Pasión de Cristo se puede palpar en el Carmen Bajo

18 de marzo de 2012 - 00:00

En el monasterio de El Belén del Carmen Bajo, de las monjas carmelitas de Quito, se inauguró el pasado viernes la exposición “Imágenes de la Pasión de Cristo”. Esta muestra, que reúne pinturas y esculturas que evocan este pasaje de la historia sagrada, evidencia el talento artístico de los pobladores indígenas de la ciudad colonial.

En esta exhibición el sincretismo cultural se expresa por medio del arte sagrado, representado por el trabajo creativo que agrupa la Escuela Quiteña, que es uno de los conjuntos artísticos más importantes para comprender la historia del arte desarrollado en Europa y en América en la etapa colonial.

El visitante que va a la muestra en la primera sala recibe la bienvenida  con un  grabado del siglo XVII: la escena de la Última Cena. La pieza llegó desde Italia a Ecuador para servir de modelo a los artistas y artesanos locales que empezaban a reproducir las figuras sagradas y los episodios que el catolicismo español quería imponer en América.

Las demás piezas, de autores desconocidos, en su mayoría son obras artísticas de la Escuela Quiteña, que  pertenecen a los siglos XVII, XVIII y XIX. 

Una de ellas, el Cristo redentor, es atribuida a Manuel Chili (Caspicara), debido a ciertas características comunes con otras obras suyas claramente nombradas. 

No obstante, el resto de piezas en exhibición es creación de artistas del pueblo de la Real Audiencia de Quito, mestizos e indígenas, quienes trabajaban en los talleres dirigidos por el clero católico. El propósito de reproducir las figuras de vírgenes, cristos y santos -parte de la cultura religiosa española- tenía como intención fortalecer los procesos de evangelización que las órdenes religiosas emprendieron para reemplazar tradiciones y creencias precolombinas de los habitantes originarios.

En esa primera sala aparecen representaciones de San Alberto, Santa Teresa de Jesús, Santa María Magdalena de Pazzi, San Juan de la Cruz y tres imágenes de la Sagrada Familia, piezas que están  dispuestas en posturas elegidas por las 15 monjas enclaustradas en el convento.

Más adelante, en el espacio del coro alto del monasterio,  una pintura de gran formato que muestra el monte Carmelo, el convento Stella Maris y la Virgen del Carmen (o del Purgatorio) preside la segunda sala de exhibición. En ella aparecen las figuras de Santa Teresa de Ávila y San Juan de la Cruz, refundadores de la orden en el siglo XVI, junto a otra de Santa Teresa del Niño Jesús.

En una siguiente sala, dedicada a la Virgen Dolorosa, cinco pinturas reflejan varias advocaciones de María, entre las cuales sobresale una bella representación del siglo XVII de Nuestra Señora de la Soledad.

También siete cristos del siglo XVIII -con solo uno que  muestra su agonía- se exponen en el siguiente habitáculo. Su rostro afectado, con la cabeza levantada, delata el momento doloroso, aún con vida.

Quizás la selección más importante sea la que se exhibe en la sala Ecce Homo, donde se pueden apreciar 10 representaciones de Cristo, en pintura y escultura. Destaca la figura escultórica del Señor de la Asistencia, pieza con ojos de vidrio y cabello natural.

Las salas correspondientes al Calvario, al Santo Sepulcro y a la Resurrección de Cristo completan la muestra.

Personal del Municipio capitalino se encarga de  guiar a los grupos de visitantes, quienes pueden acudir a la exhibición hasta el próximo 31 de marzo, de 08:30 a 12:00 y de 14:30 a 16:30. El valor de la entrada es de dos dólares por persona.

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