“Las papas con cuero”, el invento más apetecido del centro

08 de marzo de 2013 - 00:00

La creatividad, sabor y el amor que contiene cada uno de los platos típicos del cantón Mocha, entre ellos las papas con cuero y queso fueron patentados por María Iocelina, una mujer ejemplo, que ha hipnotizado con su gastronomía, hasta al más estricto paladar.

Quién no ha degustado un crujiente cuy con papas, salsa de maní, queso y lechuga, además del tostado con chicharrón preparado por las manos de María Iocelina Benavides Ramos, de 77 años, que por su gusto a la cocina se ha convertido en ícono de la provincia y cantón.

Esta madre y mujer ejemplar  inmortalizó su nombre desde sus 22 años, cuando heredó la responsabilidad de su madre y abuela, quienes anteponían su pasión y amor por la cocina y por el buen servicio. Son tres generaciones dedicadas a esta actividad gastronómica que resalta la imagen de su tierra natal el cantón Mocha.

Son 57 años en los cuales María Iocelina ha transformado su cocina en un laboratorio, donde mezcla, bate y prueba diversas recetas para   la creación de nuevos platos. Uno de los  más reconocidos a nivel nacional e internacional, por su sencilla preparación, pero por su agradable sabor, son las papas con cuero.

Esta mujer emprendedora cuenta con satisfacción que antes no se servía con cuero sino que, en su lugar, se preparaba una salsa especial de hígado de cuy, mientras que las papas se las ofrecía con cascara, y ese tradicional plato se denominaba “Papas con chaqueta”, detalló. 

Pero de apoco se fue perdiendo este tipo de preparación porque, según ella, a la mayoría de jóvenes  no les gustaba. Fue entonces cuando decidió reemplazar el hígado, poniendo en su lugar, cuero de cerdo; luego le añadió salsa de maní sazonada con una receta especial y después de algún tiempo, le puso rodajas de queso ya que a sus hijos y esposo les fascinaba. Así nació el plato tradicional que hoy es degustado por las decenas de clientes que acuden a diario hasta su local ubicado a un costado de la carretera Panamericana en Mocha.

Iocelina cumplió con exactitud el rol de madre, mujer, esposa y ejemplo, que pese a que le faltaba tiempo para ejercer su trabajo como comerciante de comida, no descuidaba de sus hijos y familia.

Confiada en su receta, con lágrimas en los ojos narró que salía a vender sus productos en el sector La Merced de Mocha, en aquel entonces, porque descendía de una familia muy humilde. Pero luego de notar la aceptación de la gente hacia su comida, decidió probar suerte subiéndose al ferrocarril para ofrecer sus alimentos.

Cada día mediante un pequeño recorrido, hasta llegar a la estación del sector de la Urbina, ofrecía las papas con cuero y queso y casi siempre descendía del ferrocarril con las canastas vacías a eso de las 14:00 en la tarde.

Todos los días cumplía la misma rutina, levantándose a las 04:00 para preparar los alimentos para la venta, y a eso de las 08:30 salir a comercializarlos.

Y luego de la jornada de trabajo, le dedicaba tiempo a sus hijos,  para tras un ligero descanso volver a   pelar cuyes, conejos,  papas e ir al  mercado para encontrar los insumos necesarios para sus platos.

A temprana edad, fue madre de nueve hijos, y con ayuda de su esposo logró darles el estudio a cada uno de ellos trasformándolos en profesionales. Hoy por hoy, cinco de sus hijos se dedican también al negocio de su madre para retribuir  con creces el esfuerzo de esta gran mujer, que les sirve como ejemplo de sacrificio y entrega cada día. Los otro cuatro residen en Quito.

Como ella, millones de mujeres a nivel mundial han situado un grano de arena en la historia y solo  hace 36 años que esas acciones fueron reconocidas con la declaración de las  Asamblea Nacional de las Naciones Unidas  al 8 de marzo como el Día Internacional de los Derechos de la Mujer y la Paz Internacional.

José Chango, sociólogo, dijo, refiriéndose a la mujer, que es un elemento importante en el avance de la sociedad, que con su carácter ha dirigido a sus descendientes por el camino del bien, es decir “que ha cumplido su trabajo con creces”, destacó,  cumpliendo el rol de madre y de rectora del hogar, al ser la impulsora de valores y respeto.

Sostuvo que como líder, la mujer ocupa puestos de poder político, socio y cultural; y  que, más que eso, con su espíritu de lucha inquebrantable, de altruismo, de sabiduría y de trabajo, ha sobresalido en cualquiera de sus manifestaciones.

Manuel Pazmiño, dirigente artesano, destacó la belleza física y espiritual de la mujer ambateña y ecuatoriana, que ha sido reconocida dentro y fuera de esta tierra, con la cual se podría hacer una retrospección de su intelectualidad, debido al emprendimiento de grandes proyectos sociales, culturales y económicos.

“Sin la mujer, no tuviéramos la mitad de la vida”, recalcó, porque ha palpado la participación de las mujeres en la sociedad.

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