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Las fiestas de Corpus Christi en Cuenca, pasado y presente

Las fiestas de Corpus Christi en Cuenca, pasado y presente
13 de julio de 2014 - 00:00 - Ana Luz Borrero Vega, Cátedra Abierta de Historia. U. Cuenca

La fiesta de Corpus Christi, en Cuenca, es tan antigua como la ciudad. Desde los primeros años coloniales se celebraba la fiesta con apoyo de los cabildos civil y eclesiástico, de los vecinos y el pueblo.

Desde tempranas fechas hay documentos escritos en los que se habla de las celebraciones de esta fiesta que muestra tanto continuidades como discontinuidades hasta hoy. Una fiesta que suma a lo sagrado, lo profano; a lo religioso y al ritual, lo popular y bullicioso donde el involucramiento del cabildo civil también es importante. El Septenario es una fiesta en honor a la Eucaristía, es una festividad movible dentro del calendario litúrgico.

La fiesta tiene orígenes cristianos, en el mundo católico se creó en el siglo XIII, luego fue trasladada a América y vino con la influencia de forma y fondo de las celebraciones en Madrid y particularmente en Sevilla, ciudad en donde las celebraciones de esta festividad religiosa alcanzaron su mayor auge.
La fiesta eminentemente religiosa exalta la presencia de Cristo en el Sacramento de la Eucaristía, que va alojada en la Custodia, generalmente una obra de arte en oro, plata y pedrería, que sale en la procesión.

Esta festividad echó raíces en las sociedades hispanoamericanas, hoy es una celebración mestiza y sincrética, que guarda muchos aspectos de la fiesta barroca. Cuenca, a su vez, fue imprimiendo a lo largo de los siglos su sello particular, que la dotó de un sabor e identidad propias.

La fiesta del Corpus Christi suele celebrarse cerca o durante la importante fiesta andina o Inca del Inti Raymi. Las 2 coinciden con la celebración del solsticio del 21 de junio, en el caso de Europa el solsticio de verano (vinculado con fiestas paganas) y en Cuenca, vinculada al solsticio de invierno y los rituales en torno a la divinidad solar. Esto explica para muchos la facilidad con la que los indígenas aceptaron la fiesta de Corpus Christi y la interpretaron como una fiesta solar hasta convertirla en una de las celebraciones mestizas e indígenas más importantes en todo el país.

La fiesta del Corpus, la plaza y la Catedral

Desde las primeras décadas de Cuenca la fiesta se incluyó en el calendario litúrgico y es, aun hoy en el siglo XXI, una de las mayores celebraciones populares. Aunque ha perdido parcialmente algunas de las formas del ritual, la pompa, el barroco y tal vez la profunda fe, la fiesta se mantiene.

La fiesta tiene su razón de ser en la Eucaristía que, dentro de una Custodia, era llevada en procesión bajo el palio por las altas autoridades del cabildo eclesiástico y del cabildo civil; recorría la ciudad antes de la misa de Corpus Christi siendo la procesión uno de los eventos más importantes, el pueblo recibía el paso de la custodia de rodillas. La procesión con abanderados, autoridades, danzantes, comparsas y velaciones, se acompañaba de todos los elementos de la tradición pirotécnica de Cuenca: cohetes, luces y globos dedicados al Santísimo Sacramento; no podían faltar los famosos castillos encendidos al son de la banda de pueblo.

El recorrido de la procesión iba en torno a la plaza central —en este caso el Parque Calderón— y calles aledañas, pasaba por arcos triunfales de flores y altares que eran adornados por los priostes de diferente origen: desde indígenas de San Blas y de San Sebastián, hasta priostes de cofradías, de gremios, del cabildo o municipio, vecinos, señores y señoras de prestigio. La figura del prioste continúa hasta hoy aunque con cambios en su organización y composición.  
Tenemos noticias de que, para inicios de la época republicana (1825), mujeres ‘ladinas’, es decir cholas cuencanas de los barrios indígenas, San Blas por ejemplo, tenían orden por parte del gobernador de indígenas de levantar altares, posiblemente con telas, banderines, tapices, jarrones y flores, para adornar la celebración en la que no solamente se llevaba a la custodia en caravana, sino que también se sacaba imágenes de santos y de patronos de la ciudad. En sus formas, esta procesión casi desapareció en las 2 últimas décadas del siglo XX.

El Cabildo y la Fiesta de Corpus

En las primeras actas del cabildo de Cuenca, a partir de su fundación en 1557, existen ordenanzas para la celebración de la fiesta de Corpus Christi. Los días jueves de Corpus tenía que hacerse el pregón de la fiesta y llevarla a cabo con toda la piedad y el decoro; los tenientes, regidores y procuradores, es decir las autoridades del cabildo, tenían que asegurarse de que la fiesta se realice como es debido.

Igualmente, la ordenanza municipal indicaba que los vecinos de la ciudad debían contribuir con 6 pesos, que eran destinados a la compra de cera y aceite para alumbrar al Santísimo Sacramento.
El cabildo, tanto en la época colonial como en la republicana, sería uno de los actores importantes en la fiesta. El cabildo de mayo de 1807, por ejemplo, ordenó que se entregue 80 pesos al Procurador General para los gastos de ese año. Generalmente el Cabildo incurría en los gastos de velas, adornos, fuegos pirotécnicos y parte de los preparativos.

La fiesta contemporánea

Cuando se pregunta a las personas mayores de la ciudad, qué festividades recuerdan con mayor gusto, generalmente responden que la fiesta de Corpus Christi: la visita al Parque Calderón, la misa, los castillos, los fuegos artificiales, las luces, la música, las bandas e indudablemente, los dulces, con un sabor a tradición y a variedad: huevos de faldriquera, quesitos, quesadillas, suspiros, yemitas, anisados, bizcochos, roscas, cocadas, entre otros productos.

La fiesta contemporánea, a más de lo sagrado del ritual, de la misa y la procesión, ofrece a propios y visitantes la más grande variedad de dulces clásicos y también nuevos. Las mesas, quioscos y estanterías muestran todas las variedades posibles, con texturas, sabores y aromas diferentes.
La fiesta no dura solamente un día sino toda la semana, razón por la que también es conocida como Septenario, con sus vísperas y sus octavas. La Procesión, como mencionamos, recorre las principales calles de la ciudad, la presencia del Obispo, del clero, de la municipalidad y de los priostes hacen posible la fiesta, pero sobre todo, es la voluntad de los fieles que llegan todas las noches para celebrar la que la constituyen.

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