La titular de la Agencia de Control no teme imponer la ley en la capital

Liderar la Agencia de Control requiere fuerza, carácter y conocer las leyes, características que no dependen del género.
07 de marzo de 2020 00:00

Su cálida sonrisa contrasta con la fuerza de carácter y determinación con la que realiza su trabajo.

Estefanía Grunauer es la actual supervisora de la Agencia Metropolitana de Control (AMC).

Se graduó como abogada en la Universidad San Francisco de Quito, con una subespecialización en Relaciones Internacionales. Tiene además una maestría en Derecho Procesal por la Universidad Andina Simón Bolívar.

Dialogamos con esta profesional y madre de 35 años respecto a su trabajo y responsabilidades.

¿Cuál es el mayor reto que enfrenta en su cargo?

Todavía es difícil para muchas personas reconocer a una mujer como figura de autoridad.

La Agencia Metropolitana de Control (AMC) tiene alrededor de 38 competencias y somos el único ente sancionador.

Siempre trabajamos con la Policía Nacional, militares, Policía Metropolitana,  instituciones lideradas por hombres.

Sí ha sido un poco complicado, porque además de mujer, te ven joven y por ello te consideran débil.

Y lo cierto es que todos (hombres o mujeres) en un trabajo así estamos expuestos a que te golpeen, que te acuchillen, a que te lancen cosas, te insulten, te digan que vas a sancionar para “redondear el sueldo”.

El cargo, como tal, es complejo.

¿Cuál es la mayor diferencia entre este trabajo y otros que ha desempeñado?

He tenido varios cargos anteriores, claro que sin tanta exposición al público. Por ejemplo, fui asesora en la Corte Nacional, en la sala de lo penal, penal militar y penal policial por dos años. También fui asesora en la Asamblea Nacional, en ese tiempo trabajé en el Código Integral Penal.

Esos puestos no son tan operativos como mi cargo actual.

¿Ha podido notar diferencias en el comportamiento de las personas frente a un supervisor hombre y usted?

Quince días antes de posesionarme en el cargo, yo estaba en la agencia recopilando información porque ya tenía conocimiento de la responsabilidad que me sería encargada.

Acudí a ciertos operativos con el anterior supervisor, pero él manejaba las cosas de forma diferente.

Yo siempre les recalco que en ese momento no se puede negociar, que estoy cumpliendo con la ley y que hay otros momentos e instancias para defenderse.

Eso además les inculco a mis funcionarios, ya que considero que con ello se cierra la posibilidad de recibir coimas.

La ley es para todos y todos tenemos que cumplirla.

Dentro de esta administración municipal, ¿siente que se trabaja para mejorar la equidad de género en cargos y/o salarios?

Sí. Por ejemplo, tenemos a las administradoras zonales, todas son mujeres.

Creo que el Alcalde está bastante consciente de que las mujeres podemos ocupar este tipo de cargos.

Tenemos la inteligencia, las ganas de trabajar y la capacidad de no solo organizar, sino también ejecutar. Él (Alcalde) está buscando gente preparada, que pueda estar al nivel de los cargos porque en general, todos tienen sus grados de dificultad.

Yo, por ejemplo, casi no duermo porque tengo que estar atenta a los operativos, sean en el día o en la noche.

¿En el tiempo que lleva en el cargo, se ha sentido respaldada por su equipo de trabajo?

Sí, definitivamente. Creo que lo más importante dentro de una institución es la gente, sus funcionarios. Sin ellos yo no podría hacer nada. En la Agencia, más del 50% del personal son mujeres, son madres y salen a las calles a cumplir con su trabajo.

Realmente para mí la agencia es bastante especial, trato de dejar una huella, desde la gente que trabaja conmigo hasta la gente que está fuera.

¿Ha recibido amenazas?

Sí. Estamos amenazados de muerte algunos de nosotros.
Hay gente que realiza ventas ambulantes por necesidad, pero en ocasiones detrás de estas personas hay mafias, trata de personas, extorsión.

No podemos quedarnos sin actuar por temor a represalias, claro, esto no significa exponerse. Debemos tener lógica y sentido común para trabajar.

Respecto a los peligros propios de su trabajo, ¿qué dice su familia?

Creo que hay un ser superior a mí que me cuida y me protege. Antes de salir a un operativo, en especial a los que se ven peligrosos, me persigno, beso a mis dos hijas -como si fuera la última vez que voy a verlas- y salgo. Y cuando regreso, les abrazo y digo “seguimos juntas”.

Lo que deba pasar, pasará, pero obviamente hay que cuidarse.

¿Ha sido víctima de acoso dentro de su espacio de trabajo?

No, nunca me han visto con malicia o irrespeto, porque yo creo que el acoso está ligado al irrespeto, al que sientas que transgreden tu intimidad.

Sé que existe y que, porque no me haya pasado a mí, no significa que no pasa. Es algo en lo que también trabajamos en la AMC, con el envío interno de material contra la violencia, sea a mujeres o a hombres.

Personalmente, para usted, ¿a qué debe apuntar la lucha feminista?

Terminar con la desigualdad, algo que todavía existe en el Ecuador.

Considero que hombres, mujeres, niños, adultos mayores, tenemos los mismos derechos y las mismas obligaciones.

Creo que tenemos que luchar y, más que nada, dar el ejemplo. Quienes ya pudimos llegar a puestos importantes, debemos demostrar con trabajo la capacidad que tenemos las mujeres para manejar el espacio laboral y el hogar. (I)

Quiero que todos los ciudadanos queramos a Quito, Apropiarnos de la ciudad y ser parte de un cambio
Jhon Guevara/ Telegrafo
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