillareño

Para ello, continúa, usaban sábanas, coloridos cintillos y caretas adornadas con cuernos, pezuñas y filosas dentaduras de mamíferos.

Se cree que estos hechos ocurrieron hace 80 años, a partir de esta fecha se fueron incorporando otros elementos como comparsas y desfiles, con lo cual tomó el carácter de tradición.

“En otras partes del mundo, del 1 al 6 de enero se festeja la llegada de Los Reyes Magos. Sin dejar de lado la importancia de esta celebración cristiana, en Píllaro la atención se centra en los personajes oscuros y temidos de nuestra cosmovisión sincrética andina, como demonios y diablillos, lo que para muchas personas puede significar la liberación de emociones negativas”, explicó la antropóloga Patricia Hervas.

Para Luis Lara, al igual que para sus colegas maestros, las caretas son parte esencial de la Diablada Pillareña y conllevan, además, un significado importante para el folclor local.

Por tal razón son los elementos más fotografiados y llamativos de los desfiles durante la Diablada. Las comparsas las integran hombres y mujeres de diversos sectores rurales y urbanos del cantón.

“Al igual que para un latacungueño es un honor ser elegido como Mama Negra, para los pillareños es gratificante desfilar con las caretas y atuendos diabólicos. Esta bulliciosa actividad tiene por objetivo despertar el espíritu festivo de la población y de los turistas, además de recordar la alegría y a la vez futilidad de la vida”, destacó Misael Benítez, pillareño.

Durante los seis días de festividad, cada una de las comparsas parten de sus barrios con su propia banda y personajes, a más de los diablos, como guarichas, caporales, patronos y hacendados.

El punto de llegada y el preferido por los turistas para apreciar los bailes y desfiles en toda su magnitud es el parque central.

Máscaras infernales

Francisco Ledesma es uno de los artesanos que elaboran las horripilantes máscaras. Él tiene pedidos de este producto desde julio. “Las caretas son una muestra de la habilidad de los pillareños. Las partidas nos solicitan su elaboración con seis meses de anterioridad, por lo que los materiales son entregados en nuestros talleres desde noviembre por parte de agricultores y ganaderos. (I)

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