Francisco de Miranda y el internacionalismo

- 18 de julio de 2016 - 00:00

El 14 de julio de 2016 se conmemoró el bicentenario de la muerte del precursor de las independencias latinoamericanas, Francisco de Miranda. Su experiencia libertaria no conoció fronteras. Nacido en Caracas, muy joven se alistó en el ejército español, del que se separó para enrumbarse a EE.UU. donde apoyó al bando que logró la Independencia de ese país. Más tarde, su vocación de libertad lo llevó a luchar en la Revolución francesa, por lo que su nombre está inscrito en el Arco de Triunfo de París.

Las amplias conexiones mundiales del prestigio político, diplomático y militar de Miranda, le permitieron organizar una expedición libertadora en las costas del Caribe venezolano en 1806. Junto a un contingente de 200 hombres del norte (norteamericanos e ingleses), 18 cañones y una imprenta, intentó llegar a Ocumare de la Costa (hoy estado Aragua) para prender la llama de la revolución independentista de la América del Sur en Venezuela.

Delatado por el embajador de España ante EE.UU., su empresa libertaria de 1806 estuvo condenada al fracaso. La expedición mirandina fue perseguida activamente por la Armada Española, dos de sus embarcaciones fueron interceptadas y 58 compañeros cayeron apresados en Ocumare. Diez de ellos pagaron con su vida tal hazaña al ser sentenciados a la horca, en una cruenta jornada que buscaba aleccionar y detener a aquellos dispuestos a luchar contra el colonialismo.

La participación de estos norteamericanos y europeos que acompañaron la empresa de Miranda ha sido desvirtuada por la historiografía tradicional, como una aventura de simples mercenarios o piratas. Tal visión ignora, por completo, el fervor revolucionario, la empatía, la generosidad y el espíritu internacionalista de los ideales de la Revolución francesa que tan hondamente penetraron el alma de toda una generación de jóvenes de finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX.

Estos expedicionarios que resolvieron embarcarse en una apuesta de dignidad más allá de sus fronteras nacionales, estaban persuadidos de que la libertad, la igualdad y la fraternidad debían alumbrar a todos los hombres, a todos los pueblos. Al rememorar al iniciador de la primera Patria Grande, la “Colombeia” de Miranda, visualizada desde el Río Misisipi hasta el Cabo de Hornos, recordamos también a los valientes de otras latitudes que ofrendaron sus vidas por la primera emancipación de la América del Sur. Son ellos ejemplo cierto del internacionalismo y de la cada vez más apremiante necesidad de una solidaridad efectiva desde el Norte, estratégicamente orientada a condenar el intercambio desigual y a superar los obstáculos que las potencias hegemónicas han colocado para impedir la concreción de una segunda independencia y el desarrollo integral e independiente de los pueblos del Sur; estructuralmente constreñido por el dogma económico neoliberal, las guerras no convencionales y el intervencionismo. Vive en nosotros el Miranda que decía: “Jamás he creído que pueda construirse nada sólido en mí país si no se alcanza primero la Independencia”. (O)

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