Comercios formales e informales rodean a la matriz del IESS

20 de enero de 2012 00:00

Las ventas de ropa, discos piratas, frutas, accesorios para celulares, cremas, cuadros, repuestos de artefactos eléctricos, zapatos, ollas y un sinfín de productos abundan en los alrededores de la matriz del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS), ubicada en la Av. 10 de Agosto y Salinas, al norte de la ciudad.

Este es uno de los sitios de masiva  concurrencia que tiene la capital, debido a la gran cantidad de gente que acude al lugar para realizar diversos trámites en el instituto y también en el Servicio de Rentas Internas, que se encuentra a una cuadra de distancia.

Es común observar en la  acera de la avenida 10 de Agosto, a la altura del inmueble conocido como Caja del Seguro, todo tipo de  ofertas, pese a que en enero de 2007 se reubicó a 48 vendedores ambulantes en  locales ubicados al interior del pasaje Caracas.

El paseo comercial tiene una extensión de 1.100 metros y su adecuación le costó al Municipio 150.000  dólares. Cada uno de los vendedores cancelaron 3.000 dólares  por el local. Además,  pagan por el consumo de luz, agua, seguridad,  mantenimiento y un impuesto municipal anual.

Los informales, en  un número aproximado a  80, no pagan nada, circulan por los alrededores con sus productos y perjudican a los formales.

Jaime Garzón tiene diez  años vendiendo en un local de la zona. Afirma que la gente ya conoce la variedad de productos que se  ofertan y es por eso que llegan.

Pero no todos cuentan con la misma suerte. Por ejemplo, un vendedor de sombreros que se ubica en la Caja del Seguro, frente al parque El Ejido, cuenta que ayer le   fue arrebatada su mercadería. “Aparecen de la nada (los metropolitanos) y se llevan las cosas. Yo me pregunto, ¿si me dedico a robar voy a estar más seguro?”, cuestiona el hombre que prefiere guardar su identidad.

De las ventas informales, el  80%  se realiza caminando por los alrededores, ya que los policías municipales se encargan de cuidar que los comerciantes  no se queden en un mismo sitio. 

Pablo Chuquicóndor, policía municipal,  afirma que los controles de ventas ambulantes se intensifican y los recorridos se  hacen todo el día  en las calles aledañas. “Pero hay gran cantidad de vendedores ambulantes y, cuando se logra limpiar una calle,  se trasladan o otro sitios de la misma zona”, asegura.

Frank Quipuzco llegó desde el Perú hace  5  años y junto a su tío venden cepillos de acero para limpiar ollas. El negocio es familiar y con eso se mantienen dos hogares.

Los controles que realizan los metropolitanos para evitar la informalidad no los ahuyenta. Una de esas vendedoras es Carmen Lema, quien oferta pinzas, plantillas y tobilleras, frente a la puerta principal del IESS. “La venta diaria nos ayuda para la comida y para los pasajes, de eso se sobrevive”, señala.

Según el último censo que realizó el  Municipio de Quito, desde noviembre de 2010 hasta septiembre de 2011 se determinó el número de comerciantes autónomos que hay en la ciudad. Este estudio arrojó un universo de 5.643 personas censadas. De esta cifra, más del 60% es de mujeres y madres de familia. Hay 1.093 menores de 18 años.  El Cabildo ofrece talleres para formalizar el trabajo de ese sector.

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