Prohíben concurso de belleza en parroquia de Latacunga y lo reemplazan con feria de emprendimiento

- 14 de junio de 2019 - 22:09
Durante décadas el evento atraía turistas de toda la provincia. Ahora quieren que su género sea ejemplo de respeto.
Foto: Silvia Osorio | et

La jurisdicción latacungueña, integrada por 12 barrios, abolió los concursos de este tipo en un esfuerzo por desterrar conceptos y estereotipos sobre las mujeres.

San Felipe es un barrio al noroccidente de Latacunga, antes conocido como cuna de productores de harina; ahora hace noticia en Cotopaxi, por ser la primera comunidad que celebra sus fiestas sin concursos de belleza.

Este sector es parte de la parroquia urbana Eloy Alfaro, conformada por 12 barrios que juntos tienen un comité independiente de fiestas. Cada año, en honor al patrono San Felipe, los 12 barrios presentaban a sus reinas para de entre ellas elegir a la soberana de la parroquia.

En 2017, la presidenta del Comité de Fiestas, Ángela Tipán, acompañó a las aspirantes en la elección; ahí notó la compleja realidad que vivían las candidatas: “debían embalar sus cuerpos para entrar en los vestidos”.

Con tristeza, Tipán recuerda que las jóvenes pertenecían a hogares de escasos recursos donde sus padres hacían grandes esfuerzos o se endeudaban para pagar el maquillaje, zapatos, vestimenta, entre otros accesorios para que las chicas participaran en el evento.

Reflexiona, también, sobre el gasto económico y logístico que debían realizar los organizadores del certamen. De ahí nació la propuesta de abolir el concurso de belleza. “Analizamos con los laicos y llegamos a la conclusión de no seguir con patrones de belleza y machistas, que valoran a la mujer únicamente por su aspecto físico”.

Una vez que se puso sobre el tapete la propuesta de terminar con el concurso, hubo detractores, pero según detalla Tipán, los argumentos expuestos pesaron más que las tradiciones. Incluso el sacerdote de la parroquia en aquel entonces, Luis Alomoto, aceptó la propuesta.

En 2017, antes de la abolición del concurso la ganadora fue Daniela Pazuña, quien también se manifestó a favor de la iniciativa. “Las mujeres no valemos por cómo nos vemos o vestimos, sino por la clase de seres humanos que somos”, reflexiona la joven, quien entregó su corona en mayo de 2018 a la Virgen, en un evento simbólico que reconoció el papel de María dentro de la fe católica.

Una vez que se consensuó el final de la elección de la reina, el Comité de Fiestas resolvió reemplazarlo con un evento más significativo, que contribuya al desarrollo local; una feria de emprendimientos.

Este año, más de 14 pequeños productores se instalaron con sus estands en el conjunto habitacional “Los Arupos”, donde encontraron la posibilidad de dar a conocer su trabajo a las más de 100 personas que asistieron.

A la par se realizó una marcha de antorchas por la seguridad del barrio, en la que participaron instituciones educativas, directivos, vecinos y más ciudadanos.

Las fiestas de San Felipe 2019 se desarrollaron en abril y mayo. Ángela Tipán ya no es la presidenta del Comité; sin embargo, mantuvo conversaciones con el nuevo párroco Adrián Herrera, quien saludó la posición adoptada por los moradores y los apoyó. “Este año tampoco hubo elección de reina. La idea es institucionalizar esta decisión y que se replique en Latacunga, en la provincia y por qué no en el país”.

La exdirigente explicó que la defensa de las mujeres no debe quedar en discursos. Llamó a la sociedad a trabajar desde sus espacios para cambiar las estructuras sociales.  Desde su óptica, los concursos de belleza “cosifican” a la mujer, implantándola en el imaginario social como un objeto de placer sexual.

Daniela Proaño fue candidata a reina hace 15 años y cuando se enteró de la decisión le pareció “ver una luz al final del túnel”. Recuerda que cuando participó tenía únicamente 16 años, pero ya percibía que algo andaba mal, especialmente cuando fue obligada a intervenir.

Detalla lo difícil que fue encontrar vestidos que le quedaran y cómo su entorno social la señalaba por su peso. “En ese entonces no entendía; yo creía que era malo ser gruesa. Ahora que soy adulta me doy cuenta que nadie tiene derecho a criticarme por mi aspecto, aplaudo y apoyo la decisión de terminar con esos concursos”.

La directiva del barrio se encarga ahora de la obra social que antes era responsabilidad de la reina. (I)

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