Las Herrerías, un barrio de forjas

16 de febrero de 2014 - 00:00
Las características arquitectónicas del barrio, según el libro La casa-quinta de Chaguarchimbana se mantuvieron hasta los años 60. Las viviendas tenían portales que servían de posada para los caballos. Foto: José Luis LLivisaca | El Telégrafo

Caballos amarrados  a los pilares de las casas esperando para ser herrados y el temor de salir a una calle llena de ‘bestias’ es lo primero que recuerda de su infancia  Zoila Quezada Robles, en el barrio de Las Herrerías, un lugar lleno de cercas hechas de pencos con una sola calle, en donde las herraduras, cruces, faroles, chapas, candados y otros artículos de hierro forjado  le otorgaron el nombre a uno de los barrios con mayor historia y leyenda de Cuenca, hoy ubicado  en la parroquia urbana Huayna Cápac. 

De acuerdo con el libro Rostros de los Barrios de Cuenca, de Adolfo Parra Moreno,   está conformado por unas seis manzanas donde viven unas 1.200 personas.    

Pablo Estrella Vintimilla, en su libro La casa-quinta de Chaguarchimbana,  señala que este sector “fue siempre un lugar en el que históricamente sucedieron cosas importantes”.

El sitio guarda historias desde antes de la Fundación de Cuenca. En la época incaica pasó por allí el Camino  del Inca, que comunicaba al Tomebamba y el Cuzco. En la colonia fue una de las entradas principales de la ciudad, donde se asentó el gremio de los herreros. Luego Vintimilla explica que pasa a ser una zona “apetecida por los potentados de la ciudad, que deseaban tener allí su quinta o su cuadra [...]”.

El arte de la herrería se remonta a la época colonial, con la llegada de los españoles.  Para 1776, explica Vintimilla  que  no fue una zona muy habitada, tenía una población inicial de 1.117 habitantes y para   1832 existía un dominio de cuadras y quintas. En  1905 los arrendatarios de terrenos municipales adquirieron predios  gracias a una ordenanza dictada  ese año, aunque  para Vintimilla siempre fue  “un parqueadero de caballos”, que a lo largo de los  primeros cincuenta años del siglo XX fue transitado por campesinos y caballos que llegaban de sectores como Quingeo, San Bartolo y Sígsig.   

“Era una sola entrada. Por allí  la gente venía cargada de carbón, leña, y cada cual llegaba  con dos o tres caballos para hacer  herrar, especialmente los jueves que no se avanzaba”, recordó Luis Maldonado, de 85 años, quien a los nueve años prefirió dejar la escuela y convertirse en un forjador de hierro. Él trabajó con el padre de doña Zoila y continúa  haciéndolo en  un  taller ubicado en el patio de su casa.

Tanto Luis como Zoila explican que en ese entonces  las casas eran diferentes: pequeñas y de adobe, siempre luciendo en las cumbreras la cruz de hierro, entre las que  resaltaban  dos haciendas. La hoy conocida Casa de Chaguarchimbana, (penco del vado) cuya construcción según el libro Rostros de Cuenca  data del año 1870, estuvo bajo la administración de don Antonio José Valdivieso.  Y de la otra hacienda,  donde hoy se ubica el hospital Vicente Corral Moscoso,  no hay  mayores detalles. 

Estrella Vintimilla en su libro  explica que la casa  de Chaguarchimbana tiene características semi-rurales, puesto que  servía como área de abastecimiento agrícola y a la vez para el descanso temporal de sus  propietarios. “La construcción se concluyó de acuerdo a los planes originales, no así los detalles arquitectónicos y decorativos, que  quedaron postergados seguramente por la muerte de Antonio José Valdivieso”. La vivienda finalmente pasó a manos de la señora Teresa García y luego a su nieta  Florencia Astudillo. 

Don Luis Maldonado también recuerda que la actual  calle del herrero en ese  entonces llevaba el nombre de Valdivieso, “y  el Municipio  le cambió para homenajear a los artesanos”.
Algunos momentos  son recordados, tanto por Luis como por Zoila, y fue cuando el  río Tomebamba arrasó con el antiguo  puente de Ingachaca (puente del inca), ubicado muy próximo al actual puente de El  Vergel. Esto  en 1950.  Además   llegó a la zona de Gapal por primera vez el ferrocarril.   Las características arquitectónicas del barrio, según Estrella Vintimilla, se mantuvieron hasta los años 60. “En la actualidad quedan pocas muestras [...] Contrastan de manera inequívoca con las modernas construcciones”.

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