Declaratoria anima a los artesanos del mazapán en Calderón

- 22 de mayo de 2018 - 13:00
Los artesanos laboran figuras bajo pedido, en la asociación ubicada en Calderón.
Foto: Miguel Jiménez / EL TELÉGRAFO

Las yemas de los dedos de Elena Oyatata (45 años) se mueven sin parar. Sentada en el taller de la Unión Artesanal de Productores de mazapán de Calderón, amolda una masa café que con dos dobleces la convierte en un burro; 30 segundos después arma una vaquita. Y así se puede ir la mañana creando figuras de todos los tamaños y colores.

Hace 20 años, Elena se unió a esta asociación conformada por 15 artesanos. El organismo se creó en 1990 con la finalidad de promover esta orfebrería como una actividad formal que impulse la economía de la parroquia de Calderón (Pichincha), al norte de Quito.

Su esposo, José Carvajal, le enseñó este artífice que se convirtió en el sustento de su hogar. Aunque "ha sido una labor difícil, especialmente desde que se implementó la dolarización, hace 18 años", comentan.

Aún así, los creadores no pierden su templanza y esperan que con el tiempo los ecuatorianos y los visitantes extranjeros retomen la importancia de las figuras.

El panorama empezó a cambiar y su espíritu se fortaleció de nuevo el jueves 17 de mayo, cuando la Asamblea Nacional aprobó a la elaboración del mazapán como Patrimonio Cultural Intangible del Ecuador.

Con esto, las autoridades del sector se comprometen a crear mecanismos de promoción desde el campo de la Cultura y del Turismo.

La disposición mantiene atentos a los artesanos, porque reconocen que desde hace 20 años ha bajado la demanda de las figuras tradicionales, especialmente de las muñecas que evocan el Día de los Difuntos.

Así lo percibe Vicenta Luncango (62 años), una de las fundadoras de la Asociación. La mujer recuerda que acababa de cumplir 13 años cuando se inició en ese menester.

Ella era empleada doméstica y aprendió este arte de su 'patrona' quien armaba las piezas con gran pasión. La artista recuerda que cuando quiso ayudar, lo primero que aprendió fue a formar las patitas de unas llamas y tortugas. Casi 50 años después, Vicenta crea en "un abrir y cerrar de ojos" muñecas de entre 15 cm y 30 cm con onduladas cabelleras, adornadas de coquetos sombreros y frondosas faldas en coloridos tonos.

Pero los tiempos son otros, comenta la artesana. Ahora, las empresas, las familias hacen pedidos al por mayor para recuerdos por bautizos, matrimonios, primeras comuniones... "Ya no les interesa promover la cultura", se lamenta.

Consuelo Carvajal (64 años) también es una de las primeras integrantes de la Asociación. Ella se preocupa de que se pierda esta labor.

La mujer desarrolló su destreza motriz a los 12 años, de la mano de su madre, Luz María Tufiño, quien a su vez aprendió este arte de su abuela Rosa González. Ahora, Consuelo dejó el legado a tres de sus siete hijos.

"Quiero que mis nietos continúen la tradición y en eso estamos", expresa.

Su organización, ubicada en la calle Carapungo junto al Coliseo de Calderón, se pierde entre los puestos de comerciantes informales. Apenas y se puede ver el ingreso del establecimiento que cuenta con 26 locales, un taller de demostración y otros ambientes.

A los artesanos les duele ver que la labor se esfuma, especialmente porque forma parte de la identidad ecuatoriana. Ellos recuerdan con orgullo que estas piezas han formado parte de regalos para personajes de la talla del expresidente de Estados Unidos, John F. Kennedy y el papa Juan Pablo II.

Carlos Calderón, representante de la Asociación de Artesanos de Mazapán, reconoció que el crecimiento de la población, el incremento del comercio y del tráfico fueron factores para que disminuya la demanda.

No obstante, tras la declaratoria del Legislativo, se establecieron algunas actividades como hoja de ruta. Una de ellas, es que el Ministerio de Turismo establezca una visita obligatoria a la Asociación, para que los visitantes nacionales y extranjeros conozcan de este espacio.

"Vamos a apropiarnos de nuestra cultura y seguiremos en esta labor", concluye Elena, quien sigue creado más figuras y toma otro fragmento de masa que lo transforma en una rosa. (I)

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