Salarios sin que haya distinción de género

- 08 de marzo de 2019 - 00:00

Cada tres meses el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) publica la situación del mercado laboral en Ecuador, en los medios de comunicación las noticias giran en torno a lo que ocurre con el empleo adecuado, el desempleo y el subempleo, principalmente. Poco espacio se concede a abordar la brecha salarial entre hombres y mujeres.

Muchas pueden ser las justificaciones para esa omisión, pero lo cierto es que esa realidad persiste y merece mayor atención, especialmente hoy que se conmemora -no celebra- el Día Internacional de la Mujer.

La fecha se instauró en homenaje a las mujeres que a inicios del siglo XX reclamaron condiciones laborales dignas y fueron asesinadas por hacerlo.

Aunque las mujeres hemos ganado importantes espacios con el paso de los años -a pulso de presión y resistencia-, las diferencias con los hombres no terminan.

En Ecuador, según el INEC, el ingreso laboral promedio de un hombre con empleo es de $ 357,5, mientras que para una mujer con empleo es de $ 293,6. Entre ambas cifras existe una diferencia de $ 63,9, a favor de los hombres.

El Informe Mundial sobre Salarios 2018/2019, elaborado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), revela que “las mujeres todavía ganan 20% menos que los hombres”.

En muchos países las mujeres tienen un nivel de educación superior al de hombres que ostentan el mismo cargo, pero cobran salarios más bajos que ellos. A nivel mundial, ellas ocupan menos del 35% de cargos gerenciales.

En esa línea, un estudio publicado a finales de 2018 por el Foro Económico Mundial estima que la brecha global de género demorará alrededor de 200 años en cerrarse. Ese tiempo tomaría para que las mujeres logren un verdadero empoderamiento económico.

Islandia es el país pionero en aprobar una ley que obliga a las empresas a pagar lo mismo indistintamente del género.

La iniciativa es atractiva y prometedora. Sin embargo, la equidad salarial -y social- no se logrará solo con imposiciones legales sino terminando con los roles tradicionales de hombres y mujeres.

No se trata de exigir un privilegio, se trata de vernos como iguales. Se trata de sentido común. (O)  

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