Los obreros de la zafra en su mayoría son de Chimborazo

06 de julio de 2012 - 00:00

De repente el aroma a incienso envolvió el aire en la plazoleta de la iglesia. Un fuerte olor a mirra salía de la antigua capilla de Marcelino Maridueña -cantón suroriental de la provincia del Guayas-. Era la señal de que había concluido la liturgia.

Hasta el lugar llegaron un millar de zafreros alrededor de las 4:30 del lunes pasado. Ellos no faltan desde hace 30 años al acto católico para tener  prosperidad económica y la ayuda divina de la virgencita de “Las Nubes”.

Treinta minutos antes de las 6 de la mañana, aún oscuro, ya habían 24 camiones encolumnados como vagones de tren en las calles aledañas al templo, a la espera de recibir a los trabajadores que inician la zafra del ingenio San Carlos, el más grande en producción  de azúcar,  con una media anual de 3’450.000 sacos de 50 kilos.

A las 6:00 una densa neblina envolvió el lugar. Los jornaleros no son de la zona; el 80 por ciento viene de la Sierra, en especial de la provincia de Chimborazo. El ambiente se presentaba como si fueran a embarcarse a la guerra, solo que en lugar de rifles sostenían  filosos machetes, algunos cubiertos con retazos de tubo de llantas de bicicleta.

“El cuerpo tiene que adaptarse”, expresa Efraín Palacios, supervisor de la cosecha. Esta es la clave que define cuánto van a percibir mensualmente. Aquí a ellos se les cancela por producción, es decir, cada 7 toneladas que corta  la cuadrilla, compuesta por 9 individuos, percibe 68 dólares. En el día ellos hacen mucho más y al final de la semana obtienen inicialmente unos 110 dólares, explica.

El supervisor sostiene que al inicio es comprensible el nivel de producción, pero cuando ya sus cuerpos se han adaptado a tomar el machete, semi inclinarse y cortar el canuto de caña, llega a niveles de producción sorprendentes.

“Hay personas que en un mes reciben cerca de los mil dólares. Nosotros les proporcionamos toda la ayuda   tecnológica para que no sufran accidentes y capacitación constante y repetida, es decir, lo mismo y lo mismo hasta que lo asimilen”.

Juan Espinoza Hurtado, zafrero, recuerda que el trabajo es duro. Viene todos los años a trabajar en el ingenio y siempre es difícil “acomodar” el cuerpo. Afirma que todos tienen una técnica para sacar la caña, cortar las hojas y arrimarlas. La paga vale la pena el sacrificio.

La alimentación es proporcionada por sus propias familias, quienes les llevan la comida hasta la planta del Ingenio antes de las 11:00. La dura jornada les provoca hambre antes del mediodía. La contribución del ingenio es proporcionar vehículos que llevan las tarrinas, viandas o bandejas de los alimentos. En el sitio no hay un comedor específico para los jornaleros que están en el campo rozando.

Mariano González Portes, ex ministro de Agricultura y presidente del directorio del Ingenio, señaló que la zafra en este año será complicada. Sin embargo, -dijo- ya han tenido iguales y hasta peores temporadas. La razón de su preocupación es la humedad existente en el campo.

Explica que aún existen esporádicas lloviznas en las 24 mil hectáreas de caña plantadas. Aquello provoca que los camiones se entierren al sacar la cosecha. Un camión pesa alrededor de 10 toneladas y cargar otras 10 toneladas de caña es un problema y mucho peso por soportar para la tierra que no está totalmente seca.

Carlos Mayorga, director de relaciones industriales del ingenio, dijo que la zafra tiene el retraso justamente por las lluvias. Sin embargo, esperan sobrepasar la producción del año anterior, con un nuevo récord, lo que permitirá que el país no tenga la necesidad de importar azúcar, porque la producción nacional satisface en un 100 por ciento la demanda.

Galo Villegas, jefe de cosechas, indicó que el trabajo será igual que en años anteriores, debido a la estrategia que tienen para combinar el corte que hacen los zafreros, junto con el que hace la maquinaria.

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