Manta, la ciudad que apasiona

28 de octubre 18:24
Visitar Manta es un placer que se debe repetir varias veces al año... vivir en esta urbe es un deleite.
Foto: Rodolfo Párraga / et
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Manta crece a ritmo acelerado, tal cual su gente, que siempre está en movimiento. Es una urbe bullanguera, colorida, diversa, junto con una zona rural exótica, envidiable... hermosa.

El comercio de la localidad es dinámico, empujado por la actividad portuaria. Y alrededor de ese puerto están las principales playas mantenses, El Murciélago y Tarqui, en plena ciudad, en medio del día a día de la gente.

El turismo y el comercio pesquero mueven la economía local, que es una de las más pujantes del país y que se levanta vertiginosamente tras el duro golpe sufrido en abril de 2016, con un terremoto que devastó su zona hotelera y dejó 220 fallecidos (la ciudad con más muertes).

Si tienes pensado viajar en este feriado, no olvides de visitar Manta, la ciudad de las 13 playas, el viche, corviche y ceviche con maní. 

Manta, la ciudad que apasiona. Foto: Rodolfo Párraga / et

Atardeceres imperdibles en sus 13 playas
Terminar el día sentado en la arena de El Murciélago con un buen libro y viendo como el sol es derrotado por la oscuridad es un espectáculo.

Ver el atardecer en la playa relaja, es un tiempo para reflexionar tras un cargado día. Pero también hay personas que con la caída del sol prefieren trotar en la arena.

Y es que Manta es un paraíso que cuenta con diversas playas, una mejor que otra para disfrutar de los atardeceres, que toman colores, anaranjado, rojizo, lila y se cierran con el azul de la noche. Al fin del horizonte, el mar y el cielo se hacen uno.

En total, la ciudad cuenta con 13 playas; en cada una hay locales para degustar la exquisita comida manabita. La principal es El Murciélago, y están también Barbasquillo, Playita Mía, Tarqui, Los Esteros, Piedra Larga, San Mateo, La Tiñosa, Santa Marianita, Ligüiqui, San Lorenzo, Las Piñas y Santa Rosa.


San Mateo es uno de los puntos más visitados. Ha ganado vistosidad con el puerto pesquero construido en 2017. Punto aparte es un mirador en la zona, que es poco aprovechado.

De las playas de la zona rural, San Lorenzo es la más conocida, pero Ligüiqui y Santa Marianita ganan adeptos. Para llegar a estos puntos hay que ir hacia el sur de la ciudad.

Entre julio y septiembre, desde las playas mantenses se puede disfrutar del paso de las ballenas jorobadas. Hay operadores turísticos que dan paseos para ver de cerca a estos cetáceos.

Esta zona del perfil tiene caletas de pescadores artesanales, con gente que acoge a los extraños como propios y hace sentir a todos en casa.

Se puede ver en la carretera a las personas vendiendo los productos del mar recién pescados. Además hay unas cabañas para comer riquísimo. 

Manta, la ciudad que apasiona. Foto: Rodolfo Párraga / et

Comercio de mar y arena  
La actividad en Manta empieza a oscuras, con el cholo al pie del mar, con un friecito rico, porque el comercio de la pesca se activa antes del alba, alrededor de las 04:00.

Los primeros en aparecer en el sector de Playita Mía (Tarqui) son los desbuchadores, aquellos hombres que hicieron su día a día el sacarle el tripaje a los pescados y limpiarlos.

Sobre la arena se extiende el producto del día; hay rabón, picudo, pez espada, gacho, banderón, albacora... llega de todo a la playa.

Mientras esperan clientes (comerciantes de pescados que llegan a la playa), los desbucahdores caminan armados, con cuchillo en mano, afilando su instrumento de trabajo.

Para el desbuchador el cuchillo y afilador son como el machete y garabato para el montuvio, inseparables para su labor. 

Sacarle los adentros a los pescados es un arte para estos hombres de mar. El afilado cuchillo se convierte en un pincel y el vientre del pez pasa a ser su lienzo.

Entre la oferta y la demanda del comercio, el vaivén de las olas de Tarqui y la llegada de los pelícanos atraídos por el penetrante olor de pescados frescos en la arena, los desbuchadores hacen su jornada.

