El verano en Quito empezó. Y, por ello, de a poco el viento y el sol se vuelven parte de lo cotidiano de la ciudad. Sombrillas, gorras y protectores solares se convierten en las herramientas indispensables para los quiteños. Las ventas de estos productos también crecen.
El cielo ilumina la ciudad y por ello los turistas aprovechan para tomar varias fotografías. Van a lugares como El Panecillo e Itchimbía, en donde se puede observar toda la urbe, así como una capa de humo negro que se posa en medio de las casas de techos multicolores. Carmen Vallejo es moradora de Carcelén. A diario se dirige a su trabajo en el centro de la ciudad. Comenta que mientras circula en su auto por la avenida Galo Plaza Lasso, en el horizonte ve una nube plomiza, que es visible hasta antes del mediodía. “Es la contaminación”, dice.
A pesar de esta apreciación ciudadana, la Secretaría de Ambiente del Municipio considera que la contaminación se redujo y que se mantiene regulada la calidad del aire. La institución asegura que los niveles de contaminación son tolerables (color blanco), es decir no tienen altos índices de monóxido de carbono. Las partículas de monóxido de carbono en la sangre se habrían reducido. En el 2000 llegaban a 93%, ahora se sitúan en un 3%.
Para conocer la calidad del aire se miden los valores de concentración de gases, los cuales son evaluados en microgramos cúbicos a un color y un número. El blanco es un valor óptimo. Este color indica que está a menos del 75% de los valores, el verde es aceptable (50%) y el gris es el límite de la norma o superior a ella. Quito se mantiene siempre entre los colores blanco y verde. “Esto se debe a que en la ciudad existen controles, como la revisión técnica vehicular, y el pico y placa. Otra buena noticia para el aire de Quito es que con la política de mejora de la calidad de los combustibles desde 2005, bajó la concentración de dióxido de azufre y el monóxido de carbono”, indicó Valeria Díaz, coordinadora de la Unidad de Ambiente de la entidad.
La red de monitoreo del ambiente es una de las pocas instituciones que se dedican a esta misión en la región. Díaz manifestó que buscan permanentemente establecer un sistema de calidad del aire. Incluso la auditoría de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) de los EE.UU. señaló que la red de monitoreo del aire en Quito puede ser un ejemplo para los demás países de Latinoamérica.
Desde el 2008, los niveles de concentración bajaron de cuatro microgramos de metros cúbicos a dos microgramos, es decir existiría una disminución del 50% en lo que se refiere a polución.
Marianela Baquero es ingeniera ambiental. Afirma que todavía es necesario hacer más fuertes los controles en los autos y buses que circulan en la ciudad, pues no encuentra ningún cambio en la contaminación. Para ella, mantener la calidad del ambiente no es solo responsabilidad de las autoridades sino también de la comunidad.
En Quito existen seis puntos de alta contaminación, que son Cumbayá, La Marín, la Necochea, el sector de la Maternidad Isidro Ayora, la Basílica y el sector de El Triángulo, en el valle de Los Chillos. La Red de Monitoreo tiene 43 sistemas de regulación y control del ambiente.
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