Pablo Caiza heredó de su abuelo el gusto por los coches de madera

- 07 de diciembre de 2019 - 00:00
En esta edición, los organizadores tomaron todas las precauciones de seguridad debidas, entre ellas carros del mismo tipo y protección corporal.
Foto: Fernada Vera / El Telégrafo

Quito celebró el viernes 6 de diciembre de 2019 485 años de fundación española. Una de las tradiciones más destacadas de sus fiestas es la competencia de pichirilos. En los distintos barrios hubo desfiles y comparsas.

Desde el inicio parecía que la lluvia complicaría la competencia que se inició a las 12 del mediodía, en la cuesta de la calle Manuela Cañizares, del barrio San Luis de Chillogallo, en el sur de Quito. El frío y la lluvia suave y breve no ahuyentaron al público ni a los competidores.

En grupos de entre cuatro y seis personas las carreras previas dejaron a los ocho finalistas que, cerca de las 14:00, participaron de la última carrera de coches de madera de las fiestas de Quito 2019.

A pocos metros de la meta uno de los conductores -el más joven- chocó. Rápidamente regresó a su vehículo sin siquiera sacudirse el traje. No había tiempo. El tramo que se recorre es muy corto para detenerse. Retomó la carrera y con velocidad y destreza se impuso al resto de competidores.

cochesLa competencia de coches de madera no conoce problemas de género, en la línea de partida de la carrera final estuvo presente una mujer. Foto: Fernada Vera / El Telégrafo

Con una gran sonrisa se subió a la moto de uno de los agentes de tránsito que vigilaban el evento y con su brazo arriba en signo triunfal, regresó al punto de inicio de la carrera. Pablo Caiza levantó la copa del primer lugar, se llevó los premios y el aplauso de quienes presenciaron su triunfo.

Mauricio Larrea gerente comercial de la EMOV comentó que en esta ocasión para mantener la seguridad de los pilotos se tomaron medidas como exigir la debida protección de sus cuerpos, además de prevenciones para el público, así como homologar los coches que se utilizaron, de esta forma todos los competidores manejarían vehículos con características similares lo que permitiría que el ganador se defina por su destreza y capacidad, afirmó.

De los casi 200 corredores, este 2019 no se reportaron incidentes graves, “ni una fractura”, puntualizó Larrea.

Para Pablo, este es su segundo trofeo en una trayectoria que se remonta a su abuelo. Algo golpeado por su caída en la última carrera aseguró que el próximo año 2020 volverá a competir. “Nos gusta la adrenalina” concluyó antes de ir a abrazar a su madre que lo esperaba orgullosa. (I)

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