21 camélidos de El Boliche fueron trasladados a la comunidad Cumbijín
El incremento de la actividad del volcán Cotopaxi, iniciada en junio del año en curso, no solo ha afectado a sembríos, viviendas y personas. Desde mediados de agosto, cuando la caída de ceniza se agudizó, miles de cabezas de ganado vacuno, porcino y ovino, se han visto afectados pues este material calcina el pasto y demás vegetación que les sirve de alimento.
Aunque en menor proporción, otro tipo de animales silvestres que habitan en las cercanías del coloso también se han visto perjudicados. Es el caso de llamas y guarizos, camélidos andinos que habitan en llanuras de climas fríos y deshabitadas.
El pasado 25 de agosto, 21 de estas especies fueron trasladadas desde el Área Nacional de Recreación El Boliche, junto al Parque Nacional Cotopaxi, hacia la comunidad Cumbijín, perteneciente al cantón Salcedo. El operativo estuvo a cargo del Ministerio del Ambiente (MAE) y tiene como principal objetivo resguardar a los animales mientras dura la emergencia volcánica.
Edwin Machado, coordinador de la Unidad de Patrimonio Natural de la dirección del Ambiente en Tungurahua, señaló que la salida de los animales fue autorizada por autoridades del Instituto Espacial Ecuatoriano.
“Representantes de esta entidad se vieron en la necesidad de reubicar a las llamas y guarizos que habitan en las proximidades del Centro de Operaciones Espaciales (COES), ubicado en el páramo Romerillos, a la entrada del Área Recreacional El Boliche, debido a que la ceniza volcánica afecta la su salud y quema la vegetación de la que se alimentan los animales. Se hizo el contacto con el MAE acordaron el traslado hacia las llanuras de la comunidad Cumbijín, ubicada en la vía Salcedo-Tena”, dijo.
El lugar de acogida pertenece al Parque Nacional Llanganates y reúne las condiciones ideales para la alimentación, estadía y descanso de los animales, entre ellos pajonales de alto valor nutritivo, llanuras donde pueden pastar sin ser molestados y suelo apto para el tipo de pezuña de los camélidos. Además en el lugar está deshabitado, factor que facilita la vida de estos animales de tendencia solitaria, y protegido por comuneros de zonas cercanas de los cazadores.
“Las llamas, a diferencia de vacas, ovejas y cabras, posee en sus patas una especie de almohadillas por lo que el terreno por el que pastan no sufre erosión. Existe el compromiso de los líderes de comunidades cercanas donde sí viven familias para vigilar permanentemente la reserva y el bienestar de los animales”, agregó Machado.
El tiempo de estadía en principio será hasta que dure la emergencia volcánica o baje la intensidad de caída de ceniza. Allí cerca se encuentra el sistema lacustre Anteojos, que consta de dos lagunas y extensos pajonales. (I)
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