El ajetreo en la playa es hasta las 09:00, cuando ya los compradores escasean y las personas llegan en mayor número para hacer turismo o simplemente caminar por la arena de Tarqui.

Entre tajos precisos, vísceras y aletas cortadas, los desbuchadores pasan su día a día, que termina con migajas de pescado por todo el cuerpo y con más de $ 15 en el bolsillo, cuando la jornada ha sido buena.

Manta, la ciudad que apasiona. Foto: Rodolfo Párraga / et

Gastronomía nivel dios 
El ceviche manaba es sin igual, exquisito en la plenitud de la palabra. Es digno de un libro y muchas letras más; no en vano es el plato más buscado por propios y extraños en Manta.

En los últimos años se adentró en la localidad el ponerle maní al ceviche, algo que no es propio de Manta, sino de Jipijapa, pero que ya es una tradición enraizada en las costumbres gastronómicas porteñas.

Así como el ceviche, destacan en esta tierra los platos hechos a base de verde, maní y, principalmente, mariscos.

En Manta se fusionan los sabores del cholo y del montuvio, el mar y el campo, lo que hace que la gastronomía en el lugar sea de las más exquisitas del país, digna de los más exigentes paladares. 


Otro de los platos más apetecidos es el viche, caldo que además de pescado, maní y verde, tiene ingredientes como zanahoria y camote, los que le dan un toque dulce.

Y que decir del corviche, bocadillo hecho a base de verde, pescado y maní. Eso sí, acompañado de un buen ají.

En cada esquina Manta tiene lugares para disfrutar de su gastronomía. Pero lo ideal es al pie del mar, con el reventar de las olas. 

En El Murciélago y Tarqui hay diversos locales, en los que prima el ceviche, pero el plato estrella es el camotillo frito. Y no se puede dejar de mencionar las playas de la zona rural, donde hay chozas con todos los frutos del mar a disposición. 

Antes de cerrar estas líneas, no se puede quedar afuera el ceviche de pinchagua, delicioso, diferente, engrupidor. Por su fuerte sabor se lo disfruta mejor con concha y maní... manjar de dioses.

Manta, la ciudad que apasiona. Foto: Rodolfo Párraga / et

Pan con helado, un manjar manabita
Al mediodía, el sol pega duro en el centro de Manta, rico para la playa, pero no para quienes caminan y hacen su día a día laboral en esta zona de la urbe.

El sitio es movido, comercio por todos lados. El vaivén de las personas es constante, a ritmo acelerado como buenos costeños. Entre todo ese trajinar incesante, parado en la esquina de la calle 10 y avenida 2, está Yornaldo Tuárez, quien capta la atención propios y extraños con la venta de una de las delicias de exportación de los manabitas, el pan con helado.

El pionero fue el cañarense Reinaldo Molina, allá por mediados del siglo pasado. Fue de él de quien Yornaldo aprendió todos los secretos de este bocadillo. 

La tradición es que el helado sea de coco, fruta que abunda en Riochico, en la vía Portoviejo-Rocafuerte. La mezcla es con el pan mixto, que el helado sobresalga, una exquisitez ideal para ese solazo mantense.

Otra de las personas que ofrece el sánduche de helado es Isidro Cornejo, un hombre de más de 70 años, de voz grave y piel tostada por los más de 40 años de trabajo.

“¡Venga y lleve sus helados!, el mejor helado de Manta”, vocea don Isidro, quien siempre tiene anécdotas para contar a sus clientes. Él no se queda sin vender, ya que si alguien le dice que está a dieta, le ofrece sánduche pan integral.

Su buen ánimo es contagioso, siempre tiene un comentario jocoso. Eso sí, cuando hay una chica presente, sus piropos no se hacen esperar.

“Señorita, la veo muy guapa hoy. De seguro un helado le caería muy bien”, lanza Isidro, quien diariamente hace 30 litros de helado, los que vende recorriendo la ciudad.

Ya sabe, no deje de probar el delicioso pan con helado. En fin, escribir de estas exquisiteces ya me abrió el apetito ¿y a ustedes? (I) 

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