Manta, la ‘meca’ de los deportes acuáticos (Galería)

- 10 de agosto de 2014 - 00:00

Es la primera vez que Salvador Medina viene a Manta. Llegó hace pocos días y no deja de hablar de las ‘maravillas’ de esta ciudad.

Este quiteño de 19 años comenta que hace algunos años su destino preferido para vacacionar era Atacames. Ahora es Manta. “Hoy avanzamos por una hora en una lancha que tomamos desde la playa y vimos ballenas jorobadas”.

El avistamiento de ballenas es uno de los atractivos turísticos de la temporada vacacional de la Sierra. Hay otros turistas que observaron delfines sin tomar un bote. Este fue el caso de Sandra Mejía, una manabita radicada en Guayaquil desde hace 15 años. Esta joven estaba lista para tomar el desayuno en el hotel y de pronto vio, a través de la ventana, a 2 delfines. Es la primera vez que puedo ver algo tan lindo”, asegura Mejía, quien está en Manta con su esposo, Carlos Andrade, y sus 2 hijos, Kevin y Dayana. “Los niños quieren pasar en la playa, por ellos estuviéramos todo el día metidos en el mar”, acota Andrade, mientras su esposa disfruta de un bollo en la playa El Murciélago.

El balneario El Murciélago está dotado de buena infraestructura hotelera y es uno de los más concurridos de la urbe.

Es una playa tranquila y acogedora para el bañista. Sin embargo, los turistas deben tomar las debidas precauciones cuando hay aguaje.

En esta playa se encuentra el Malecón Escénico, una infraestructura con varios locales de comidas y artesanías. En este escenario se realizan, con cierta frecuencia, espectáculos artísticos, como conciertos y la tradicional fiesta de carnaval.

En Tarqui está ubicado el Parque del Marisco, una red de restaurantes, donde se ofertan frutos del mar frescos. Su playa es una de las más extensas de la ciudad. En esta zona, es fácil encontrarse con los pescadores artesanales que venden su producto para el procesamiento del atún. De hecho, Manta es considerada la capital mundial del atún. Es una ciudad que vive de la pesca. De ahí que cuenta con la mayor flota pesquera de América del Sur.

Actualmente, en esta ciudad, se procesa la mayor cantidad de productos marinos. Al continuar por la ruta playera, está Playita Mía, en la vía puerto-aeropuerto. En esta zona también hay varios restaurantes al pie del mar. La estructura de estos locales es de caña guadua y los mariscos que en ellos se expenden son frescos. Todos los días, los pescadores venden sus productos a los propietarios de estos lugares. A lo largo de la vía puerto-aeropuerto se observan diversas especies de aves que intentan cazar peces. La presa más fácil es la pinchagua.

En Playita Mía, trabajan alrededor de mil personas en la actividad pesquera. Al otro lado de Manta, camino a San Mateo, está La Tiñosa, con formaciones rocosas y casi deshabitada.

Es posible identificar también especies de moluscos y peces entre las formaciones naturales esculpidas por la marea y el viento.

Para llegar hay que tomar la vía de Spondylus y luego la vía a Santa Marianita, que pasa por el sector de Jome. Es posible llegar en auto particular o en transporte público. Hay quienes lo consideran un lugar ideal para caminar y admirar el bosque seco de la costa ecuatoriana, con aves e iguanas. También es conocida por sus dunas y cactus de hasta 3 metros de altura. No es un destino muy conocido, aunque ha sido promocionado al igual que los otros balnearios. Los turistas también pueden visitar la playa de San Mateo, donde se puede practicar surf. Es una playa extensa de forma ligeramente curva, que da lugar a la formación de la bahía de Manta, donde está el puerto marítimo.

En la noche, los turistas abandonan las playas para concurrir a bares, restaurantes y discotecas. Los fines de semana los policías restringen parte del tráfico en esta zona con el fin de mejorar la circulación.

Uno de los lugares más concurridos es Plaza del Sol, en la vía a Barbasquillo. En este complejo comercial hay varios negocios de comida rápida.

La mayoría de los establecimientos ofrecen una diversidad de cocteles y cervezas nacionales y extranjeras. Hay muchos jóvenes que no salen de sus vehículos. Solo bajan las ventajas y escuchan música a todo volumen. Manta es una ciudad que enamora. A principios del siglo pasado, personas provenientes de distintas provincias decidieron radicarse en Manta por sus playas, su desarrollo.

El argentino Ricardo De la Fuente vive desde hace más de 30 en Manta. Salió de su país a fines de la década de los setenta, en la dictadura de Jorge Videla. No es el único argentino. Otros compatriotas suyos también se radicaron en Manta después del golpe de Estado militar.

Seguridad en las playas

Las playas de Manta son vigiladas de forma permanente por la Policía, que recorre la playa en cuadrones para proteger a las personas que salen a ejercitarse antes de la alborada. El subteniente John Jairo Yela, jefe encargado del circuito Tarqui, indicó que se realizan rondas para precautelar la integridad de quienes gustan del deporte y disfrutan del mar. “Tenemos personal activo las 24 horas, que está pendiente de la seguridad de los turistas, así como también de las personas que salen a realizar deportes en las playas y en la ciclovía que está cerca”.

A la mayoría de los balnearios de esta ciudad acuden los amantes de los deportes acuáticos. Sin embargo, los surfistas se concentran, principalmente, en las playas Barbasquillo, San Mateo y Piedra Larga.

Esta último se convirtió en un referente de diversión, ya que allí se encuentra una gran cantidad de bares y restaurantes con vista al mar. Este balneario tiene una extensión aproximada de 3 kilómetros y está rodeado de montañas. Muchas personas lo frecuentan para practicar deportes acuáticos como kayacy pesca.

Mientras tanto, la playa de Barbasquillo está situada al sur de la ciudad, en la nueva zona de desarrollo urbanístico.

En la zona rural de Manta está la playa de San Lorenzo que por su clima se ha convertido en uno de los destinos más frecuentados por los turistas. Este balneario es conocido por sus olas grandes, propicias para la práctica del surf y un gran lecho rocoso, al que los lugareños llaman ‘las pocitas’, pues el mar forma dentro de ellas piscinas naturales de agua salada.

Hace algunos años, en este lugar encalló un barco que ahora forma parte del paisaje. Muchos turistas concurren a este lugar para visitar el faro y desde allí disfrutar de una vista panorámica del balneario. Otros, lo frecuentan para conocer de cerca el trabajo de los pescadores. Hoy es una de los sitios más concurridos de la región. Su ubicación en la geografía lo hace el segundo punto más sobresaliente de América del Sur de cara al Pacífico. Quizás es por ello que la acción de las olas y las estribaciones de la cordillera Colon Colonche han formado islotes y acantilados en esta zona.

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