El centro de Quito pierde 2% de sus vecinos cada año

- 08 de septiembre de 2018 - 00:00
Aunque se han preservado viviendas con una mezcla constructiva colonial y republicana, poca gente vive en estas.
Foto: Álvaro Pérez / El Telégrafo

Iglesias, conventos, plazas y viviendas patrimoniales aún se conservan en el Centro Histórico de la capital. Pero las autoridades tienen el reto de que no quede deshabitado.

A pesar de los años, de los desastres que la han sacudido y de los procesos históricos que ha vivido, el Centro Histórico de Quito (CHQ) es el mejor conservado y menos alterado de toda América Latina. En sus calles aún se pueden leer las memorias de la ciudad.      

Gracias a esta riqueza arquitectónica y cultural, hace 40 años la Unesco lo declaró como Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Desde ese reconocimiento, el 8 de septiembre de 1978, el CHQ se ha transformado. Nuevos museos, calles peatonalizadas, hoteles y restaurantes en viviendas restauradas se han inaugurado; muchas casas fueron rehabilitadas y cantidad de locales comerciales abrieron sus puertas.

La infraestructura patrimonial, aquella que muestra lo que fue la época colonial y republicana, sigue en pie en sus estrechas calles. Y aunque con la declaratoria de la Unesco se empezó a cuidar este tesoro cultural, cada vez tiene menos residentes.  

Según Angélica Arias, directora del Instituto Metropolitano de Patrimonio (IMP), cada año el centro pierde 2% de sus habitantes.

Fernando Carrión, profesor investigador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, asegura que desde principios de este siglo, el CHQ ha perdido el 41% de su población. Hoy viven 36.000 personas.

La extensión del CHQ es de unas 370 hectáreas (ha). Allí hay cerca de 5.000 predios inventariados que incluyen 99 edificaciones consideradas monumentales (iglesias).

El núcleo principal del centro, por el que Quito obtuvo la declaratoria, tiene un poco más de 70 ha. En el día hay actividades económicas y administrativas, en la noche queda deshabitado; poca gente vive ahí.

En este sitio se encuentran los principales templos y plazas, el Palacio de Carondelet, el Municipio de Quito, el Palacio Arzobispal, varias instituciones públicas, papelerías, restaurantes, hoteles, museos y negocios de todo tipo.

Según un estudio del Instituto de la Ciudad, el decrecimiento poblacional en el sitio se da por las transformaciones sociales, culturales, económicas y urbanísticas experimentadas por Quito durante la segunda mitad del siglo XX: la ciudad se expandió hacia el norte y el sur.  

Según ese estudio, en 2001 habían 60.316 habitantes, según datos del Censo Nacional de Población y Vivienda de aquel año; para el año 2010 disminuyó a 49.384 personas, con una reducción demográfica del 18,1%.

Hay una población flotante que no está medida. El centro se ha convertido en el punto de llegada de migrantes nacionales y extranjeros, que después de conseguir estabilidad económica se van a otros lugares de la ciudad.

Según Arias, los foráneos de las zonas rurales llegan a San Roque, La Victoria y San Diego, los extranjeros a la calle Guayaquil y Esmeraldas.

El núcleo central, los barrios González Suárez y La Merced, registran la densidad poblacional más baja de todo el CHQ, 46 habitantes por ha.

Según Viviana Figueroa, jefa de la unidad de Áreas Históricas de la Secretaría Metropolitana de Territorio, Hábitat y Vivienda, la configuración de zona residencial del centro está principalmente en los alrededores del núcleo principal. Barrios como San Sebastián, La Loma, San Marcos, La Tola y San Blas tienen los mayores conglomerados: 182 habitantes por ha.

Se hicieron viviendas para tratar de repoblar el sitio, pero no dieron resultado por lo caro del arriendo y compra.

Otro proyecto -menciona Arias- fue el de corazones de manzana en el que el Cabildo compraba una cuadra para hacer viviendas; tampoco funcionó. Los problemas privados de herederos sin resolver fue una de las causas.

En 2012 se creó el proyecto de Revitalización del CHQ, en el que se planeaba -entre varias opciones- que las embajadas estén ahí. Se expropiaron inmuebles, pero faltó presupuesto y se avanzó poco.

El barrio San Marcos es de los pocos que quedan, ahí aún se respiran aires de vecindad. En la calle Junín todavía hay zapateros, costureras y ebanistas.

“Mi barrio es tranquilo, la gente es alegre y unida. Es un lugar que ofrece mucho a los turistas; luchamos porque se conserve así. Somos la historia viva”, comenta Marlene Díaz, moradora.

En el núcleo central es distinto. Muchas casas son usadas como bodegas o están abandonadas, con menos gente el comercio creció. Arias asegura que, por ejemplo, la venta de prendas de vestir, calzado y artículos de cuero representa el 29% del comercio, restaurantes y temas culinarios el 16%.

“La gente es el alma de este sitio patrimonial; sin ellos -dice Arias- el espíritu del centro se va”. El reto es hacer que la gente vuelva a vivir en el lugar, en casas antiguas, pero cómodas. (I)

Perímetro
El núcleo del centro
El núcleo principal del centro va desde la calle Manabí al norte; la calle Morales, más conocida como La Ronda, al sur; la calle Imbabura al occidente y la calle Montúfar al oriente, incluida la zona del mercado Central y el de San Blas.

2 por ciento de los habitantes del Centro Histórico se va de este sitio cada año. Las autoridades buscan que la gente vuelva.

El CHQ pierde habitantes
El proyecto “Pon a punto tu casa” con el que se da incentivos a los propietarios para preservar su vivienda patrimonial ha sido uno de los más efectivos para que la gente no abandone el Centro Histórico. (I)

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