Cumbayá tiene una deuda con su patrimonio arquitectónico

22 de junio de 2013 - 00:00

Entre quebradas, lomas y lujosas casas se levanta Cumbayá. Esta es una de las 33 parroquias del Distrito Metropolitano y se caracteriza por su arquitectura moderna y porque, en tan solo  una década y media, se ha convertido en una de las zonas  más comerciales de la capital.

Fue en los años noventa cuando las familias acaudaladas de la capital identificaron a este lugar como el más idóneo para vivir. Daniela Andrade vive en el sector de Lumbisí desde hace tres años y comenta que escogió este sitio como su hogar no solo por el clima templado, sino porque aquí encuentra todo lo que necesita. “Ahora, ya no es necesario salir a Quito. Inclusive encuentras cosas que en la ciudad no hay”, destacó.

Junio es la época en la que esta parroquia celebra sus 443 años de fundación. Al principio fue una parroquia rural pero,  poco a poco, fue poblada por hacendados. En los registros de la Junta Parroquial, se dice que sus primeros habitantes fueron los Yumbos, quienes le dieron el nombre a la localidad.

“En 1825 Simón Bolívar ordenó realizar el primer censo poblacional. Quito constaba con 141.444 habitantes y la parroquia de Cumbayá, con apenas 728. Para entonces el sitio ya estaba conformado como una parroquia”, señala el estudio realizado por Diego Donoso, estudiante de Arquitectura de la Universidad San Francisco.

La plaza central de la parroquia se descubre entre árboles de pino y palmeras, algunos niños juegan alrededor de la pileta, mientras varias mujeres entran a la iglesia, que data del siglo XVI; luego de una reverencia, toman asiento  y sus rezos se van desperdigando entre los rosarios que cuelgan de sus manos.

Afuera, el ruido sigue. Antes del mediodía, los locales comerciales, especialmente restaurantes de gastronomía española, italiana y mexicana, abren sus puertas. En el centro de Cumbayá viven pocas familias, por lo que es un sector netamente comercial y gastronómico.

Pero ahí, parado en la puerta de su papelería, se encuentra Segundo Garzón, de 82 años. Él nació en el lugar y ve, ya acostumbrado, los cambios que ha tenido su querida parroquia. Sus ojos castaños miran a la calle y una sonrisa se esboza en su boca cuando observa a los infantes pasar por su vereda. Esos mismos ojos se llenan de nostalgia cuando recuerda que de niño, él era un trabajador de la desaparecida Hacienda Grande. “Todas las familias, en esa época, los años 40 más o menos, dependíamos de la agricultura, teníamos una gran producción de granos y hortalizas. A Cumbayá le llamaban el granero de Quito”, manifestó.    

Mientras se deshilaba su memoria, don Segundo contó que para que la parroquia obtenga recursos básicos, los vecinos se unieron y lucharon hasta conseguir los servicios de agua y  luz.

Al medio día, los restaurantes, con salones suntuosos, acogen a los primeros clientes. Cumbayá, a pesar de ser una parroquia de cuatro siglos, cuenta en su casco colonial con apenas ocho manzanas y  el Instituto de Patrimonio ha hecho lo posible por recuperar las casas más antiguas del sector. Son cinco las viviendas  consideradas como  patrimonio, entre ellas las de la  familia Garzón y la iglesia Central.  

“El referente de nuestra parroquia no son los centros comerciales, es el casco histórico y los 12 barrios que tenemos, pues uno de los trabajos de la Junta Parroquial se dirige en ese sentido: preservar al barrio  frente a las construcciones inmobiliarias”, mencionó Gustavo Valdez, presidente de la Junta.

Simón Bolívar ordenó realizar un censo poblacional en 1825 y se determinó que ahí vivían 728 personasEl comercio fue un factor determinante para que los parroquianos derrumbaran muchas de las casas patrimoniales, pues alzaron grandes construcciones con modernos locales de venta. Ahora, la Junta y el Municipio cuidan de las pocas viviendas que sobreviven e insisten en que las nuevas construcciones mantengan  el estilo colonial que se añora en el centro del lugar.

A partir de la década de los noventa Cumbayá cambió, especialmente en el área urbana, y empezaron a proliferar los centros comerciales y las urbanizaciones. “Las haciendas se fraccionaron y dieron paso a las urbanizaciones. Por ejemplo, en el tema inmobiliario, Cumbayá  tiene la plusvalía  más alta  de Latinoamérica y es comparada con la plusvalía de Valparaíso, en Chile”, comentó Guillermo Ruíz, coordinador de Territorio de la Administración Zonal.

El ferrocarril llegó a la parroquia en 1927 y la estación ya fue restaurada, pero no es más que una bodega de vidrios. La Junta Parroquial está intentando recuperar el lugar y hacerlo un centro cultural.

Cumbayá se mueve a un ritmo capitalino. Bares, restaurantes y centros comerciales, entre otros, son la puerta al valle. Mientras tanto, junto a la iglesia y cubierta con un pequeña sombrilla, al lado de un carruaje lleno de colores y golosinas, se encuentra María Teresa Cialín, quien llegó a este lugar cuando tenía 14 años. Es oriunda de Loja y vive aquí hace 50 años.

María actualmente vende golosinas y juguetes cerca de la escuela Carlos Aguilar y comenta que añora el Cumbayá de su adolescencia, pero prefiere el actual porque cuenta con todos los servicios. “Estamos bien, tenemos buses a toda hora. Imagínese, antes con burros o caballos teníamos que ir a Quito”, comentó.

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