Cochasquí guarda evidencias de la civilización preinca

- 30 de abril de 2016 - 00:00
En Ecuador aún se conoce poco sobre la historia de Cochasquí, convertido ahora en atractivo turístico y arqueológico. Fue declarado Patrimonio Nacional en 1979.
Foto: Ministerio de Turismo

Hay varios estudios sobre la funcionalidad de sus pirámides. El arqueólogo alemán Max Uhle aseguró que se trataba de sitios ceremoniales-rituales.

Quilago era el nombre de la mujer que gobernó Cochasquí en su época de esplendor. Se trataba de una princesa, como lo revela el fraile dominico Fernando Montesinos, arzobispo de Potosí y cronista de Indias.

Este fraile narra en su obra Memorias Antiguas Historiales del Perú, la historia de la princesa cayambi Quilago, señora de Cochasquí. Según su descripción, esta zona, de ascendiente cayambi, estaba gobernada por esta mujer que se había instalado cerca del río Quispe (Pisque), para detener el avance de las tropas incas. Entre escaramuzas, batallas y negociaciones, durante 2 años, Quilago y sus guerreros, apoyados por el unificado señorío de Cayambi, lograron detener al invasor, pero Huayna Cápac los sitió.

Lo más penoso es que los soldados incas, alertados por sus espías, descubrieron el punto débil de la fortaleza principal.

Quilago fue detenida, tratada de acuerdo con su rango y después, a cambio de un rescate de oro y joyas, devuelta al palacio de Cochasquí, pero en calidad de prisionera del Imperio. Esta mujer guerrera es una de las figuras más representativas.

“Huayna Cápac ingresó a esta zona después de 40 años. Así que no era una tribu de salvajes que estaban distribuidos en estas tierras. Quilago es una especie de Némesis, porque le tendió una trampa en la que tenía que caer el inca”, explica la historiadora y viceprefecta de Pichincha, Marcela Costales.

Esta trampa era una suerte de fosa, donde debía caer Huayna Cápac, pero el inca la descubrió antes y Quilago finalmente murió, porque no tenía la capacidad guerrera de los ejércitos del inca. Tras la muerte de esta princesa, él avanzó hacia el norte y participó en la batalla de Yahuarcocha.

Para Marcela Costales, Cochasquí es el enclave monumental más grande que tiene América del Sur. “Las pirámides se conservan bajo una vegetación pequeña y primaria. A medida que avanzan las investigaciones se va avizorando la monumentalidad de este lugar”.

Costales explica que hay teorías que sostienen que Cochasquí era un observatorio astronómico. Puede ser, porque está triangulado con la Mitad del Mundo, con el Cerro Catequilla y con los 14 puntos con la carretera que conduce a Machachi.

Esa triangulación astronómica y matemática entre lugares sagrados de la cultura Quitu-Cara demuestra que tiene una validez mucho más grande de la que pensamos.

“Ahora tratan de decir que es la cultura Caranqui y otra serie de creaciones actuales, pero según los cronistas más antiguos, estas pirámides pertenecieron a la cultura Quitu-Cara. El mismo término Cochasquí significa agua, laguna de la mitad. Además, ‘qui’ es el término mitad en Quitu-Cara. Quito es la Quitu Pacta, la ciudad del centro del mundo, la ciudad del sol recto”.

Según los relatos históricos, Cochasquí no solo era considerado un observatorio, sino también una construcción defensiva, porque desde la pirámide más alta se puede observar todo el callejón interandino. Fue en esta zona por donde ingresaban los ejércitos cusqueños.

La historiadora considera, después de realizar varias investigaciones, que Cochasquí, con el cerro Catequilla y con la Mitad del Mundo, constituyó la base del calendario agrícola lunar de los Quitu-Caras.

En realidad, fueron solo 3 civilizaciones las que tuvieron un calendario lunar: los egipcios, los fenicios y, por supuesto, los Quitu-Caras. Los mayas tienen una forma de calendario lunar que no está ajustada a este.

“Por la exactitud del calendario lunar de los Quitu-Caras es la precisión de las siembras, de las cosechas, de las mareas, de las fases de la Luna”, dice la experta.

Aunque es un calendario de gran importancia ha sido prácticamente ignorado por la mayoría de ecuatorianos.

El diseño de las pirámides despierta interés

Hay varios estudios sobre la funcionalidad de las pirámides de Cochasquí. El arqueólogo alemán Max Uhle (a fines del siglo XIX e inicios del s. XX) dijo que se trataba de sitios ceremoniales-rituales.

Incluso en el interior de una de ellas se encontraron 556 cráneos.

La historiadora Marcela Costales explica que la pirámide principal no tiene cúpula, es plana en la parte superior, pero tiene una rampa muy larga. Esta forma de construcción se reproduce en el tupo (alfiler inmenso que sujeta el reboso).

“Los indígenas se anudaban sus prendas con el tupo que es la forma exacta de la pirámide, porque en la cultura Quitu-Cara, la mujer es la que detentaba la administración de la tierra”. De hecho, la tierra no se podía fraccionar, sino que se enterraba un número de hectáreas según los miembros de la familia y la mujer era quien, según el color del tupo, recibía una determinada extensión de tierra para su familia.

Entonces la pirámide de Cochasquí se reproduce en el tupo de la indígena Quitu-Cara.

La zona donde se encuentran las ruinas de Cochasquí es una de las más frías y ventosas del norte del país, porque se encuentra a 3.800 metros de altura. Entre los elementos arquitectónicos encontrados en las pirámides se destacan también, muros, terrazas, lagos artificiales, canales y caminos.

En la actualidad, la institución encargada de este Complejo Arqueológico es el Gobierno de la Provincia de Pichincha. (I)

Datos

En Ecuador, aún se conoce poco sobre la historia de Cochasquí, convertida ahora en atractivo histórico y arqueológico. Fue declarado Patrimonio Nacional en 1979.

Los historiadores concuerdan en que Cochasquí constituye una representación arqueológica de la extinta cultura Quitu-Cara, pueblo guerrero que desapareció con la llegada de los Incas al Ecuador.

Para llegar a Cochasquí, hay que tomar la Panamericana Norte. En el kilómetro 52, a la altura del peaje debe tomar el desvió a Cochasquí, también puede llegar desde Mojanda o por Tocachi.

Se estima que el pueblo que vivió en este sector, al norte del país, perteneció a una sociedad comunal cuya organización se basaba, principalmente, en señoríos étnicos, los cuales organizaban cacicazgos integrados por los ayllus.

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