Los Vecinos se esfuerzan por tener jardines silvestres en sus sectores

Los barrios convierten las quebradas en áreas verdes

- 29 de julio de 2017 - 00:00
Los vecinos del barrio Ana María quieren colocar una tienda comunitaria para vender la producción del huerto.
Foto: Álvaro Pérez / EL TELÉGRAFO

El trabajo en equipo de los moradores cambia la imagen de esos sitios, que funcionaban como botaderos de basura.

Botaderos de basura y zonas inseguras a las que es mejor no acercarse son las ideas más comunes que tienen los capitalinos con respecto a las quebradas. Y es que muchos de estos cauces del Distrito Metropolitano de Quito (DMQ) están abandonados y descuidados. De ahí que la costumbre era rellenarlos.

Pese a la mala apariencia de estos accidentes geográficos, los vecinos de algunas zonas se han organizado para cambiar la imagen de las quebradas de sus barrios y traerlas nuevamente a la vida.

Desde hace 17 años, los moradores de la cooperativa Alianza Solidaria, en Quitumbe, trabajan para recuperar y conservar el estado natural de la quebrada Ortega, que colinda con sus hogares.

En aquellos años, muchas viviendas estaban en construcción y aunque sabían que había cerca una quebrada, no se desanimaron sino que más bien vieron una oportunidad para vivir junto a un espacio natural. Algunos socios se retiraron del proyecto, otros empezaron a trabajar en construir un buen entorno para vivir y recrearse.

A la par de la construcción de las casas, todos los domingos durante 8 años, se organizaron mingas comunitarias. Los futuros moradores del lugar se reunían para limpiar la quebrada.

Primero hicieron los caminos, que hoy son ciclovías. Así mismo, construyeron un sendero ecológico, playas, parques y chozones, y han sembrado más de 10 mil árboles.   
Además, la comunidad ha trabajado en el proceso de conservación de la vegetación, pues en la quebrada hay plantas nativas, patrimoniales, endémicas, ornamentales y comestibles, entre otras.

“Nosotros cuidamos la naturaleza como lo que es: un tesoro”, dice Sandra López, dirigente de la cooperativa, quien agrega que se recuperaron 12 hectáreas (ha) de la quebrada.

“Terminamos viviendo en un paraíso; ahora la quebrada es un parque ecológico”.

Sumado a esto, la zona dejó de ser insegura. Esto se debe también a que el barrio trabaja de forma conjunta y organizada para cuidar el sector e incluso cuenta con una alarma comunitaria.

A diferencia de otras quebradas que están en proceso de recuperación, los moradores de Quitumbe no recibieron ayuda de ninguna autoridad y todo se hizo gracias a la organización de los vecinos y a su apropiación del espacio.

Sin embargo, los moradores hacen un llamado al Cabildo para que les ayude con personal que apoye en el cuidado de la zona.

Pese a los años, los vecinos no dejan de trabajar en conjunto. Al momento se están organizando para implementar huertos urbanos en la quebrada. “Fue fuerte y difícil recuperar este espacio. Sacamos alrededor de 10 toneladas de basura”, dice López.

Con este ejemplo, la Secretaría de Ambiente de Quito inició el programa de recuperación de quebradas, bajo la motivación de su riqueza biológica. La meta es convertirlas en jardines de vida silvestre.

La Secretaría llegó con este proyecto hasta la quebrada Habas Corral, ubicada entre los barrios Pulida y Ana María (noroccidente).

Con el apoyo de esa entidad, a través de Novum Consultores, la comunidad se organizó desde noviembre del año pasado para limpiar la quebrada y hacer un huerto urbano.

Al momento, tienen sembrados apio, col morada, brócoli, lechuga y más, en un predio de 2.250 metros que les otorgó la Administración Municipal Eugenio Espejo.  

Según Marcelo Chasi, morador por más de 40 años, el esfuerzo de los vecinos ha sido grande. Todos los sábados hacen mingas y en la semana se turnan para cuidar los sembríos.

Pero el proyecto de la comunidad va más allá. Buscan desarrollar turismo comunitario aprovechando la belleza natural de la quebrada, pues cuenta con cascadas y bosque.

Jorge Hernández, presidente del barrio Ana María, dice que un objetivo es que los jóvenes se apropien de la quebrada para que hereden el trabajo de cuidarla. (I)

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